TESTIGOS DE LA LUZ DEL TIEMPO (VI)

POR MANUEL GARCÍA CIENFUEGOS, CRONISTA OFICIAL DE MONTIJO Y LOBÓN (BADAJOZ)

Vuelvo a la calle Esteban Amaya, nombrada así por su profesionalidad, servicio y entrega a la medicina y sus pacientes, que llega hasta la plazuela de Santa Clara, popularmente de las Monjas, al estar allí el convento del Santo Cristo del Pasmo, en el que ejercitan la clausura y vida contemplativa las religiosas clarisas franciscanas, seguidoras de la regla y carisma de Santa Clara. Un retablo cerámico de Juan Serrano Pascual así lo asevera. Las campanas de su espadaña se vuelven locas porque una novicia feliz y sobrecogida está a punto de hacer sus votos perpetuos.

Desde la paz y el sosiego de esta plazuela se va hacia la calleja de la calle Arriba, donde el silencio trae una cruz de plata de miércoles santo, Acinco en sus tristezas y Santa Ana con casas de notables hacendados y labradores, de fuertes y artesanas rejas salientes de forja y portadas de granito. Al final, en la llamada Puerta del Sol tuvo ermita Santa Ana, la madre de la Virgen.

En la plazuela de las Monjas está la única efigie que tiene Montijo, representada en la figura de un nazareno, en homenaje a las cofradías de la Semana Santa, hecho por la forja del maestro artesano Vicente Gragera Almirante. Montijo no tiene fuentes en sus plazas y plazuelas; apenas existe arbolado en sus calles, hay vecinos a los que les molestan los árboles. Desafortunada molestia con los que tanto bien hacen.

He dejado, a sabiendas, la calle de Peñas, paralela a la de Atrás, en la que fijó lugar y residencia una comunidad de judíos artesanos y mercaderes. Un sencillo azulejo evoca, con la estrella de David, su judería, bajo tiempos que dicen fueron de concordia y convivencia. En ella revela la música el piano de doña Rafaela Guisado.

Al final de las peñas, en lo más alto del barranco o de la barrera, se levantó la casa para la sede de la Comunidad de Labradores, la segunda en fundarse en la provincia. También una plazuela llamada Bravo Murillo, por el político frexnense. Plazuela que su entrada es también salida; más bien que una plazuela es una rinconá. Hace más de un siglo Alonso Carretero fabricaba en ella calzados y aparaba cortes. La sociedad de Ramas y Durán ofrecían selectos chocolates, antífona de los dulces que luego obraron María Núñez Quintana, la Preciada, su hijo y nieto, Paco el dulcero. En las calles Peñas y Esteban Amaya hay una secreta belleza en el silencio de la soledad en las sombras de la noche que guardan memoria todos los días del año de lo que en ellas sucede.

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