BAÑOS DE OLA, DE ALGAS Y DE CARQUEXA

POR JOSÉ ANTONIO FIDALGO SÁNCHEZ, CRONISTA OFICIAL DE COLUNGA (ASTURIAS)

Bueno, bueno, bueno… ¡Vaya lío que se montó con el recuerdo de los baños de carquexa, tradición veraniega que casi nadie recuerda!

Empecemos por lo serio.

Fue Fray Martín Sarmiento (1695-1777) un fraile benedictino, muy erudito, nacido en Villafranca del Bierzo según unos y en Pontevedra según otros, que entre otros muchos lugares ejerció su ministerio y divulgó su ciencia en los monasterios benedictinos asturianos de Oviedo y de Celorio.

Gran conocedor de las virtudes y propiedades de la carqueixa (carquexa y en Colunga «caxigu») promocionó su uso como planta medicinal en nuestra región.

Ahora sigamos con lo de los baños.

Fue costumbre muy antigua que las gentes de los pueblos de «tierra adentro», cercanos a zonas de costa, se desplazaran a «pueblos de playa» para, durante 9 días, TOMAR BAÑOS. Esto se hacía a la madrugada y durante los primeros días de junio o de septiembre.

Las señoras y señoritas «pudientes» vestían trajes de baño enteros (de cuello a rodilla); las de «menos posibles» cubrían su cuerpo con un paño amplio a modo de sábana.

Las llamaban «bañistes del sábanu».

Y si no había «posibles», un saco blanco de los de azúcar, con un agujero para la cabeza, hacía de casulla-bañador.

Los ferrocarriles que llevaban turistas desde tierra adentro a localidades playeras se conocían como TRENES BOTIJO.

Unas personas paseaban por la arena mojada y después se bañaban en el mar (BAÑOS DE OLA) ; otras ,antes de meterse al agua, masajeaban su cuerpo con algas marinas (BAÑOS DE ALGAS), para prevenir o curar afecciones de tiroides (bocio, que llamaban «papu»); y las más exigentes lo masajeaban con ramas de carquexa cocidas en agua de mar y después se bañaban en las olas (BAÑOS DE CARQUEXA).

Así trataban dolores reumáticos, problemas de varices, afecciones respiratorias y purificaban la sangre mediante el sudor.

En algunos pueblos -y de esto tenemos constancia- había muchachos que ganaban unos dinerillos cociendo las ramas de caxigos al lado mismo de la playa y atendiendo a las peticiones de los y las bañistas. En las ciudades de playa de tronío, como Gijón, había balnearios en la línea de costa y ofertaban a su clientela baños de estos tres tipos citados, mediante un «módico pago». En Gijón, por ejemplo, en los años del cuplé, Las Carolinas y La Favorita (dos balnearios célebres) cobraban los BAÑOS DE OLA a O,50 PTA y los de ALGAS o CARQUEXA a 1,75 PTA.

Hoy nadie usa de la carquexa. Los trajes de baño se reducen a la mínima expresión («tanga») en el mejor de los casos y, cada vez con más frecuencia, se convierten en monokini («topless) o en cerokini (despelote total).

Menos mal que aún nos queda la tortilla de patata para disfrutar después del baño.

Foto de bañistas, espigada en Internet, en los comienzos del siglo XX .

Ignoro si irían cantando aquello de:

«Tápame, tápame, tápame.
tápame, tápame, que tengo frío.
Si tu quieres que te tape,
ven aquí, cariño mío»

Sin Comentarios.

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