ORICIOS, PIMIENTOS Y PICARDÍES

POR JOSÉ ANTONIO FIDALGO SÁNCHEZ, CRONISTA OFICIAL DE COLUNGA (ASTURIAS)

Frío y nieve en el Cantábrico. Temperaturas bajo cero (escala Celsius), tormentas y similares.

La “Bestia Siberiana” (antes invernada o frío polar) complementa a una ciclogénesis (antes vendaval o galerna) cargada de aguas. Resultado: nieve a “punta pala”, y nunca mejor dicho.

Porque, no lo duden, habrá que utilizar más que palas para dejar expeditos (¡qué cursilada!) senderos, caminos y caleyes.

Fríos invernales y luna llena señalan tiempos de oricios (arcinos, arancinos, aleznes, erizos de mar).

Huerres, en Colunga, abre en estos días primeros sus JORNADAS DEL ORICIU; también lo festeja el restaurante avilesino YUMAY, y la próxima semana, la COFRADÍA DEL ORICIU, de Gijón, celebra solemnemente su GRAN CAPÍTULO donde, junto con el Centro Asturiano de Madrid, seré investido como COFRADE DE HONOR.

Sobre las cualidades de los oricios se ha escrito mucho, al menos desde aquellos lejanos tiempos de la cultura griega clásica.

Ateneo de Náucratis (Athenaios Naukratites), sabio griego de origen egipcio (siglo II-III) escribió así de los oricios en el libro III de su magna obra “El Banquete de los Eruditos” (Deipnosophistai):

“Los erizos son tiernos, a jugosos, malolientes, producen saciedad, digestivos y tomados con ojimiel, perejil y hierbabuena, son estomacales, dulces y sabrosos.

Los mejores de ellos son los rojizos, los de color verde manzana y los más gruesos”.

Según este sabio sabemos que Aristóteles distinguía entre los oricios comestibles y otras especies que denominaba “spatángai” (plural de spatanges), también citados por Sofrón (430 a d C) y Aristófanes (450-385 a d C).

Precisamente este último, en “Los buques de carga”, asocia humorísticamente, aunque un tanto obsceno, a los oricios con los genitales femeninos en esta reflexión: “Devorando, relamiendo el spatánges por abajo”.

Los asturianos, que algo heredamos de la cultura griega a través de Roma y de la influencia árabe, traducimos a nuestro modo la picardía:

“Hay oricios en la tierra,
hay oricios en la mar
y hay oricios en la cama-
¿Con cuál te quieres quedar?”

Hace muchos años, allá por 1986, propuse en mi colaboración semanal en LA NUEVA ESPAÑA una receta de PIMIENTOS DEL PIQUILLO RELLENOS DE ORICIOS.

La recupero para ustedes.

Los pimientos (conservados en tarro de vidrio, mejor) se lavan y reposan durante una media hora en un baño de vino blanco. Se sacan y escurren.

Aparte, se elabora una bechamel con leche, mantequilla, harina y un punto de sal ; ya en su punto se agregan corales (“güévares”) de oricios, mezclando bien.

Se rellenan los pimientos con este preparado, se rebozan en harina y huevo, fríen en aceite y se disponen en una cazuela de barro.

Se tendrá preparada una salsa de tomate, que se mezcla con la bechamel sobrante, y con ella se cubren los pimientos rellenos. Gratinan en horno.

NOTA.- Conviene , antes de cubrir los pimientos, pasar la mezcla de bechamel-salsa de tomate por el pasapurés de agujeros finos

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