CLEMENTINA

POR PEPE MONTESERÍN, CRONISTA OFICIAL DE CÓRDOBA

Cada dos por tres voy a un supermercado, veo en el mostrador varias cajas de naranjas brillantes, primorosamente colocadas, y cuando me toca el turno pido las de mejor aspecto, según mi estética cítrica: “¿Me pone tres kilos de Clementina?”. Salen a unos dos euros el kilo, céntimos arriba o abajo, según esté la mar; es entonces cuando el frutero, en lugar de darme las que señalé, se agacha detrás del alto mostrador y empieza a meter en una bolsa piezas anónimas que no veo hasta llegar a casa. Esto me recuerda a un bar de Oviñana, de los años setenta, especialista en pulpo a la gallega; el dueño me mostraba el pulpo vivo, le daba una paliza ante mis ojos, para que viera lo fresco y la doma a que era sometido, luego entraba con el ejemplar en la cocina y salía al rato con otro cefalópodo troceado, aliñado con aceite y pimentón; el bar ya no existe, seguramente se le escapó aquel pulpo viejo y sufrido y se acabó el negocio.

Fuente: https://www.lne.es/

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