DESDE MI TORRE MUDÉJAR. LA CASA-ALBERGUE DEL PEREGRINO EN ARÉVALO (ÁVILA)

POR RICARDO GUERRA SANCHO, CRONISTA OFICIAL DE CIUDAD DE ARÉVALO (ÁVILA)

Casa-albergue en restauración. R.G.S.

Días de intensa actividad cultural cuando la primavera ya nos va regalando unos días agradables con alguna que otra tormenta que no dejan de estar ahí.

Y es que este pasado fin de semana hemos estado repletos de actividades lúdicas, culturales y religiosas.

Empecemos por estas últimas, a bodas y comuniones se junta la novena tan participativa de María Auxiliadora, la Virgen de los Salesianos, y en Arévalo tenemos una casa salesiana entrañable que empezó como seminario y hoy es un estupendo colegio, y que cada año celebra una preciosa fiesta mariana con sus alumnos y cuanta gente se siente vinculada a ella.

Precisamente mañana será la fiesta principal en la que la Auxiliadora visitará las calles colindantes con el colegio, con sus fieles devotos.

Pero también se están celebrando las III Jornadas de Naturaleza y Medio Ambiente denominadas “Airévalo” que organiza La Alhóndiga y la Galérida Ornitólogos Abulenses, y que la pasada jornada ha presentado los “Árboles singulares de Arévalo”.

Y la VI Muestra de Habaneras “Ciudad de Arévalo”, que ya es tradicional en las primaveras arevalenses y que agrupan a tres formaciones polifónicas, la de Arévalo que es la anfitriona y dos coros invitados por medio de esos intercambios musico-culturales, este año las corales de Grado, Asturias y Arbo, Galicia. Todo un clásico en los conciertos corales que enriquecen nuestro panorama musical con una música tan popular como bien acogida por un público fiel seguidor de la música polifónica. Y cómo sonaron…

Entre tanto, están muy avanzadas, casi finalizadas, las obras de acondicionamiento de la casa-albergue del peregrino una instalación necesaria que se echaba en falta por el constante aumento de peregrinos de la ruta del sureste, la que después de aglutinar todo el abanico de orígenes levantinos, desde Cartagena y Alicante hasta Valencia, sube desde Toledo por la Paramera hacia Ávila capital y hacia el norte con paradas de etapa en Gotarrendura y Arévalo, para salir a la vecina provincia de Valladolid a Medina del Campo.

Casualmente Arévalo es la etapa central de este itinerario, contando desde Alicante, justo la mitad de la distancia a la meta de Santiago de Compostela. Una de las muchas rutas que conducen al peregrino jacobeo, como dice el refrán, aunque algo cambiado, todos los caminos llegan a Santiago, aunque algunos rodean más que otros…

Era esta una aspiración y una demanda que sin duda facilitará el tránsito a los numerosos caminantes del camino, como requieren las circunstancias actuales de atención a un sector de visitantes que sin duda enriquecen el panorama religioso-cultural del camino de Santiago del sureste a su paso por nuestra ciudad. De hecho, ya hace algunos años que una asociación de amigos del camino de Alicante instaló unas sencillas pero vistosas señales indicadoras de esta ruta a su paso por Arévalo.

Y al final su instalación ha sido en una casona de la calle de Santa María, en la ruta histórica, que fue cedida al ayuntamiento y está siendo acondicionada una parte de ella, porque es muy grande, como lugar acogedor al final de una de las etapas de peregrinación. Sólo faltan unos pequeños toques para su puesta en marcha.

Y reseñar la sorpresa que esas obras nos ha deparado, partiendo de una puerta adintelada al quitar los modernos y feos revocos, se ha descubierto un magnífico arco de arquitectura popular mudéjar, uno de los pocos arcos estrellados que nos quedan, acaso alguno aún está por descubrir, muy característico de nuestra arquitectura mudéjar, que no todo son iglesias, murallas o puentes, esta es la arquitectura popular impregnada de mudejarismo, nuestras señas de identidad, nuestra arquitectura oculta y camuflada, la que habría que recuperar en toda su riqueza… pues en esa misma calle, acaba de aparecer otro gran arco, en este caso sencillo, pero que jalona nuestra calle de casonas y de nuestra arquitectura más característica… librémosla de aditamentos ajenos que ocultan tanta belleza y, sobre todo, lo más nuestro. ¡Viva el ladrillo mudéjar!

 

 

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