EL CENTRO DE FERMENTACIÓN DE TABACOS DE NAVALMORA. LA OBRA QUE UNIÓ A TODOS LOS MORALOS, QUE FUE VITAL PARA LA ERRADICACIÓN DEL PALUDISMO Y HA SIDO UNO DE LOS PILARES DE LA ECONOMÍA LOCAL Y COMARCAL

POR DOMINGO QUIJADA, CRONISTA OFICIAL DE NAVALMORAL DE LA MATA (CÁCERES)

Ha comenzado a emitirse en TelePlasencia-Navalmoral el último programa que grabamos el pasado día 15 de enero en las instalaciones de CETARSA de Navalmoral. A través del cual, por vez primera, procuramos añadir a los comentarios relativos a los orígenes históricos de acuerdo con la documentación que consta en el Archivo Municipal, unas valiosas y prácticas explicaciones científicas y actualizadas por técnicos suficientemente especializados de la factoría.

Sin menospreciar a nadie, valoramos en grado sumo la gran decisión tomada por los moralos en aquellos años de la “Gran Depresión” mundial (1929-30) aportando decisiones prácticas y resolutivas, en torno a don Modesto Marcos Casas y su gran equipo quien, en vísperas del proceso republicano y sus derivaciones, por primera vez unió a todos los moralos, cualesquiera que fuera su ideología política o condición económico-social, con la planificada y definida meta de lograr trabajo agrario y en la factoría al mayor número posible de ciudadanos de Navalmoral y su entorno.

Porque, mientras el otro aspirante provincial, Plasencia, se inclinaban por que las obras fueran realizadas por el Estado –obviando la mencionada crisis–; Navalmoral ofertó la financiación de la obra completa, que sería sufragada en primera instancia por los vecinos mediante la adquisición de “acciones” voluntarias de acuerdo con las posibilidades económicas de cada impositor (gratificadas con un 5 % de interés), que serían reintegradas en un plazo de cinco años por los agricultores a medida que fueran recogiendo y cobrando sus cosechas (10 céntimos por kilo). Siempre, avalado por el citado benefactor D. Modesto Marcos que, además de aportar una finca de casi 4 hectáreas, ubicada entre la carretera general y la vía férrea Madrid-Lisboa, lo completaba con el material de construcción necesario, aval económico y una modélica organización y distribución de las tareas; quien, además, logró aunar a todos lo moralos, sin distinción de clases sociales, nivel económico, lugar de residencia o ideología (tan conflictiva en aquellos momentos): desde el Marqués de Comillas o el Duque de Peñaranda, hasta el más humilde jornalero.

Pero, al margen de esas condiciones positivas, la aprobación oficial de los “Ensayos para el Cultivo del Tabaco” a partir de los “felices años veinte” (dirigidos por los eminentes ingenieros agrónomos sres. Baneyto y de la Serna) posibilitó que se llevara a cabo aquel gran proyecto de D. Gustavo Pittaluga –arrinconado desde 1903–, como era el de iniciar la “Lucha Antipalúdica” que, como urgía erradicar para facilitar el cultivo, recibió todos los apoyos que antes excusaron.

De tal modo que, el Centro de Navalmoral (1930), fue el 4º de España: tras los de Sevilla (1924), Madrid y Málaga (1929). Porque, para posibilitarlo, primero hubo que crear los Dispensarios Antipalúdicos de Talayuela (1922), Navalmoral (1923) y el definitivo Hospital Antipalúdico de la capital del Arañuelo (1925), una vez que se acondicionó el infrautilizado “Hospital Moyano”, a la vez que le dotaban de los mejores especialistas en el tema de la Malaria (los hermanos de Buen, Urbano Casas, Rafael Rodríguez y el personal auxiliar), más el apoyo desde Madrid de D. Emilio Luengo y de la norteamericana “Fundación Rockefeller”. Aquí, se curó y enseñó… Y, aunque el conflicto bélico lo paralizó transitoriamente, proseguiría después hasta que se acabó con el Paludismo en 1962 (ya con otros doctores, como D. Álvaro Lozano y otros).

Tras aportar las dos localidades aspirantes sus respectivos proyectos en el citado y problemático año de 1929, el 10 de abril de 1930 la Comisión Central para los Ensayos del Cultivo del Tabaco dictamina que el mencionado Centro de recepción y fermentación de tabaco provincial se instale en Navalmoral (según adelantábamos antes). Tras el período lógico de reclamaciones, el 9 de mayo de ese año se ratifica la aprobación definitiva y, como el plan estaba perfectamente organizado y avalado, el 30 de octubre de 1930 se entregan los cinco primeros pabellones y comienzan a recibir las plantas prometidas por los cultivadores del valle del Tiétar (cacereño y avileño), de la Vera, del Tajo e, incluso, de los valles del Alagón y del Ambroz.

Ya para finalizar este resumen, jamás debemos olvidar que el Centro de Navalmoral fue la gran factoría regional donde el trabajo de la mujer fue imprescindible, desde los primeros compases hasta hoy en día (a pesar de la creciente tecnología). Y al margen de la denominación oficial, para los moralos siempre fue “LA TABACALERA”…

En 1942 el Estado aprobó la construcción de otro similar en Plasencia, tras comprar el municipio los terrenos y cedérselos a la reiterada Comisión. Más otros en Talayuela, Jarandilla, Coria y Jaraíz (centro de compra de tabaco y almacenaje), etc.

Pero, lo que no se logró jamás fue la instalación de una fábrica de cigarrillos, reiteradamente solicitada pues aquí se producía la mayor parte de la materia prima.

Con la adhesión de España a la Comunidad Económica Europea (CEE), conllevó la liberalización del sector tabaquero y, como consecuencia, la creación de la Compañía Española de Tabaco en Rama S.A., S.M.E. (CETARSA) por el Real Decreto 573/1987, de 10 de abril, como sociedad estatal en régimen de derecho privado, con la finalidad de contribuir a los fines de la política tabaquera, atendiendo con criterios de rentabilidad y en concurrencia con otras empresas la demanda nacional e internacional de tabaco en rama. Son otros tiempos y otras circunstancias pero, el encabezamiento de este pequeño trabajo, nunca lo podremos olvidar (aunque los agricultores perdieran sus instalaciones, pues ésa fue una de las condiciones de del cambio…).

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