EL ALMANAQUE DEL TIEMPO SEGÚN TRUJILLO

POR MANUEL GARCÍA CIENFUEGOS, CRONISTA OFICIAL DE MONTIJO Y LOBÓN (BADAJOZ)

Son varios los afectos que me unen a la ciudad de Trujillo. Desde hace dos años vengo colaborando mensualmente en la revista COMARCA DE TRUJILLO que edita la Hermandad de la Virgen de la Victoria, gracias al trujillano y amigo Pedro Mellado. Resulta ser muy saludable ver como mis trabajos transcienden más allá de lo local. Este mes se publica un nuevo artículo que hace un recorrido por las celebraciones más importantes de Trujillo que se tendrán a lo largo del año.

Aquí dejo el texto:

Cuando pasen los Reyes Magos, que es la Pascua de Epifanía, manifestación de un Dios hecho niño, percibiremos que el dorado de la luz de los atardeceres se retrasa. La indiferencia de los días labra sobre los corredores de la vida con una celeridad pasmosa.

Seguramente no hay mejor antídoto para que el tiempo razone sin deslizarse sobre el rito de la memoria que concebir, en cualquier época, nuevos entusiasmos, hábitos apasionados y transformaciones inesperadas en nuestras prácticas cotidianas. Estoy seguro que lo mejor que puedo ambicionar para este nuevo año son felices aspiraciones, de manera que la rutina no me fustigue enviándome hacia una vida apocada y decaída.

Todo pasará muy deprisa. Los almendros serán los primeros en permitir el desahogo y la rapidez de la flor que brota ansiosa para enhebrarse a la vida. Por San Antonio Abad se bendecirán las mascotas. San Blas trae nubes que pasan por las veletas de los campanarios, bendiciendo los cordones y roscas, en honor del protector contra los males de garganta.

Luego aparecerá un tiempo sin orden ni concierto que trastornará los sentidos. Así, bajo la revolución de un desordenado juicio y el desgobierno de un entendimiento perturbado renacerán las dos Españas que siempre han sido: don Carnal y doña Cuaresma. Para los más atrevidos se les presentará la oportunidad de correr delante de los toros que protagonizarán los encierros y capeas, entre el miedo y los sustos.

El sol y el frío, bajo las locuras de los últimos días de febrerillo, traerá una luz a medio hacer que despertará los sentimientos. Los fogones servirán potajes de vigilias. Las bandas de música ensayan para las procesiones penitenciales. Es Miércoles de Ceniza. Las yemas de las higueras anuncian que marzo ha llegado. El invierno abandona el lento silencio de los cobertizos. La flor late allí donde las abejas hablan de miel y besos. Hay sueños inquietos en los hombros de los costaleros. El martirio y la muerte visitarán las calles para que algunos pronuncien que no son más que obras de arte. Desde la otra orilla, Él asumirá y aguantará, entenderá, callará y amará. Lo viene haciendo desde siglos. Aunque se hará rotunda su pregunta: “Y vosotros, quién decís que soy yo”.

Tras un prolongado silencio, repicarán de nuevo las campanas. En la Plaza Mayor donde se viven los acontecimientos; donde se han manifestado y se manifiestan los quehaceres y los anhelos del destino, se cantará a la vida resucitada y resucitadora: “Ay, chiviri, chiviri, chiviri, ay, chiviri, chiviri, chon”, siempre en la memoria y el recuerdo del popular Goro que está en los cielos.

La fiesta de la primavera lucirá su hermosura. Mayo florido traerá la fiesta del patrón, el Santísimo Cristo de la Salud, bajo beneficiosa puja. Aparecerá el popular canto mariano en la ofrenda y rosario de la aurora: “Venid y vamos todos con flores a María”, porque ella, Ntra. Señora de la Victoria, madre, reina y patrona es.

Por esas fechas al campo sólo le faltarán un par de brochazos para que acabe y complete el bodegón de todos los años. Tiempo para degustar en ferias y mercados los mejores quesos extremeños y nacionales, mostrando el buen hacer de aquello que se elabora y produce. La mañana es serena, solemne, abriéndose ante un Dios que anda entre nosotros. Es Corpus Christi. “Oh, Sagrado Corazón de Jesús, en vos confío”. En una esquina un necesitado saca la mano suplicando una moneda. Los turistas se asombran ante el buen oficio labrado en piedra que habitan en las fachadas de la iglesias, conventos, palacios y casas que ha dejado el esplendor y fama de los personajes y los siglos.

Se manifestará el verano y la memoria traerá por sus laberintos la suavidad del agua fresca de la alberca y la sombra de la higuera. Un silencio encalado de verano acuna el balanceo nocturno que deja el sabor que desprende el jazminero. Escapularios por la Virgen del Carmen. Agosto enciende a Trujillo en fiestas, en las barriadas de la Piedad y Huertas de la Magdalena. En la Asunción de la Virgen, lo religioso y lo civil se dan la mano en fiesta de alta estima y veneración. Allí, en Santa María la Mayor y en la plaza de Los Moritos.

La Virgen de la Victoria, a fin de mes, abandona las alturas, dejando casa y propiedades para bajar a la iglesia de San Martín y hacerse así cercana. Para Trujillo, el gozo ha llegado. Las tardes son de abanico, rezo y novena, porque ella es y será siempre la esperanza que no envejece y la luz que nos acaricia. La gente entra y sale de la iglesia para pedir y dar gracias. En unos días se apuntalan los palos de la Feria y dará comienzo el rito de la diversión y el festejo. Todas las miradas se dirigen hacia el 8 de septiembre, día grande y festivo que celebra la Natividad de la Virgen y el de todos los extremeños.

El aire trae latidos de vendimia bajo olores de pámpanos y racimos. El verano se aleja como un ave en la emigración. Octubre comienza con el recuerdo de los hijos de San Francisco. El niño duerme sobre el hombro de la Virgen del Rosario. Despunta la luz tamizada, el bochorno del membrillo y los chaparrones de los dioses de octubre proclaman la otoñada. Las orzas producirán ese punto con sabor a grandeza de las primeras aceitunas aliñadas.

Es noviembre, mes de los difuntos, de recuerdos y más recuerdos. Hay fiesta y alborozo en la parroquia porque es su patrón, San Martín. El idioma de la Feria Agroganadera será de tratos y mercados; comprar ganado y procurarse nuevos aperos. Las hojas caen y duermen en el suelo. Llega un tiempo de espera. Es Adviento.

La flor de Pascua abre la hermosura de sus hojas invitándonos a recitar una plegaria antigua y hermosa, “Sea a mayor gloria de Dios y de la bienaventurada Virgen María, concebida sin pecado original”. La aceituna se desangra en un parto generoso que trae la gloria líquida del aceite. Cáritas abre su despensa a los prójimos necesitados. Los paños colgados en los balcones anuncian que la Palabra se hace carne. En casa, en el salón, hemos puesto el Nacimiento. Las hermanas jerónimas y franciscanas, anuncian desde el torno el más dulce Pregón de la Navidad. Bendita sea la mañana del día de Epifanía y el gozo que nos trae el rito de la edad de la infancia.

Así todo como el verso quevediano: “ayer se fue, mañana no ha llegado, hoy se está yendo todo sin parar”. El desgaste que produce el tiempo jamás podrá con la mejor sintonía que, generosamente, me regala la vida: la libertad. Por ella, un año más, seguiré en el hermoso oficio de escribir sin renunciar, en absoluto, al almanaque que me trae la lucidez de la palabra, los quehaceres y los días.

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