COVADONGA: REYES, BLASONES Y RÍOS

POR FRANCISCO JOSÉ ROZADA MARTÍNEZ, CRONISTA OFICIAL DE PARRES-ARRIONDAS (ASTURIAS)

EN LAS DOVELAS DEL ARCO ABOCINADO DE LA CAPILLA DE LA ANTECUEVA, EN COVADONGA, VEMOS ESTOS TRES ESCUDOS.

ESCUDO CON LAS ARMAS DE COVADONGA, TOMADO DE LA ESTAMPA GRABADA SOBRE SEDA EN 1759.

ESCUDO DE COVADONGA EN LA FACHADA DE LA CASA CAPITULAR, OBRA DEL CANGUÉS GERARDO ZARAGOZA (1902-1985),

ESTE ESCUDO ESTÁ EN EL INTERIOR DE LA ACTUAL CASA DE EJERCICIOS, CONOCIDA COMO COLEGIATA DE SAN FERNANDO Y -ANTES- DEDICADA A SAN JUAN.

STE ESCUDO SE ENCUENTRA EN EL INTERIOR DE LA CUEVA Y REFORMA EL ANTERIOR DE 1759.

SI OBSERVAMOS EL ESCUDO DE ESPAÑA, VEMOS QUE -SEPARANDO SUS CUATRO CUARTELES- SE INSERTÓ LA CRUZ DE LA VICTORIA.

La tradición otorga al Infante Don Pelayo ser el fundador del Santuario de la Cueva de Covadonga, dedicado durante siglos a la Virgen de las Batallas, aunque por referencias de muy dudosa autenticidad esta fundación también se atribuye a Don Alfonso I el Católico, allá por el año 740.

En esos documentos -muy probablemente falsos- se asegura que el Rey edificó la iglesia de Santa María de “Covadefonga” e hizo trasladar a la misma la imagen que se veneraba en el Monsacro, lugar éste del concejo de Morcín donde se creía que los visigodos habían escondido parte de sus tesoros, -como el Arca Santa y otras reliquias venidas de Jerusalén- tras la invasión islámica de inicios del siglo VIII.

De la misma leyenda se desprende la afirmación de que el rey Alfonso I llevó a Covadonga “doce monjes benitos y un abad, y levantó tres altares: el de Santa María de la Natividad, el de San Juan Bautista y el de San Andrés Apóstol”. Y, para que pudieran atenderlos, “donole al abad Adulfo, dos campanas, dos cruces, tres casullas, cinco capas, tres patenas, veinte caballos, cuatro asnos, cien carneros, treinta cerdos, cuarenta bueyes…”.

El jesuita Pedro Murillo Velarde, hace en 1752 -en su Geografía Histórica- la descripción natural del lugar de Covadonga señalando que: “En la parte Oriental de las Asturias de Oviedo, en el extremo de ellas, por donde confinan con las Montañas de Burgos, o Asturias de Santillana, está Cobadonga, casi al sur de Riva de Sella, al sudeste de Cangas de Onís, Villaviciosa, y Gijón, casi al poniente de Santillana, casi al Norte de Potes, al oriente del Río Sella, y al Poniente del Río Deva. En el pequeño pueblo de Riera se hace una junta de ásperas y altísimas montañas…” y sigue describiendo con gran precisión cuanto se refiere al santuario. Todo ello para reclamar que en dicho lugar no se hubiese fabricado “el templo más magnífico de la Monarquía, aunque fuese necesario deshacer montes y vencer las mayores dificultades”, con la finalidad de engrandecer el lugar que originó tanta felicidad para “la Cristiandad y la Monarquía Española”. Aún debían pasar 125 años hasta que se iniciase la neorrománica basílica que conocemos.

Siete años después (1759) un dibujo del pintor A. Miranda hecho sobre seda natural amarilla, deja ver la cueva, casa de novenas, mesón, fuente, molino, casa de los músicos, huerto del ermitaño, puente viejo de piedra y otros de madera, etc. y -sobre la cerrada cueva- la alegoría de Santa María de Covadonga entre Don Pelayo y su hijo Don Favila, ambos ataviados con anacrónica armadura y cimera.

Es de destacar que en la parte baja del grabado, allí donde se da cuenta de las indulgencias que se conceden a quienes visiten el lugar y varias explicaciones del cuadro, se observa en el centro el escudo con las armas de Covadonga. Ese escudo de hace 256 años recoge de una forma peculiar las armas del Principado de Asturias y las propias del Santuario. En él aparece la cruz de San Andrés, atributo de la Casa de Borgoña, que representaba Carlos II cuando se estableció el derecho de presentación en el nombramiento de canónigos del cabildo. Dos tenantes a cada lado reproducen de nuevo la cruz de San Andrés y la de Pelayo. En este caso concreto las armas del Principado de Asturias son absolutamente arbitrarias pues -como señaló ya don Luis Menéndez Pidal- alternan los cuarteles de Castilla y León con otros dos que albergan sendos copones eucarísticos, más propios de la heráldica gallega, y que ya Jovellanos analizó y rechazó en un estudio sobre esta cuestión cuando le hizo la pertinente consulta el marqués de Camposagrado, para hacer entrega de una bandera al Regimiento del Principado. Jovellanos le remitió una amplísima carta con mil y un detalles sobre los blasones del Principado y recoge anécdotas que no tienen desperdicio. Así, cuando dice que la más antigua opinión da por blasón al Principado de Asturias “tres o cinco suelas de zapato, ya negras, ya leonadas, ya en fondo de metal, ya de color” (idea que sostenían algunos y que siguió el canónigo y heraldista Tirso de Avilés cuando afirma “es que como aquellas gentes anduvieron por aquellos montes, sólo se proveían de suelas de zapatos para el reparo de los pies”). Ridículo origen, añade su opositor el Padre Carballo y otros. La opinión sobre la Cruz de los Ángeles -como blasón para la Iglesia y ciudad de Oviedo-, así como la Cruz de la Victoria para representar el Principado de Asturias, merecerían un larguísimo capítulo plagado de aciertos, puntualizaciones y contundentes razones. Añadir sobre este tema que, tanto el escudo que se encuentra en el túnel de la cueva como el de la Casa Capitular, enmendaron notablemente el de 1759.

Por otra parte, el “chorrón” que se precipita bajo la cueva de Covadonga aparece en el cuadro antes mencionado como aquel que -proveniente de Orandi- forma el río Diva, Deva o Reynazo, en su lugar de “renacimiento” a los pies de la patrona de Asturias. Diva (diosa) era el nombre dado a la divinidad celta. Deva es una corrupción del nombre anterior y Reynazo o Rinazo lo llama Ambrosio de Morales en 1572 en su “Viaje por orden del Rey Don Felipe II a los reinos de León y Galicia y Principado de Asturias”. Ambrosio de Morales dice que oyó a los naturales llamar Diva al río que sale de la cueva y añade que el Diva se une con otro río un poco más abajo de Covadonga, de nombre Eña y luego -ya en Soto- se llama Reynazo “cuando fluye al Bueña”. Confuso lo que dice, sí, pero parece que lo de Diva sería en Covadonga y La Riera. Pascual Madoz llama a este río de Covadonga Diva y -muy probablemente- la confusión venga con el Deva nacido en Fuente Dé, pues el arzobispo don Rodrigo dice que fue en la Liébana donde “ocurrió el gigantesco argayo que sepultó a los moros fugitivos de Covadonga…».

Concluyamos señalando lo que todos reconocemos, que Covadonga es raíz, cuna y corazón.

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