LLERANDI

POR FRANCISCO JOSÉ ROZADA MARTÍNEZ, CRONISTA OFICIAL DE PARRES- ARRIONDAS (ASTURIAS)

IGLESIA DE SAN COSME Y SAN DAMIÁN DE LLERANDI.

AÑO 1900. QUEMA DEL GIGANTE EN LA FIESTA DE LOS MÁRTIRES DE LLERANDI, QUE SE CELEBRABA YA DESDE HACE MÁS 400 AÑOS.

La antigua iglesia de la parroquia dedicada a los santos Cosme y Damián ya era mencionada en documentos del siglo XVI. De entrada, podemos afirmar que Llerandi es el pueblo de las campanas.

Primero, porque en su nueva iglesia toman asiento cuatro campanas: las dos actualmente situadas en la espadaña del campanario (unas adolescentes, comparadas con las otras) más dos que ya llevan trescientos ochenta y ocho años siendo testigos de la vida y costumbres de generaciones de vecinos del pueblo y de sus alrededores. Que estén datadas en 1630 da idea de los años que han servido a la parroquia. Dícese que aún falta otra, desaparecida en lejanos tiempos y en circunstancias confusas, vaya usted a saber por qué razones, pero que no volvió al lugar para el que había sido destinada.

Lo mismo se dice que -después de haber resistido casi cuatrocientos años frente a todo tipo de contrariedades- estuvieron a punto de salir para otro destino final hace muy pocos años… y que gracias a un vecino que intuyó lo que se preparaba y las encontró ya al pie del camino esperando nuevo dueño y destino, se puso en contacto de inmediato con la Consejería de Cultura del Principado y Patrimonio Cultural, y así abortó la operación y el consiguiente escándalo, como me contó personalmente el joven protagonista de este caso.

Cuenta Pascual Madoz -a mediados del siglo XIX- en su Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España, que a esta fiesta de los santos patronos de cada 27 de septiembre, acudían cientos de peregrinos de todos los alrededores y otras localidades no tan cercanas, con el fin de darles las gracias por los favores recibidos o para pedirles ayuda en sus necesidades. Cuenta también cómo muchos subían al campanario y -con el fin de mitigar sus migrañas y dolores de cabeza- metían la misma bajo el vaso de la campana y daban un único golpe con el badajo. Creencias y supersticiones fueron muchos siglos de la mano, y aún hoy cuesta trabajo admitir que no se hayan divorciado del todo. La actual iglesia fue edificada en 1952, a expensas de los emigrantes y hermanos Martín y Melchor Palomo, la cual vino a sustituir a la que en el lugar próximo al cementerio de la parroquia se levantaba hasta la última Guerra Civil.

Toda la iglesia es de mampostería vista, con generosa espadaña de dos ojos en su cabecera.

Un amplio pórtico apoya su cubierta en tres columnas de piedra, que -a su vez- reposan en un murete de mampostería vista. A los pies de la iglesia -en su lado izquierdo- un arco de medio punto da acceso al pórtico y, desde éste, se accede a la iglesia por una puerta de arco rebajado o carpanel. Su única nave presenta en el interior un alto zócalo en piedra, mientras el resto aparece enlucido y pintado. En el lado del Evangelio del presbiterio, añade una sacristía. Un óculo de sillares se sitúa en la parte alta de su imafronte, a los pies de la iglesia, y el tempo recibe la luz exterior desde ventanas de su muro derecho, llamado de la Epístola. Cubre el templo techumbre a dos aguas, mientras el pórtico y el campanario lo hacen a una vertiente.

Siguen celebrando los vecinos la fiesta en honor a los santos mártires a finales de septiembre, como hicieron este mismo fin de semana, último del mes.

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