LAS PRIMITIVAS MURALLAS

POR ANTONIO GASCÓ SIDRO, CRONISTA OFICIAL DE CASTELLON

MAPA DEL 1563. Plano de Antonelli del perímetro murado del siglo XIV. – MANOLO NEBOT / GABRIEL UTIEL

Ya en el siglo XIII, la capital crecía en habitantes y edificaciones, pudiéndose señalar, en la última década del siglo XIII, tres nuevos portales, en Colón con Enmedio, la calle Mayor y Pescadores. El primer núcleo del nuevo Castellón se asentó, según marca el ‘Privilegi de Trasllat’, en la plaza Santa Clara, con las alquerías musulmanas de Benirabe diseminadas en el plano urbano.

Aunque falta documentación de archivos y arqueológica, cabe suponer que el núcleo inicial del Castellón cristiano ubicado según el Privilegi de Trasllat de 1251, debió ser el área sur y este de la actual plaza de Santa Clara, lugar en el que un monumento del escultor Llorens Poy, de 1985, hace referencia a la historia local. El colectivo de alquerías, conocido como Benirabe, debería estar situado en torno a un viejo sendero de dirección norte sur, coincidente con la actual calle Mayor. La estructura de la nueva localidad poco tuvo que ver con la disposición de las discontinuas alquerías musulmanas. Bien por el contrario, el trazado planimétrico siguió un modelo de emparrillado, muy frecuente en el siglo XIII particularmente en el sur de Francia, y presente en localidades levantadas tras la reconquista en el área valenciana, como Vila-real, Almenara o Nules.

Su breve núcleo de hinterland ocuparía, en los años inmediatos a la fundación, un área que iba desde la actual calle Barraca a la de Colón, cerrando por las de Gumbau y Pescadores hasta la altura de la calle Cazadores. Medio siglo más tarde, el rectángulo estaría cerrado al norte por Colón y plaza Cardona Vives; al este por la calle Gobernador; al sur por la periferia de las calles Pascual i Tirado, Isaac Peral y Campoamor; y al oeste, por Enmedio.

/ MANOLO NEBOT / GABRIEL UTIEL

Las defensas del siglo XIII

Castellón crecía en habitantes y edificaciones, pudiendo señalar la presencia, en la última década del siglo XIII, de tres portales nuevos en la primitiva muralla, conocidos como la Porta ad sassum, situado frente a la Porta Mijana en la confluencia Colón-Enmedio; el Portal de Valencia al mediodía en el inicio de la calle Mayor y el Portal de Tortosa, en el extremo norte de la actual calle Pescadores, dando al Barranc de l’Aigua (actualmente es la plaza de Cardona Vives).

Décadas más tarde, se puede hacer mención de las torres cantoneras del llamado Fossar dels Juheus o del noroeste; la del noreste, junto a la que, en poco tiempo, se construirá el Portal de l’Aigua o de Sant Agostí; la del Coll de Balaguer al sudoeste y la del Migjorn al sudeste, recientemente descubierta. Esta circunvalación murada pronto conocerá cambios, como consecuencia del incremento de población, pues en el inmediato cambio de centuria aparece, un nuevo tramo de fortificación al norte, entre las actuales calles Isabel Ferrer y Mealla, a la que muy posteriormente se otorgará el popular nombre de canyaret, en atención a las cañas que crecían en el foso colindante, excavado a sus pies.

No podría suponer el rey Pedro IV que las órdenes que había dado para que se fortalecieran las defensas de Castellón, iban a serle tan adversas en la guerra de la Unión. En efecto, tiempo antes de la ofensiva, la ciudad ve como se incrementa su fortificación con la mejora y ampliación de sus murallas, para cuyo bastimento el monarca había dispuesto, en 1339, que «se haga la contribución que está ordenada».

Los conciudadanos ya habían sido autorizados, 20 años antes, a tirar de pico y pala y llevarse tierra del par de fosos sucesivos, excavados ante los muros, lo cual permitía que aquellos fueran más anchos y profundos. Para salvar estas zanjas existían unos puentes de madera que, no consta en legajo alguno, pudieran ser levadizos, como los había en los castros o en las ciudades de más importancia. Las murallas cumplieron bien su cometido en las hostilidades, al sufrir el asedio de las tropas reales, lo cual debió suponer no poco deterioro, que el rey Pedro IV ordena, en 1349, que se repare.

La fortificación

La conservación del cerco de la villa fue un problema a lo largo de toda la Edad Media y singularmente en el siglo XIV. Hay constantes referencias documentales de exigencias de remiendo del mismo por parte de los poderes públicos del reino. El contorno del baluarte de tapial, lo cual explica su constante deterioro, era de 845 brazas, lo que casi equivale a 950 metros lineales, comprendiendo una superficie total de 180.000 m2. La construcción de cada tramo, con sus correspondientes torres, estaba a cargo de los vecinos que habitaban cada una de las parroquias, las cuales coincidían en uno de sus lados con la fortificación.

