EL ROBO DE LAS MONEDAS

POR ALBERTO GONZÁLEZ, CRONISTA OFICIAL DE BADAJOZ

Manuel Godoy es el badajocense que más poder ha alcanzado en toda la historia de España, detentando veinte años poder absoluto como gobernante. Por eso es lógico que Badajoz tratara de ganarse su favor ofreciéndole toda clase de títulos, honores y agasajos a él y a su familia. Las dos veces que vino a la ciudad como primer ministro, acompañado del rey Carlos IV, y cada vez que se le otorgaba un nuevo cargo, que era casi todos los días, no se sabía ya que hacer para halagarlo. Se le regalaban jamones; se le dedicaban fiestas y celebraciones de semanas enteras; se le hizo Regidor Perpetuo del Ayuntamiento; se alzaban arcos de triunfo a su paso, se acordó levantarle monumentos en las Casas Consistoriales y en la Catedral; se acuñaban medallas de sus visitas y logros; se le regalaron cotos de caza y un palacio, y mil detalles más.

Uno de ellos, del que habla el archivo municipal, encierra una curiosa historia. Fue el caso que al retirar el arco de triunfo que se levantó en la plaza de San Juan cuando la visita de 1796, al excavar para extraer del suelo los postes que lo sustentaban, se encontró una valiosa moneda de oro que se tasó en ochenta reales de vellón, y seis de plata y cobre de menor valor. Dándose la circunstancia de que por aquellos días se celebraba el cumpleaños del Príncipe de la Paz (29) la corporación municipal estimó que lo mejor que se podía hacer con el tesoro era ofrecerlo a su paisano para celebrarlo. De modo que una comisión integrada por dos capitulares, un escribano y otros emisarios, fue a Madrid a entregar el regalo en mano al insigne paisano.

Como no podía ser menos, Godoy agradeció el obsequio al Ayuntamiento mediante carta en la que manifestaba las más expresivas gracias «por las seis monedas de plata y cobre recibidas, que pasarán a integrarse en el Real Monetario de Su Majestad».

Repárese. «Seis monedas de plata y cobre». Porque de las siete que salieron de Badajoz bajo custodia de los dignos capitulares y conspicuos personajes del Ayuntamiento, la de oro no llegó a su destino.

Del avispado que la escamoteó por el camino nada se sabe. Ni tampoco si fue acción individual o colectiva. Pero seguro que, dadas sus habilidades, el autor o autores escalaron a más altos puestos.

Fuente: https://www.hoy.es/

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