TODAS LAS FIESTAS Y UN VIOLÍN (2ª PARTE)

POR FRANCISCO JOSÉ ROZADA MARTÍNEZ, CRONISTA OFICIAL DE PARRES-ARRIONDAS (ASTURIAS)

En el capítulo anterior seguimos a don José Blanco, de Bode, concejo de Parres, con su violín bajo el brazo recorriendo decenas de fiestas a lo largo del año 1904. Desde 1892 -cuando sus ingresos fueron de 2.464 reales- se ganaba la vida de esta forma.

En esta segunda parte de visitas festivas por el oriente asturiano haremos escalas en aquellos lugares no citados antes y que, por su interés o particularidades, deban mencionarse. Será este un resumen de los años que van desde 1905 hasta 1929.

Daremos los datos más destacados de estos veinticuatro años.

El día de Año Nuevo siempre era contratado por los que celebraban su onomástica, él siempre cita esta jornada como el “Día de los Manueles”, en Cereceda, Prestín, Arriondas, Llano de Con, Castiello, Mesariegos,etc. A veces, hasta en tres pueblos cercanos en el mismo día. En torno a la fiesta de Reyes lo llamaban para amenizar los días de aguinalderos -que podían ser solteros o casados-, por separado; esta fiesta era muy común a todos los pueblos y aldeas. Muchas veces los aguinalderos eran niños que solían cantar o rezar, según los casos. Los bailes de artesanos acostumbraban a ser en el parragués Café Español parragués o en el Café de “Ñico”. El Círculo de Artesanos fue toda una institución en Arriondas, y la primera piedra de su sede fue colocada un 14 de marzo de 1926, coincidiendo con el Día del Árbol -de gran tradición-, al que don José Blanco acudió varias veces. La revista “Covadonga” del 1º de abril de ese año cuenta con detalle -tanto escrito como fotográfico-la solemnidad del acto, incluida una procesión desde la iglesia parroquial, con el fin de bendecir y colocar la primera piedra del Círculo; puede apreciarse en la foto que recoge la misma que la iglesia parroquial aún carecía de torre, que no tuvo hasta seis años después -en 1932-, así como el tranvía a Covadonga que funcionó desde 1908 hasta 1933.

Como ya vimos, algunas veces ambientó musicalmente las proyecciones cinematográficas de la villa. El día 16 de enero (desde 1905),tenía cita fija en Coviella, era la onomástica de la “Señora del Palacio”; no la nombra, pero sabemos que era Dña. Estefanía. Cada 20 de enero acudía a la fiesta de Los Mártires,(Fabián y Sebastián), en San Martín de Bada; era una celebración segura, al igual que la romería de San Vicente en Coviella y Triongo. El 2 de febrero solía ser para Sta. Eugenia, en Coraín.

Con frecuencia amenizaba bailes para alegrar las típicas “esbillas”.

Apenas un par de veces aparece en fiestas de carnaval.

Marzo estaba reservado para el Ángel, en Granda; S. Gregorio, en Cúa; la feria de Corao (llamada de santo Medero o santu Medé, -que es San Emeterio-); también en Isongo. El día de San José tenía trabajo extra para festejar a tantos que celebraban su onomástica.

En las aproximadamente 3.500 fiestas a las que acudió con su violín, pocas veces dice haber sido por el cumpleaños de alguien; al revés que en estos tiempos nuestros, en los que muchos celebran los cumpleaños y muy pocos su santo u onomástica. San José, en Arenas de Parres, unas veces se celebraba en abril y otras en los inicios de mayo.

Siempre en abril festejaban a Sto. Toribio en Llueves ya San Vicente en Carrio. En 1908 registra en Bode, su pueblo, una que llama:“Fiesta del cuchu”; en 1910 la denomina “Fiesta del cuchu de Leo”; en 1917 y 1924 es, otra vez, sólo del “cuchu” y, en 1927, la denomina “del cuchadero”. Lo curioso es que en cuatro de estas ocasiones anota cero ingresos y en una sólo 6 reales. Y es que algunas veces tocaba gratis, proyectaba bailes por su cuenta o los organizaba en su casa para los mozos o mozas del pueblo. Santianes del Terrón tenía baile en esas fechas y Sta. Lucía, en Soto de Cangas, también se celebraba en abril, no en diciembre.

En Narciandi fue contratado para el baile de un argentino; otras veces era de un americano, o de un indiano, o de un mexicano.

Bodas, concursos de bolos, sacramentales, ninguna fiesta le era ajena.

En mayo siempre anotaba en su agenda las celebraciones de la “feriona” de Corao, a veces dos días seguidos, el 26 y el 27. Las Flores en La Riera, en Dego, Fíos, Cayarga…etc. se celebraban-preferentemente- el día de inicio, el 1 de mayo, o el de conclusión, el 31.

