LES NUBES, EL ELEFANTE Y EL «TOCÍN DEL CIELU»

POR JOSÉ ANTONIO FIDALGO SÁNCHEZ, CRONISTA OFICIAL DE COLUNGA (ASTURIAS)

Leo en las redes sociales que el Gobierno de Nigeria está altamente preocupado porque, debido a una «demoníaca influencia de turistas gays», los leones tienden a la homosexualidad y, claro, peligra la reproducción de la especie, con gran perjuicio para los ingresos debidos al turismo.

¡Ay, Dios mío!, me dije. A ver si ahora sucede como hace casi 50 años cuando se habló del peligro de extinción de elefantes a causa de una sobreexplotación en su caza.

A la sazón se contaba en aquellos tiempos, a modo de chiste, que Naciones Unidas formó tres comisiones para estudiar este problema y plantear soluciones. La francesa presentó un informe bajo el título «LA INFLUENCIA DEL AMOR EN EL ELEFANTE».

La italiana trabajó bajo el lema «INFLUENCIA DE LA MÚSICA EN LA SUPERVIVENCIA DEL ELEFANTE».

Y la comisión española, ¿qué presentó?

Teniendo en cuenta la doctrina joseantoniana de FET y de las JONS y el «espadón» de Su Excelencia, nuestro equipo de trabajo se decantó por esta idea: «EL ELEFANTE, COMO PORTADOR DE VALORES ETERNOS».

Ahora les cuento otra.

Estaba yo en clase explicando las cualidades que ha de reunir una UNIDAD DE MEDIDA, respecto a su adaptabilidad al valor de la magnitud que se va a medir.

No podemos medir la distancia Gijón-Madrid (les decía) en milímetros ni la masa de un átomo en kilogramos.

Bien, aceptado este criterio, ¿sabe alguno de vosotros en qué medición se emplea la masa media del elefante africano?

Veo a un alumno tomar nota de mi pregunta y, ¡oh dolor!, compruebo que en su cuaderno escribía: «COSAS DEL FIDALGO. HOY TOCA RISA».

-Pues no, hijo, no (le dije). A ver si aprendes algo, ¡demonios! La masa media del elefante africano, entre 5 000 y 6 000 kg, se emplea con frecuencia para valorar la masa de las nubes que observamos en el cielo. Hay nubes de tormenta que alcanzan una masa de hasta 100 000 elefantes.

¡Asómbrate, rapaz, asómbrate!

Y, por supuesto, nos reímos un poco.

Recuerdo hoy estas vivencias al ver esta foto (la hizo mi hijo y es preciosa), de una nube de unos 50 elefantes sobrevolando la playa de Gijón. Además, aparte de lo dicho, trajo a mi memoria otro recuerdo: es la estampa misma de una vez que cuajé un TOCINILLO DEL CIELO y al desmoldarlo «se espatarró» de tal modo que era igual que la nube de la «semeya».

Así hago yo los TOCINILLOS DEL CIELO:

Con 300 g de agua y medio kilo de azúcar, al fuego, elaboro un almíbar a punto de hebra fuerte. Aparto del fuego y espero a que alcance una temperatura templada.

En un cuenco bato 9 yemas de huevo y 2-3 huevos enteros (clara y yema) y, utilizando un colador como filtro, mezclo con el almíbar removiendo con cuchara de madera. Llevo la mezcla a un molde caramelizado previamente y cuajo al baño maría. Una vez frío el tocinillo, desmoldo … y a disfrutar.

Y si se «espatarra», no importa; seguirá estando dulce.

Sin Comentarios.

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