TESTIGOS DE LA LUZ DEL TIEMPO (IV)

POR MANUEL GARCÍA CIENFUEGOS, CRONISTA OFICIAL DE MONTIJO Y LOBÓN (BADAJOZ)

Aún queda salir del Paseo por la calle que va a la Iglesia, concurrida los domingos y días de fiestas, hoy de Castelar, hasta la plazuela de doña Juana, luego de la Falange y ahora de la Constitución, y caminar hacia arriba por la Avenida Emperatriz Eugenia, hacia la escalera grande del paseo del Campo de la Iglesia, un espacio tan capaz que pocos como él existen en la provincia. Un atrevimiento llamar avenida a esa porción de casas. Un visitante forastero al oír Avenida y después Rambla, dice que esperaba ver otro espacio distinto, más grande, más extenso.

Tras producir varios pasos hacia arriba aparece ‘El Piquete’, que no de ejecución sino el lugar más elevado de la cuesta, del cerro, monte, montecillo, montillo, Montixo, Montijo. De Agla a Montijo. Del resplandor al montecillo. Del pozo, al agua, a la fuente de vida, arropada por la dignidad revestida por el poder del Concejo, bajo la sombra de unas acacias. En ‘El Piquete’ hubo cuatro ases comerciales: Martin Garay, Alfonso Merino, Benito Serrano y Domingo Pérez. Junto con el Bar Arriba de Pedro el rubio, marido de Catalina que vendía chucherías.

Tras dejar ‘El Piquete’, que es la acrópolis según Montijo, está la calle Reyes Católicos, bautizada antes por la de los Entierros, pues por ella pasaban y pasan los cortejos fúnebres que iban al Cementerio que estuvo en el hoy Parque Municipal, en el Cerro de La Cruz, y el actual, en el camino que va hacia La Roca de la Sierra.

Siguiendo con el paseo por el Campo de la Iglesia, recinto que habla en su historia de silos para guardar granos, de almacenarlo en el Pósito, y de voces de la chiquillería del colegio Giner de los Ríos, luego nombrado Padre Manjón, donde hoy se enseña música, canto y danza. Donde hoy se hace y transmite cultura. Tras él la Huertecilla, las tierras del Barreal y el Valle, que desde los años cincuenta del siglo pasado se fueron llenando de calles, casas y un gran pozo que suministraba agua a los vecinos, ahora símbolo de esa barriada, en el principio de la calle que menciona al adelantado que vio por primera vez el océano Pacífico, Vasco Núñez de Balboa.

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