Para Santa Rita, en Arriondas, los días 22 y 23 acudía a la hoguera, misa, romería y verbena, así como a la feria. Junio estaba marcado por San Antonio en Pendás, Llerices, Corao, Linares, Fuentes, Triongo y Arriondas. Es curioso que sólo en dos ocasiones le encontremos tocando en Cangas de Onís, en una procesión del Corpus, en 1904, y en un baile de mozas, en Cangas de Arriba, dos años después. Bien es cierto que sus cuadernos de anotaciones entre 1892 y 1902 están perdidos.

También en junio acudía a San Juan, en Parres, con hoguera, misa y bailes de tarde y noche. A veces había baile por San Juan en El Portazgo, pero lo normal es que dicha fiesta fuese en Arriondas. Cerraba el mes San Pedro, a la puerta de su casa, en Bode.

Julio y agosto eran meses muy festivos, ayer como hoy. Los Remedios, en Vallobil y en Teleña; San Buenaventura, en Calabrez; el Carmen, -celebrada durante siglos en Cuadroveña- y, después, en Arriondas; Santa Marina, en Berbes; La Magdalena, en Fuentes; Santiago, en Pendás; Sacramental y el Perpetuo Socorro, en Viabaño. Cada 10 de julio -desde 1924 hasta 1928- fue contratado para tocar -sólo durante la misa- en el Palacio de Coviella, por ser en esa fecha la onomástica de la “señorita Amalia”.

El 4 de agosto de 1909, por la fiesta Sacramental en Bobia, percibió 150 reales (récord de aquel año) y 50 más al día siguiente, por Las Nieves de la misma localidad. Trece años después, en 1922, acudió a Las Nieves de Cuadroveña -por primera vez- y la sorpresa fue que le pagaron 240 reales, una cantidad que jamás había recibido por una sola fiesta. Allí tocó en la hoguera, misa, romería y verbena. En San Ramón de Alea, por tocar en la misa -además de por la tarde y la noche- percibió 120 reales y, en San Lorenzo de Romillo, 80 rs. por la misa y la romería. También en Villanueva celebraban Las Nieves desde hacía muchos años.

Como vemos, casi todas las fiestas guardaban relación con el patrono del lugar o con las numerosas advocaciones religiosas bajo las que estaban capillas, iglesias y santuarios. Hace un siglo el 90% de la población de esta zona oriental asturiana cumplía lo que llamaban “obligaciones religiosas”. Actualmente no llega al 8%.

Siguen sus anotaciones en agosto con San Roque: en Las Rozas, Arobes, Bada y Bode. Al cumpleaños de D. José Blanco, en Cuadroveña, iba cada 22 de agosto y percibía 100 reales por tocar tarde y noche; (obsérvese que éste señor era tocayo del violinista y coincidían también en el primer apellido). San Bartolomé era para Margolles y Sobrepiedra; el Socorro, en Villanueva; San Ramón, en Coviella y Beceña;la Velilla, en Tárano; Ntra. Señora, en Corao; los Ángeles, en Dego; Sto. Domingo, en Granda; San Agustín, en Tresmonte, todos eran habituales en ese mes estival.

Villar de Huergo, en Sevares, le abonaba 200 reales por su fiesta del 8 de septiembre, con hoguera incluida. Algunos años acudía a Covadonga los días 8 y 9 por los que cobraba 100 rs., lo mismo que por un día en La Riera, el 14, en la fiesta de El Nazareno. Cada 8 de septiembre de los años 1906, 1907 y 1908, el récord de ingresos se los proporcionó la fiesta en honor de Ntra. Señora de Rozada, en Sirviella, Onís. Por la hoguera, misa, romería y verbena de cada uno de esos tres años percibió 140 reales; bastante dinero para una fiesta de hace más de un siglo. Sobre ésta antigua advocación de Rozada he comprobado que se conservan datos en los archivos diocesanos desde 1654.

Y ya que estamos en Onís, existen manuscritos originales sobre San Pedro de Avín, (desde 1646); Sta. Eulalia, en Benia, (desde 1636); San Roque (1687); San Antonio de Robellada (desde 1639); del Cristo de las Injurias, en Sirviella (desde 1715), y de San Juan de Talavero (1871). Pero la documentación más antigua conservada hace referencia a Ntra. Señora de Castru, desde 1607.

Los nostálgicos del folclore ponían el grito en el cielo con aquellas danzas modernas que empezaban a verse. Bailes de “agarraos”, como eran los chotis, pasodobles y vals; un escándalo -consideraban los moralistas- era el tango; bailes, todos ellos, tan lejanos de la inocente y aséptica distancia requerida por las típicas danzas asturianas.

Septiembre concluía con San Cosme en Llerandi, Narciandi y Cavielles; San Miguel, en Cofiño; La Salud, en Caño; La Esperanza, en Collera; La Consolación y San Julián, en Caravia; lo mismo que San Mateo, en Tornín; todas eran citas festivas seguras en esta comarca asturiana, cuando el verano se despedía.

Echando un vistazo a decenas de programas de fiestas -recogidos por la prensa asturiana de comienzos del siglo XX-, los festejos que más se repetían eran las hogueras y romerías con música de gaita y tambor, los bailes de giraldillas y las danzas, pero ya aparecen los novedosos sones de organillos, bandas de música, acordeones y guitarras.

