EL PALACIO EPISCOPAL Y FELIPE II (II)

POR SANTOS BENÍTEZ FLORIANO, CRONISTA OFICIAL DE LA CIUDAD DE CÁCERES

Enterado Felipe de la existencia de un hijo bastardo de Antonio de Portugal, Prior de Crato, en Barcelos que podía desestabilizar el reino si llegaba a conocimiento del pueblo portugués, mandó secuestrarlo y ordenó que fuera llevado a Cáceres y entregado al Obispo Galarza para que se hiciera cargo de su guarda y educación, según real carta de noviembre de 1582, fechada en Lisboa.

Felipe II en dicha misiva le dijo al Obispo que criara al pequeño sin revelarle nunca su ascendencia, que le diera la misma educación que al resto de niños y que no se mezclara ni tuviera ninguna relación con portugueses.

El motivo de la visita real estaba claro conocer al pequeño para comprobar si el Obispo estaba cumpliendo sus órdenes.

Algunos autores hablan de que el chiquillo vivía en la conocida Casa de los Trucos, residencia del último rabino de Cáceres, Sargas Cohen, comprada por el Obispado al ser expulsado de la ciudad en 1492. Dicha casa tenía habitaciones y pasadizos secretos que la comunicaban con el Palacio Episcopal. A través de esos pasadizos pudo Felipe II ver al niño y percatarse del estado en el que se encontraba.

Por supuesto que son especulaciones porque no tenemos ningún documento que lo acredite salvo la existencia de esta visita real en 1583, permaneciendo del 9 al 11 de marzo en la Villa, saliendo con destino a Guadalupe.

No existe asímismo ningún dato fehaciente de la vida del pequeño y si llegó a ocupar puestos de responsabilidad en la Villa, pero lo que sí es seguro es que se educó en el mejor ambiente cultural que había en Cáceres en la época.

Otro episodio de la vinculación de Felipe II con Cáceres fue con motivo de la organización de la conocida como “Armada Invencible”. En 1586 Felipe II escribió al Concejo Cacereño solicitando doscientos soldados de la Villa, nombrando como capitán a Lorenzo de Godoy. No tuvo éxito la leva llegando a Lisboa tan sólo veintiocho hombres, por lo que un alférez del capitán Pedro Solano regresó a Cáceres para conseguir más soldados de la forma que fuera.

En enero de 1588 salieron de Lisboa las tropas cacereñas y a finales del mes el Rey volvió a escribir al Concejo de Cáceres agradeciéndole su participación. No tenemos noticias de los soldados cacereños pero Cáceres participó en uno de los episodios más tristes pero más importantes de la historia de España.

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