MIGUEL HERNÁNDEZ, EL POETA CATÓLICO Y DE BUENA FAMILIA

‘MIGUEL HERNÁNDEZ. LA VERDAD DESNUDA’ ES EL LIBRO QUE EL INVESTIGADOR LUIS F. LEAL, CRONISTA OFICIAL DE CASASIMARRO (CUENCA), ACABA DE PUBLICAR. EN ÉL BUCEA CON DATOS Y ANÉCDOTAS EN LA VIDA DEL POETA DE ORIHUELA, Y SUBRAYA POR EJEMPLO LA EDUCACIÓN CATÓLICA QUE RECIBIÓ Y LA BUENA SITUACIÓN ECONÓMICA DE SU FAMILIA. AUNQUE CON LOS AÑOS SU PENSAMIENTO CAMBIARÍA

Foto de Miguel Hernández con alumnos de la escuela Ave María.

Foto de Miguel Hernández con alumnos de la escuela Ave María.

Aunque de Miguel Hernández (Orihuela, 1910–Alicante, 1942) a menudo se ha dicho que fue un poeta nacido en una familia humilde, y se ha destacado su condición de pastor, el escritor e investigador conquense Luis F. Leal tiene a punto de publicar un libro en el que defiende una tesis casi opuesta: la de que el autor de ‘Perito en lunas’ no fue en absoluto un niño pobre, ni falto de formación, ni poeta autodidacta. Y, aunque ejerció de pastor, en los aproximadamente cinco años que trabajó con las cabras su principal interés estaba en leer a autores como Virgilio o Fray Luis de León.

Luis F. Leal, tras sumergirse en más de 500 cartas que Hernández escribió a su mujer y otros familiares y amigos, concluye que la familia del poeta de Orihuela no era para nada humilde. Entre otras pruebas, apunta que con solo cuatro años entró en un colegio de pago (el de Nuestra Señora de Monserrate), al que posteriormente seguirían las Escuelas del Ave-María (en este caso no privadas) y el Colegio de Santo Domingo (regentado por los jesuitas y para la élite de la comarca de Orihuela, donde también estudiaron, entre otros, el escritor Gabriel Miró y Ramón Sijé).

Existe asimismo una foto de Miguel de niño ataviado “con camisa blanca y pajarita”, la cual acompaña este reportaje, y otra de su padre elegantemente vestido, con traje y chaleco.
A la buena situación de la familia de los Hernández a la que alude Leal contribuyó el buen funcionamiento de su negocio con el ganado.

El padre, Miguel Hernández Sánchez, era caporal de los ganaderos de la comarca de Orihuela y se dedicaba al negocio de compra-venta de ganado, enviando a su hermano Francisco Hernández Sánchez ‘Corro’, que vivía en Barcelona, vagones de ganado que este repartía por los mataderos de Barcelona y Zaragoza.

Contaban, de hecho, “con más de un centenar de cabezas de ganado, cantidad muy importante para la época, y con trabajadores contratados”, apunta este investigador que recientemente fue galardonado en Barcelona con la Medalla de Oro del Foro Europa 2001.

«Además de comprar y vender corderos y criar cabras y ovejas, tiene algunos operarios para el esquileo y otros para despellejar los animales que sacrifica para llevar a las carnicerías; también vende las pieles y sobre todo reparte por la ciudad la leche obtenida. Proporcionaba además caballos a la plaza de toros de Orihuela”.

Era un hombre que, incluso, tomaba café con los directores de banco, lo que «da idea del negocio que llevaba entre manos».

ABANDONO DE LOS ESTUDIOS

Si Miguel abandonó los estudios reglados con apenas quince años (pese a que estaba cursando bachillerato con extraordinarias calificaciones) fue porque su padre le obligó a trabajar en el campo una vez que murió su tío Francisco, aunque Leal señala que era su hermano, Vicente, quien llevaba el peso laboral, y que su actividad como pastor le dio a Miguel mucho tiempo para leer y formarse.

“Si no tuviera una buena formación, sus poemas no tendrían el buen vocabulario que tienen”, señala el investigador conquense.

