BIBLIOTECAS CON ACENTO OURENSANO

LA DE BENITO FERNÁNDEZ ALONSO ES LA BIBLIOTECA DE UN PERSONAJE REFERENCIAL DE TODA UNA ÉPOCA Y DE UNA CIUDAD DE LA QUE LLEGÓ A SER CRONISTA OFICIAL

Ben-Cho-Shey (6.507 ejemplares), Eduardo Blanco Amor (1.814), Alberto Vilanova (7.233), Benito Fernández Alonso (1.069), Xesús Alonso Montero (2.400), José González Paz (1.000), Álvaro de las Casas (110). Biblioteca de bibliotecas. Un listado, mucho más extenso, hasta 43.650 títulos, entre adquisiciones, depósitos y donaciones. Infinidad de cartas, recortes de prensa, valiosos dosieres, fichas. Ejemplares raros, únicos; otros comunes, pero que ayudan a conocer a sus dueños, la época y el contexto. Buena parte de la historia de Ourense está dentro.

La Biblioteca de la Diputación fue inaugurada en 1982, donde estuvo -mobiliario incluido- la antigua Bilioteca Provincial, en los bajos de la Diputación. En el 2008, parte de ella se trasladó al ático del Centro Cultural. Un lugar imprescindible para la investigación -histórica, artística, o periodística- relacionada con la provincia, la comunidad, o la diáspora. Una biblioteca de autor, con fondos adquiridos a escritores, profesores o estudiosos

Adquisiciones

El primero fue Ben-Cho-Shey, Xosé Ramón Fernández-Oxea, comprada en 1980, con la friolera de 6.226 títulos, y valiosas fichas; el archivo incluye una importante correspondencia, 1.984 cartas, recortes de prensa, manuscritos y hasta colecciones de postales de Navidad, carteles de fiesta, carteles o fotografías. La temática es histórica, artística y etnográfica. Es uno de los archivos más consultados. Luego vendrían los demás, y la historia sigue, porque las bibliotecas deben crecer.

Hoy muchas consultas son vía online -11.270-; 1.075.425 visitas web (2018); sobre todo es lugar recurrente para estudiosos e investigadores ourensanos.

La Biblioteca se ha quedado sin espacio, queda material por catalogar, como el de Alonso Montero; hay fondos en la antigua biblioteca, el del profesor Albendea, de Filosofía, tras la balconada del primer piso; otras, en los pasillos, la de Lloria. La de Benito Fernández Alonso, o José Pérez Ávila, junto a fondos de imprentadsc_8763_result, en los bajos de la Diputación. Sería importante dimensionarla en un conjunto único, la catalogación continuada, nuevas bibliotecas.

Pregunta en el aire

«¿Qué pasará con su biblioteca cuando ya no esté?». La pregunta, pertinente, se la formuló Maribel Outeiriño -así lo cuenta- a un puñado de ourensanos reconocidos por convivir entre libros hasta dejarlos sin espacio para el vivir; despachos que se volvieron santuarios de la lectura, desde la puerta hasta el baño. Pisos enteros atiborrados de libros, como le ocurrió al profesor Ogando Vázquez, quien aplicó su saber a un universo de “valiosas” fichas. Bibliotecas amables, las de las poetas Pura y Dora Vázquez, que siempre tenían un “detalle dedicado”; enfermizos de lo impreso -Marcos Valcárcel-, cualquier nota encontrada a ras suelo era digna de ser archivada. Uno ha visto pisos-biblioteca -el de Juan Saco-, con filas en doble; también lo contrario, paredes en blanco minimalista, sin un sólo ejemplar que llevarse a la mano, pero ese es otro cuento.

Las bibliotecas enriquecen, sobra decirlo, pero también pueden ser incordio para herederos, meros trastos en forma de letra impresa y hojas cosidas a un lomo, acostumbrados como andamos a medir los pisos en metros cuadrados disponibles. Tan sólo hay que darse una vuelta por mercados de segundas, o la feria, donde, de un tiempo a esta parte, por unos pocos euros te llevas buenos libros que algún día alguien atesoró; los hay dedicados, subrayados, incluso con notas. Bibliotecas desmembradas que no han encontrado acomodo. Quizás, por ello, estas de la Diputación, son más afortunadas.

