LA PRIMAVERA DE LA ESPERANZA

POR VICTORIANO BORREGUERO, CRONISTA OFICIAL DE TURÉGANO (SEGOVIA)

Eva al desnudo en la primavera de la esperanza: “yo soy aquél que ayer no más decía el verso azul y la canción profana, en cuya noche un ruiseñor había que era alondra de luz por la mañana” -es parte de un poema del nicaragüense Félix Rubén García Sarmiento, conocido como Rubén Darío (1867/1916), tal vez el poeta que ha tenido mayor y más duradera influencia en la poesía del siglo XX en el ámbito hispánico, y que es llamado Príncipe de las letras castellanas.

“Eva al desnudo” es un cuento de nueve páginas que está inspirado en la historia de una mujer que había sido secretaria de una actriz. Se trata también del título de una película estadounidense de 1950.

Mientras observaba con confusa suspicacia los desfiles del Día Internacional de la Mujer en recuerdo del 8 de marzo de 1857 cuando el incendio de una fábrica de camisas de Nueva York en el que murieron 146 personas y marcó la lucha por los derechos de la mujer.

Con su ingenio y encanto habituales, Mark Twain (1835-1910), uno de los más grandes escritores de nuestro tiempo, presentó la historia del Jardín del Edén. Allí los divertidos y amenos diarios de Adán, el padre legendario, y de Eva, la madre de la raza humana. Ya va siendo hora de que el Congreso de Diputados se llame simplemente “Congreso”.

Del mismo modo que el “Senado” no se llama Senado de senadores y senadoras y se llama simplemente Senado.

Los hombres y las mujeres desde que evolucionaron de unos primates han sido siempre Traficantes de Sueños como el título de un libro escrito por Harold Robbins que compré en un rastrillo de libros baratos -un libro, un euro, cuatro libros dos euros-. “Traficantes de sueños” lo escribió el autor en el año 1949.

Robbins se casó cinco veces, y desde 1982 necesitó usar una silla de ruedas, lo que no le impidió seguir escribiendo. Pasó mucho tiempo viviendo en la Riviera Francesa y en Montecarlo, hasta que murió por problemas respiratorios el 14 de octubre de 1997. Tenía 81 años. Harold Robbins llegó a ser tan conocido que incluso recibió una estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood Boulevard, concretamente la número 6.743.

El libro comprado en el rastrillo está dedicado de puño y letra y esto escribió alguien el 18 de julio de 1986: “Muchas veces soñamos juntas con el futuro y aunque no sabemos si se hará realidad siempre volvemos a soñar. Por nosotras”. En la dedicatoria aparecen dos mujeres -¿hermanas, amigas, amantes?-. La única pista que tengo es que Toris y Dulce eran las dos mujeres que marcaron el camino de su vida, y resolver ese problema y escribir una novela con ello sería un reto sobresaliente.

Dicho lo cual y, modestia aparte, aunque parezca raro retrocedo más de dos milenios y acudo a Confucio, el más famoso de los filósofos chinos. Nació 500 años antes de Cristo.

Cuatro siglos después de su muerte el confucianismo fue adoptado como doctrina oficial bajo la llamada dinastía Hàn.

El confucianismo ofreció una influencia considerable en la Europa ilustrada. Filósofos como Voltaire o Montesquieu se interesaron por el pensador oriental y coincidieron en la idea de un gobierno basado en la educación y el mérito.

La preparación es la clave del éxito lo que se prepara con antelación tiene éxito, lo que no, fracasa. Algo organizado con antelación no encontrar ningún obstáculo infranqueable para su ejecución. Un asunto planteado con antelación no será abandonado por falta de recursos. Una norma de conducta fijada con antelación consigue el objetivo.

También decía que la preparación es la clave del éxito en todo. Y la falta de preparación supone el fracaso si terminas antes las palabras no tartamudearas. Si previamente fijas las palabras los asuntos no tendrás dificultades.

Según Confucio, nueve son las cosas en las que piensa el hombre superior: ver claramente cuando mira, escuchar con precisión cuando usa sus oídos, ser cortés, tener un porte respetuoso, ser consciente de sus palabras, ser reverente con sus ocupaciones, preguntar cuando duda, pensar en las consecuencias de su cólera, y pensar con la justicia siempre que haya una posible ganancia.

La preparación es la clave del éxito. Lo que se prepara con antelación tiene éxito lo que no la casa algo organizado con antelación no encuentra ninguna obstáculo infranqueable para su ejecución. Un asunto planeado con anticipación no será abandonado por falta de recursos una acción decidida con antelación no fallará por falta de consejo tiene presión una norma de conducta fijada con anticipación consigue el objetivo.

En cierta ocasión dijo el maestro que estudiar es como correr tras lo que se nos escapa con el miedo de perder lo que ya tenemos.

Siete reglas proponía Confucio en ese libro tan hermoso. La primera que la vía de la gran enseñanza consiste en desarrollar y esclarecer la virtud luminosa renovados a los hombres y alcanzar los máximos para la máxima perfección y la última, y la séptima, que no es propio de la naturaleza de las cosas que lo que se basa en el desorden y la confusión pueda tener como resultado algo conveniente. Tratar a la ligera lo que es principal y con gravedad lo que es secundario no es un buen método.

Atando cabos, en la primavera de la esperanza he recordado el cuento Eva al desnudo, los Aforismos de Confucio, a Rubén Darío, Harold Robbins y a Confucio y que salga el sol por Antequera, por no decir que por Carrascal de La Cuesta, Aldeazar y La Cuesta que pertenecen al municipio de Turégano del que soy cronista oficial desde el año 2006.

Fuente: http://www.eladelantado.com/

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