JUVENTUD CATÓLICA

Otro aspecto que Leal destaca en un libro que llevará por nombre ‘Miguel Hernández. La verdad desnuda’ es el hecho de que el autor de ‘Nanas de la cebolla’ tuvo una infancia y juventud católica, ejerciendo de monaguillo y llegando a dedicarle tres sonetos a la virgen María, aunque empezó a cambiar cumplidos ya los veinte años, sobre todo a partir de 1931, cuando inició sus viajes a Madrid, y en especial de 1934, cuando entabló amistad con Vicente Aleixandre, Rafael Alberti y Pablo Neruda. También marcaría su cambio de ideas su ingreso en las Juventudes Socialistas de Orihuela, que presidió durante seis meses. Después se afilió al Partido Comunista, apadrinado por Alberti y María Teresa León. Ejerció de ‘Comisario de guerra’ y viajó a la URSS para tomar parte en el V Festival de Teatro Soviético.

«Si bien es verdad que Miguel se inicia, por influencia de Luis Almarcha, de los padres capuchinos Aurelio y Buenaventura, del jesuita padre Joaquín Vendrell, de Ramón Sijé y demás amigos de tertulia, en una formación y orientación clasicista, en el teatro sacro y en la poesía religiosa, no es menos verdad que, en Madrid, es dirigido, especialmente por Pablo Neruda y Vicente Aleixandre, hacia otras formas poéticas, apoyadas en una fuerte y pertinaz ideologización: se inclina hacia la poesía social, hacia la poesía política, hacia la poesía revolucionaria. Aflorará sin tapujos aquella solapada rebeldía que, de niño y adolescente, soportaba frente a su progenitor y que tan perniciosas consecuencias tuvieron en el poeta», apunta Leal en su libro.

Esta investigación también se adentra en la mala salud de Miguel Hernández: «Con apenas tres años, se cayó por la empinada escalera de su casa, en la calle de San Juan, y se fracturó una pierna que le dejó una pequeña cojera, como ocurriría con Federico García Lorca». Su muerte, el 28 de marzo de 1949, fue fruto de “fimia (absceso) pulmonar”, según el certificado de defunción firmado por el doctor José Mª Pérez Miralles.

NO RELACIÓN CON LORCA

Compuesto de doce capítulos, el libro de Leal ofrece muchísimos más datos sobre Miguel Hernández. Habla, por ejemplo, de su relación, o no relación, con Federico García Lorca. Asegura Leal que el poeta granadino llegó a no asistir a algunas fiestas de amigos poetas por estar Miguel Hernández. “Miguel buscó por todos los medios conseguir la amistad de Lorca, pero nunca lo consiguió, y eso fue una gran pesadilla para el poeta oriolano”.

UN POETA EXIGENTE

En su investigación, Luis F. Leal ha tenido acceso a unas curiosas notas que Miguel envía a su esposa Josefina Fenoll sobre la comida que ha de hacerle llegar a la prisión que reflejan tanto los gustos gastronómicos del poeta (le encantaban los huevos y el marisco) como una actitud exigente hacia su mujer.

“La comida de ayer me resultó un poco escasa. Si esos gambitos hubieran sido mariscos, me hubieran gustado más”, dice en una de ellas.

En otra nota insiste: “Josefina: Estoy harto de repetirte lo que tienes que mandarme. Lo que me mandas por tu cuenta, eso lo doy o lo tiro si se va a echar a perder. De modo que atente a mis normas. Desde hoy y hasta que yo te diga, manda huevos exclusivamente, y que su cantidad no baje de nueve. Mándalos en un cesto a propósito, que hoy de los tres ha llegado sano uno.”

En otra muestra su malestar: “Josefina, estoy enfadado contigo porque te estoy diciendo todos los días que no me mandes tanta magdalena y que me mandes por lo menos diez huevos.”

Entre otra enumera sus platos favoritos: “Entre los alimentos que prefiero están el pescado asado con limón, los mariscos, el atún magro, las habas, los escabeches. Ya sabes. No te pongas a mandarme una cosa y no la repitas hasta aborrecerla. De cosas dulces no te preocupes por ahora.”

Fuente: http://eldiadigital.es/

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