CROQUETAS

POR PEPE MONTESERÍN, CRONISTA OFICIAL DE PRAVIA (ASTURIAS)

L. S., pintor mallorquín a quien conocí en la hostelería en los años 80 y se pasó al ladrillo, me desaconsejaba pedir croquetas en un restaurante, salvo que fuera de muchísima confianza, ni él comía croquetas de su negocio, aseguraba que estaban hechas con sobras y que deberían declararse alimento ilegal. Algo parecido le decían a mi padre cuando, en los años 50, llevaba la contabilidad de una fábrica de galletas y comía alguna: “Luisín, las galletas no son para comer, son para vender”. Yo, en cambio, conservo el recuerdo de las croquetas de mi madre, con gustosa besamel y rellenas de confianza, que hoy elabora mi hermana Conchita. Pues bien, el pasado domingo, en el restaurante Villa de Aranda, en Aranda de Duero, el maître, Carlos Alonso Chuleta (sí, Chuleta, ¿pasa algo?) me recomendó croquetas encarecidamente; comí veinte y aquí estoy, en Oviedo, a libre plática, como quien viene del Jordán.

Fuente: https://www.lne.es/

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