Octubre comenzaba con la fiesta de los Pacos, Panchos, Xicos o Quicos, (que todos son Franciscos); así San Pachu en Següencu, Montealea y Lago abrían las celebraciones cada 4 de octubre.

Los Ramos en Triongo aparecen en su agenda desde 1904 hasta 1920, pero en los ocho años siguientes anota la fiesta del Rosario y no la de Los Ramos.

La sidra era la reina de las bebidas en todas las fiestas, pero el vino -y el alcohol en general- comenzaba a hacerse notar.

Noviembre era para Sta. Catalina, en Toraño; San Andrés, en Pilanegru-bien próximo a Arriondas- con fiesta y feria; también había amagüestos en bastantes lugares, así como multitud de los que se llamaban “bailes de la mocedad”.

Habrá que imaginar las carreteras de principios del siglo pasado. En el diario ovetense “El Carbayón” se denunciaba que éstas “se hallan tan abandonadas que da lástima verlas”, puesto que en su firme “el lodo hace casi imposible el libre tránsito”. Los caminos vecinales solían presentar un aspecto penoso, con baches, argayos, piedras y barro. A buen seguro que, en muchas ocasiones, nuestro violinista habrá sufrido una costumbre típica de la época como era echar narvaso (caña del maíz con su follaje y ya sin mazorca o “panoya”) y “rozu” entre los barros pisoteados por el ganado, que después fermentaba y acababa sirviendo como abono para los campos.

La sextaferia ya era costumbre vecinal; (la sextaferia, tanto en Asturias como en Cantabria, era siempre los viernes, como su mismo nombre indica: sexto día de la semana; siendo el domingo el primero, no el último).

En diciembre pasó varias veces por La Concepción, en Beceña y Piñeres; Sta. Eulalia en Corao, o por Sta. Lucía, en Castiello. Pero la más celebrada parece que era la Purísima, en Berbes. Su hoguera, misa, tarde y noche de varios años, fueron amenizados por el violín de D. José Blanco y el tambor de su esposa y acompañante Dña. Sofía Fernández, de Pendás.

¿Utilizaría el mismo instrumento musical durante treinta y siete años? No parece creíble, porque en tantos cientos de actuaciones, sometido a todo tipo de transportes y oscilaciones de temperatura, precisaría algún recambio para que la “industria musical” no decayese. Parece ser que no sólo tocaban el violín y el tambor, sino que también los acompañaban con la voz, cantando las canciones de moda.

En 1892 dejó anotados 2.464 reales de ingresos; en 1902 fueron 4.280; en 1912 sumó 4.248, en 1922 llegó a 6.446 y, en 1928, comenzó la retirada en éste su trabajo, puesto que los ingresos fueron sólo de 1980 reales.

Otra forma de divertirse se abría camino. Todo tipo de músicas grabadas en disco y reproducidas por el nuevo invento -llamado gramófono-, vino a revolucionar las costumbres musicales durante tantos años intocables.

El diario se cierra en agosto de 1929 con la fiesta de San Bartolomé, en Sobrepiedra. Tocó sólo en la misa y percibió sus últimos 60 reales. A partir de ahí, su plumín de escritura no visitó más las páginas que tan bien conocía. El viajero violín descansó de sus largos periplos festivos por estos concejos del oriente.

En las primeras tres décadas del siglo XX la búsqueda de una vida mejor había llevado a América a casi 260.000 asturianos y, entre los ochocientos que emigraron en 1930, embarcó nuestro violinista -ya con 59 años-, junto con su esposa Sofía, de 48. El destino tradicional de los asturianos era Cuba, a donde emigraban en esos años casi el 80%. En la República de Cuba, en plena crisis económica mundial y en un ambiente revolucionario contra la dictadura de Gerardo Machado, asistirían a huelgas generales que nunca se habían imaginado. ¡Cuántas veces se acordarían de las mil y una fiestas a las que asistieron como “protagonistas estelares” en su lejana Asturias! En Cuba don José trabajó de dependiente muy pocos años y regresó de nuevo a Bode, donde había nacido y donde falleció antes de la Guerra Civil, mientras su esposa le sobrevivió hasta 1960.

Dejó cinco hijos: Juan (que también estuvo en Cuba), Ángeles, Manolo (fallecido en Cuba), Lucas (municipal en Arriondas durante largos años) y Piedad.

El ciclo de otra vida se había cerrado sin imaginar jamás que hoy, -en los inicios del siglo XXI-, tantos años después, cientos de personas le recordaríamos al leer estas líneas, la mayoría en los mismos pueblos y villas por los que pasó alegrando la vida de nuestros antepasados, que no sé bien si eran más, menos o igual de felices que nosotros.

Mi agradecimiento a Álvaro Palacios González, concejal de nuestro Ayuntamiento de Parres, quien ha puesto a mi disposición este diario de trabajo de su bisabuelo, sin el cual no hubiese sido posible elaborar esta emotiva reseña músico-laboral.

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