Bibliotecas

Ben-Cho-Sey: amplia y rica, una biblioteca con quien germinó el proyecto

Sólo en títulos -6.507-, una de las más numerosas; lo más importante está en su archivo, lleno de dosieres, fichas (una delicia las de heráldica). 125 cajas de documentos y manuscritos, que incluyen también la friolera de 4.239 misivas con intelectuales de la época. Entre los fondos del profesor y autor galeguista podemos encontrar de todo, desde postales antiguas, «nadales», una colección de ‘maios’, hasta carteles de fiestas.

Es una de las bibliotecas más recurrente por los investigadores, y fue precisamente ésta la primera adquirida -1980- para el arranque de este proyecto de bibliotecas de autor de insignes ourensanos. En Madrid, donde vivió, ayudó a la fundación del Grupo Brais Pinto.

Eduardo Blanco Amor: biblioteca marcada por los avatares de la diáspora y la vida

Quizás sea reflejo de la propia vida del escritor, una biblioteca marcada por las idas y venidas, por los avatares políticos y por los encuentros. Uno notable, con Federico García Lorca, que más allá de la amistad y el material fotográfico, legó para la literatura los «Seis Poemas Galegos», de los que se conservan los originales.

Tras la última mudanza, la biblioteca cruzó el Atlántico y recaló en Vigo, en un bajo que por sufrir lo hizo hasta con una inundación. En Ourense, estuvo antes en el Ateneo, se nutre de Literatura, Filosofía e Historia; un amplio epistolario y manuscritos originales, cuyos derechos pertenecen a la editorial Galaxia. Muy valioso el archivo fotográfico, bien conocido.

Benito Fernández Alonso: un agente cultural, social y político de primera línea

La de Benito Fernández Alonso (Entrimo, 1848-Ourense, 1922) es la biblioteca de un personaje referencial de toda una época y de una ciudad de la que llegó a ser cronista oficial. Comerciante, historiador, cofundador de la Real Academia Galega, su biblioteca -1.069 títulos; manuscritos, cajas con revistas como ‘O Tío Marcos da Portela’ o ‘Álbum Literario’; material gráfico, epistolar, es una joya de época que afortunadamente se mantuvo íntegro.

Activo importante de la vida finisecular del S-XIX, compartió amistad con la intelectualidad de una época, Murguía, Rey Soto, Curros Enríquez, Lamas. Una joya para investigadores. El coste de la adquisición de la biblioteca fue de 65.000 euros.

Xesús Alonso Montero: una biblioteca nexo con las de los otros autores presentes

La del profesor y académico Xesús Alonso Montero (Vigo, 1928), además de prolijo ensayista, es una mirada con perspectiva, que cohabita en conocimiento y amistad con las otras bibliotecas.

Intelectual, militante comunista. Como profesor de Literatura, el archivo y biblioteca, es un compendio de estudios y dosieres de autores gallegos, destacan los ourensanos, muy protagonistas en el pasado siglo. Por su trayectoria política, incluye muchas entradas de Historia, en especial del franquismo. Destaca también por inéditos y material efímero.

Fue ofertada por el propio autor a la institución, y es una parte de su biblioteca. Está pendiente de catalogar.

Manuel Albendea: una donación con un fin, perdurar la imagen del profesor

Donación estricto senso por parte de la viuda -María Bergel- en 2005 para que la imagen de este admirado profesor de filosofía, y su destacada biblioteca -Filosofía, Psicología, Historia del Arte y Literatura- quedaran en una biblioteca pública.

Manuel Albendea, fallecido en 1981, fue catedrático de Filosofía -IES Otero Pedrayo, IES Blanco Amor, Escuela de Magisterio-, y vicepresidente del Colegio Universitario.

Que la biblioteca «no pasara a engrosar sin más en la de la Diputación; que ésta llevara el nombre de Albendea, en recuerdo al lugar donde pasó gran parte de su vida», fueron los deseos de la viuda. Hoy figura en un altillo de la antigua biblioteca, allí, sigue vigilante.

Fuente: http://www.laregion.es/

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