MEMORIAS DEL CONCEJO DE PARRES 1835-1985 (CAPÍTULO XXIV)

POR FRANCISCO JOSÉ ROZADA MARTÍNEZ, CRONISTA OFICIAL DE PARRES-ARRIONDAS (ASTURIAS)

El 27 de julio de 1907 se solicitó por primera vez un cementerio civil para Arriondas, contestando el párroco que lo solicitasen al obispado, pues él carecía de competencias. El obispado dio largas al asunto y nuestros antepasados tuvieron que esperar ocho años hasta verlo hecho realidad, puesto que no sería hasta el 24 de julio de 1915 cuando se recibiesen las obras del mismo en la parte norte del cementerio católico, entrando por el camino o calleja que viniendo de Cuadroveña tuviese acceso a la misma por el sitio llamado ´Campiella´.

El 13 de abril de 2018 publiqué un extenso artículo en La Nueva España sobre el cementerio civil que -el lector interesado- puede encontrar en la página web del Ayuntamiento de Parres en la sección “Cronista Oficial” con el título “Sobre la torre de la iglesia y el cementerio civil de Arriondas”.

Las relaciones con la Iglesia estuvieron en Parres salpicadas de desacuerdos y encontronazos, algunos muy sonados.

Voy a detenerme en uno de ellos ocurrido en marzo de 1913 cuando el concejal Ángel Abarca solicitó a sus compañeros un voto de censura contra el cura ecónomo de la parroquia de San Martín, Marcelino Lagranda “por los desagradables incidentes ocurridos en las calles de Arriondas con motivo de las Misiones Populares”, al haber solicitado el alcalde al cura que suspendiese las manifestaciones públicas (procesiones), puesto que el cura no había solicitado el preceptivo permiso para llevarlas a cabo y, así, poder regular el buen discurrir de las mismas. La corporación municipal por unanimidad aprobó el voto de censura contra el párroco y concederle otro voto de gracias al alcalde Ramón Barredo.

Del hecho enviaron notificación al Gobernador y al Obispo.

No se especifican los incidentes, pero todo indica que o las procesiones -tan típicas de las Misiones- fueron prohibidas o, -seguramente- éstas ya estaban en la calle cuando se les obligó a regresar a la iglesia hasta que pidiesen autorización, porque quien debe velar legalmente por el orden público es la autoridad municipal democráticamente elegida.

Cuando la II República sea proclamada en España en 1931 y la Conjunción Republicano-Socialista gane las elecciones municipales en Parres con doce concejales frente a los cinco conservadores y monárquicos, veremos cómo las relaciones entre el Ayuntamiento y los diversos párrocos del concejo llegarán a un serio grado de deterioro y enfrentamiento.

Regresemos a los inicios de 1910 cuando se iniciaron las propuestas para abrir un camino desde el puente de Romillo, por Granda y Tospe, hasta los límites con Ponga, habiendo algunas personas dispuestas a aportar las 9.000 pts. para dicho estudio; pero el Ayuntamiento deseaba que las expropiaciones fuesen aceptadas por los vecinos gratuitamente, pues no disponían más que de un 25% para abonar expropiaciones. En la votación hubo empate a cinco entre los concejales, y fue el alcalde el que lo deshizo con un “no” a que se hiciese el estudio de dicho camino (que a nadie se le ocurriría llamar carretera hasta muchos años después…).

Mientras los vecinos de Montealea, La Vita, Bodes, Collado de Santo Tomás y Collía acordaron que el punto más céntrico y apropiado para que los niños pudiesen asistir a la escuela era el pueblo de La Vita, -barrio de La Salgar- donde desde ya hacía catorce años estaba instalada una escuela, deseando que allí continuase.

Mientras, los de Tresmonte deseaban un acuerdo con Ribadesella para crear una escuela mixta, alegando que “el pueblo pertenece a ambos municipios” y acudir a Bode era muy desaconsejable, distante siete kilómetros y por lugares muy despoblados.

Y, entretanto, se autorizaba una bolera en El Barco “a cuatro metros -dirección Nordeste- de la casita de D. Emilio Pando”. Condiciones: se prohibía jugar los días que hubiese ferias de ganado en el lugar y el día de San Antonio que se celebraba en el entorno de la capilla y -añaden las condiciones- que “por estar muy distante del pueblo” no le imponían ninguna renta.

En la misma sesión decidieron adquirir cincuenta estacas con argollas para el lugar de las ferias en el Llerón del Barco, aunque algunos concejales pedían cien estacas. Presentaron presupuesto para las mismas: Francisco Cardín, Julián Álvarez y Ramón Cofiño.

A la ferretería de Emilio Pando (más que decana del comercio de Arriondas porque ahí lleva bastante más de un siglo), le abonaron 5´75 pesetas por dos candados y tres escupideras… (aquellos recipientes de metal, loza o madera usados para escupir, que se colocaban en ciertos lugares públicos -o particulares-).

A Bibiano González le devolvieron las 3.000 pts. que había dejado al Ayuntamiento -con sus intereses-, mientras enviaban al Ministerio de Fomento un telegrama para que construyese un muro que defendiese a la Villa de Arriondas de las avenidas de los ríos Sella y Piloña.

Y se recibía una Real Orden del 17 de enero de 1910 obligando a rotular las calles y plazas y a numerar los edificios. No le hicieron mucho caso, porque durante años las calles de Arriondas se identificaban con letras: la calle A, la calle B; otros lugares se conocían como la Huerta del Ayuntamiento (donde está ahora la Casa de Cultura), la Huerta de Marinas (entre el río Chico y el camino a Pendás, el cual fue cerrado por el ferrocarril Económicos con estacas hasta que los vecinos acudieron al juzgado…).

Este tema de las manifestaciones de los vecinos es muy interesante, pues cuando veían que algo era injusto y no les hacían caso, se plantaban en la plaza del Mercado, ante el Ayuntamiento, y se hacían oír:

Que si iban a cerrar la escuela de Fíos y sesenta niñas y niños debían acudir a Nevares andando; que -igualmente- se iba a cerrar la escuela de Prunales y enviar a los escolares de Castiello, Soto de las Dueñas y Prunales a Arobes; que si los dieciocho puestos de la plaza pública debían pagar más o menos impuestos; que si los ingresos de la venta de madera de Cea y Cetín debía invertirse en los pueblos próximos; muchas protestas a lo largo de más de veinte años por los problemas ocasionados por el tranvía de Arriondas a Covadonga: humo, velocidad, atropellos, suciedad; sobre la construcción de las Escuelas Graduadas en la villa y sobre las manifestaciones partidistas relacionadas con las diferentes corrientes políticas, hubo de todo…como veremos entre 1931 y 1938, en aquellos años parragueses que acabaron viendo la Guerra Civil y los excesos de todo tipo que llevó consigo.

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