SAN JUAN DE SAHAGÚN, UN GUISO DE PALOMA Y EL ESPÍRITU SANTO

POR JOSÉ ANTONIO FIDALGO SÁNCHEZ, CRONISTA OFICIAL DE COLUNGA (ASTURIAS)

Foto del milagro de la paloma guisada, en el retablo de la iglesia de San Juan de Sahagún.. Está publicada por Joaquín García Nistal, de la Universidad de León, en el citado porfolio de fiestas (2018).

Fue Salamanca el destino militar donde finalicé mi período de prácticas como Alférez de Ingenieros de Transmisiones.

Era el mes de octubre de 1963, tiempo ya de curso escolar y donde la estudiantada disfrutaba a placer de una ciudad plena de arte, de historia, de ciencia y de ocio (que todo hay que decirlo).

Una de las primeras sorpresas que tuve al conocer la ciudad (para mi todo aquello era realidad novedosa) fue ver cómo algunas calles y casas palaciegas tenían nombres muy curiosos y de difícil interpretación para quien, como yo, era foráneo.

Valgan estos ejemplos que, como luego contaré, tienen un nexo común : Calle del Tentenecio; Calle del Pozo Amarillo, Casa de María la Brava…

Preguntando y preguntando me enteré que lo de Tentenecio es recuerdo de un milagro que realizó San Juan de Sahagún al ordenar detenerse a un toro bravo que, desmadrado por la ciudad, ponía en peligro la vida de las gentes. ¡Tente, necio!, le gritó el Santo; y el toro se detuvo obediente y manso.

Lo de Pozo Amarillo recuerda otro milagro del mismo Santo. Un niño, jugando en el bocal de un pozo, cayó en él. La madre imploró el favor de San Juan de Sahagún y el niño, por una fuerza sobrenatural, paró su caída y ascendió al regazo de su madre.

¿Y lo de María la Brava?

Esta casa palaciega, en la Plaza de Los Bandos, era la mansión de doña María, del bando de los Enríquez, enfrentados con el bando de los Manzano y de los Monroy. Estos asesinaron vilmente a los hijos de doña María quien se vengó fieramente degollando a los asesinos de sus hijos y mostrando sus cabezas, enfiladas en picas y lanzas, por toda la ciudad.

Pues bien, fue San Juan de Sahagún quien con sus consejos e intervención milagrosa puso paz y concordia en entre esos nobles salmantinos. Y ahora, vuelvo a mi historia personal.

¿Quién me iba a decir a mí, en Salamanca, que pocos meses después estaría en Sahagún dirigiendo un Colegio de Enseñanza Media y asistiendo a misa en la Iglesia de San Juan de Sahagún, el santo patrono de Salamanca y también de la ciudad facundina (que así dicen ahora)?

Allí, en el retablo de esa Iglesia, del lado de la Epístola, verán un cuadro donde se representa a San Juan participando en una comida de paz y de boda entre los Enríquez, los Monroy, los Manzano…Le ofrecieron, entre otros manjares, un guiso de paloma y el Santo, ¡oh maravilla!, en un éxtasis divino, vio en el ave, increíblemente resucitada, al mismísimo Espíritu Santo que volaba entre los comensales.

San Juan de Sahagún, en el mundo Juan González del Castrillo, nació en Sahagún en el año 1430 y y era hijo de Juan González del Castrillo y de su esposa Sancha Martínez. Tras estudiar inicialmente en el monasterio benito de Sahagún, pasó a Burgos y finalmente a Salamanca, donde ejerció su labor sacerdotal y pastoral como fraile agustino. Falleció en Salamanca el 11 de junio de 1479.

Fue beatificado por Clemente VIII en 1601 y canonizado en 1690 por Alejandro VIII.

Sahagún (¡por favor, nunca digan Sahagún de Campos!) está estos días en fiestas patronales.

Mi antigua alumna («y sin embargo, amiga muy querida») Socorro Castañeda Carrión me envía el porfolio de fiestas, que es una preciosidad en edición, en fotos y en textos.

Para mi es el recuerdo de una vivencia de siete años en una ciudad donde trabajé con ilusión, con vocación y con cariño de gentes.

Sin Comentarios.

Responder

Mensaje