MEMORIAS DEL CONCEJO DE PARRES 1835-1985 (CAPÍTULO XXIII)

POR FRANCISCO JOSÉ ROZADA MARTÍNEZ, CRONISTA OFICIAL DE PARRES-ARRIONDAS (ASTURIAS)

LA PRESA DEL LLADUENGU…CON VACA.

RECREACIÓN PICTÓRICA DEL LLADUENGU, OBRA DE GRACIANO CARRIZO BERNALDO DE QUIRÓS.

OTRA RECREACIÓN DEL LUGAR, POR GRACIANO CARRIZO.

IDEALIZACIÓN SOBRE EL LLADUENGU DEL CREADOR GRACIANO CARRIZO BERNALDO DE QUIRÓS.

LA BARCA DEL LLADUENGU EN UNA FOTO DE HACE UNOS 80 AÑOS.

LUGAR DE PASO DE LA BARCA SOBRE EL SELLA EN EL LLADUENGU, CON LA CASETA DEL BARQUERO Y PARA LA ESPERA DE LOS USUARIOS.

VIAJEROS CRUZANDO EL SELLA EN EL LLADUENGU, EN LOS AÑOS 30 DEL SIGLO PASADO.

Fue el día 25 de diciembre de 1909 cuando un pleno municipal comenzó a estudiar dónde se iba a situar la que sería la primera barca que iba a cruzar el río Sella en la zona del Lladuengu y en qué condiciones quedaba a cargo del correspondiente barquero, previo acuerdo con el Ayuntamiento.

El día 6 de enero de 1910 José Cardín presentó instancia para ese trabajo y dedicación, cruzando hasta Santianes del Terrón (cuyo nombre proviene de Sanctus Joannes, o sea: San Juan del Terrón, donde -al parecer- hubo una capilla dedicada al Bautista de la que nunca hemos encontrado rastro documental alguno).

De modo que aquella barca se decidió entre el día de Navidad y el día de Reyes. Resulta curioso comprobar que no eran festivos para nuestros antepasados de hace poco más de un siglo ni Navidad, ni Año Nuevo, ni Reyes.

Bien, pues José Cardín proponía remar todos los días por las mañanas de 8 a 9 y de 11 a 12 y -ya por las tardes- de 1 a 2 y de 3 a 5; los sábados, todo el día, y los domingos sólo por la mañana.

Para ello debían subvencionarle con 100 pts. anuales, según propuesta municipal, y él cobraría 5 céntimos a cada pasajero.

Algunos vecinos de Santianes solicitaban que la barca fuese por El Alisal y manifestaron que les gustaba más como barquero Antonio Corteguera.

La Corporación se opuso, le concedió el trabajo a José Cardín y puntualizó que debía ser por el Lladuengu y no por El Alisal, pero que debería remar toda la jornada del domingo.

Pero había que cruzar fincas privadas para llegar a la barca y el dueño de las mismas (para el que trabajaban algunos de los vecinos) solicitó un contrato para que no se crease una servidumbre a largo plazo y que se le abonase una pequeña cantidad a modo de renta por cruzar sus fincas. Esta condición fue aceptada.

En su momento iremos hablando sobre las otras barcas que cruzaban los ríos de nuestro concejo.

En esos comienzos del año 1910 se le permitió a Ceferino Sánchez hacer una bolera en El Barco.

Por otra parte, es curioso saber que el que había sido médico municipal durante cincuenta años, José García Sánchez, había fallecido hacía seis meses y su hija Covadonga solicitó una ayuda del Ayuntamiento “en concepto de lutos” y por una sola vez; le concedieron 389,65 pts.

Es ésta una cuestión que -en el fondo- ocultaba una cruda realidad, la pobreza en la que quedaban algunos familiares, incluso los que se consideraban de cierta elite o nivel social más alto.

Hubo casos en los que esa solicitud de ayuda se promovió entre los miembros de una cofradía o los vecinos de un pueblo, incluso entre amigos y socios del Casino.

…Mientras, un concejal protestaba porque -a veces- las oficinas del Ayuntamiento estaban cerradas en horario de atención al público, pues por ley deberían estar abiertas de 9 a 12 y de 2 a 5.

Y el 13 de noviembre de ese año se trazó “en línea recta” la calle desde la casa de Tomás Cueto y chalet de los Valle y el río Chico, junto al matadero público (la actual Inocencio del Valle); debiendo ceder gratuitamente el terreno correspondiente los dueños de las fincas por donde iba a pasar.

Curioso es, asimismo, saber que el vecino de Cangas de Onís y practicante Manuel Fernández Cayarga, llevaba unos treinta años atendiendo los servicios de asistencia sanitaria facultativa a los vecinos pobres de San Juan de Parres y Huera de Dego, en nuestro concejo, y solicitó “alguna cantidad” para remunerar sus servicios; el Ayuntamiento le contestó que la Comisión de Hacienda Municipal estudiaría su petición. De todo ello se desprende que este buen hombre cobraría a los vecinos pobres de estos dos pueblos parragueses la voluntad, lo que le pudiesen pagar, el traslado a caballo ¡vaya usted a saber!

Y -nos preguntamos-… ¿cómo es que en tres décadas no solicitó ayuda económica para su trabajo de practicante? ¿O estaría cansado de pedirla? ¿O era una dedicación privada…?

Todo eran peticiones elementales, básicas, lógicas, como los vecinos de Priaes que sólo querían 50 pts. para hacer una fuente con lavadero y un abrevadero. Pura subsistencia de tantos campesinos y ganaderos de nuestros pueblos.

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