Para su reclutamiento se movilizaban en grupos de diez (deenes), colectividades de trabajo que intervenían, asimismo, en construcciones de utilidad pública, como las reparaciones del azud común de Castellón y Almassora. Los materiales y la retribución del encargado de obras las pagaba el consistorio. En el imprescindible libro Elenco de fechas para la historia urbana de Castelló de la Plana, publicado por la Sociedad Castellonense de Cultura, tenemos un numeroso compendio documental sobre las obras públicas de la población capitalina.

Refiere José Sánchez Adell que en el primero de los Llibres de Consells, fechado en 1374, aparece un texto en el que aparecen las medidas del perímetro de la villa. Según aquel, el flanco norte presentaba un chaflán al noreste en arco, adaptándose a la curva de la acequia Mayor, continuando el muro de fortificación, tras una torre flanquera hasta el portal de Pauls (después del Hospital) por el que la calle Mayor se abría a la hoy plaza de María Agustina. Seguía la torre dels Alçaments, o de Sant Pere, hoy conservada en el sótano de la plaza de las Aulas, siendo el mejor testimonio arqueológico de las particularidades de la muralla, junto con unos fragmentos aparecidos en la calle Gobernador.

Las torres cerraban

La torre se descubrió al excavar el aparcamiento subterráneo en ese lugar en diciembre de 1994. Junto al Portal d’En Pomar estaba la torre Jussana (de abajo), salida, ésta, que coincidía con el final de la actual calle Enmedio. La torre de l’Esperó cerraba Alloza. De la Torre Cantonera Cap de la Vila o del cementeri dels moros al oeste, frente a la actual plaza del Rey, que remataba en ángulo el lienzo norte, no quedan vestigios, siendo el fragmento de la torre que se encuentra debajo de un popular bar con forma de autobús, datable en el siglo XVI.

La fachada oeste presentaba el portal de la Fira en el acabamiento de la calle Colón y se remataba en ángulo por la torre vers l’Alcalatén. En el extremo meridional de la calle Enmedio, en el lienzo sur, estaba la puerta d’En Guardiola, llamada posteriormente dels Gascons. La calle Mayor se abría en la muralla por la d’En Passanant, también conocida como Portal de l’Om. Frente al molí roder, en el ángulo sudeste del cercado, estaba la Torre Cantonera del Migjorn, siglos más tarde convertida en el portal del Roser. Este baluarte, con el mismo aparejo de mortero y grandes cantos que la torre dels Alçaments, apareció con motivo de la excavación de las obras del TRAM, en el 2013.

El lado este del muro iba paralelo a la acequia mayor, en la cual se establecieron varios molinos para aprovechar la fuerza de sus aguas. El Portal de Sant Agostí, como se ha dicho, estaba frente a lo que fue el primitivo convento y posteriormente se conocería como de l’aigua, por ser el lugar en donde los vecinos llenaban del agua de la acequia sus cántaros y cubos. Actualmente ha aparecido un lienzo de la fortificación, que aún permanece. Merece la pena tener en cuenta que muchos de los nombres populares de los portales o de las calles eran en aquellos tiempos adjudicados en razón de los apellidos de conocidos ciudadanos que tenían sus casas vecinas a ellos.

Las murallas y sus fosos

Las murallas estaban rodeadas de uno o dos fosos, que también servían para desaguar las aguas residuales de la población, hecho que supuso graves inconvenientes de salubridad, que obligaron a los munícipes a dictar severas medidas, sobre todo en el estío, prohibiendo la evacuación de estos líquidos pestilentes en los que flotaban excreciones más sólidas. El nombre vernáculo un tanto despectivo de vallàs, que se adjudicaba a estos fosos, se transfirió, con posterioridad, al alcantarillado de aguas fecales, todavía conocido abierto por las gentes de la generación de este cronista.

Las torres, a más de su doble cometido de defensa y de trabado de los lienzos de la muralla, servían para encender fuegos en su techo con propósito de aviso o de celebración y en su base solían abrirse capillitas con advocaciones de devoción popular.

Desde atrás del portal de la Fira arrancaría el camí del Collet, hasta el río Seco, vadeándolo con un puente. Hacia Borriol marchaba el camí de la Garrofera, que aún es recordado por los más ancianos como una ruta ancestral y partiendo desde la plaza de Clavé (el citado portal d’En Pomar) estaba la vía llamada ya en la edad moderna dels Cànters, que conducía hasta el área de lo que fue regimiento militar Tetúan XIV.

‘Solo’ 4.000 habitantes

En cuanto a las calles, podemos hacernos a la idea de las existentes, contemplando los planos que e arquitecto Vicente Traver confeccionó a fin de describir la evolución de la villa, a lo largo de los siglos XIII y XIV. Las proporciones de la planimetría y el recuento efectuado del hábitat, en la segunda mitad del siglo XIV otorgan a Castellón una población que podría rondar los 4.000 habitantes. También conviene hacer mención al plano de la Crónica de Viciana de 1563, que en su simplicidad da una idea de la distribución del emparrillado urbano, y el de Juan Bautista Antonelli del año anterior que permite ver el perímetro murado con los portales y las torres del siglo XIV.

Fuente: https://www.elperiodicomediterraneo.com/

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