HOY 25 DE MARZO DE 2019 SE CUMPLEN 266 AÑOS DE LA BENDICIÓN DE LA FUENTE DE LA PLAZA

POR JUAN CÁNOVAS MULERO, CRONISTA OFICIAL DE TOTANA (MURCIA)

Restaurada la fuente de la Plaza recientemente, Totana se goza de tan certera actuación, disfrutando de la esbeltez, belleza y suntuosidad en que fue levantada a mediados del siglo XVIII, pero también hemos de recordar que en estos días se conmemora el 266 aniversario de su bendición.

El 25 de marzo de 1753, después de varios años de trabajo y de vencer intensas dificultades, afrontando las limitaciones económicas que con demasiada frecuencia han afectado a la villa, los vecinos y vecinas de Totana podían disfrutar ese día del júbilo y la alegría al ver brotar de la fuente el agua que con tanta ansiedad y necesidad venían demandando. Se trataba de un reto de singular importancia pues las obras excedieron los 150.000 reales. Téngase en cuenta que en ese tiempo un cordero importaba 14 reales.

Para celebrar tan trascendental acontecimiento Totana, solemnizándolo con regocijo, se congregaba en la plaza principal, en el emblemático espacio en donde convergen los símbolos del poder temporal y espiritual. El entonces cura de la villa, Miguel Antonio de Campos y Salcedo procedía a la bendición y ya con el beneplácito «de Nuestra Santa Madre Iglesia» comenzó a correr el agua por sus 24 caños, 18 inferiores y 6 superiores. La jornada se vivía «con felicidad y general alborozo del pueblo». Presidiendo el acto la corporación municipal. Al frente de ella, el alcalde mayor, el licenciado Antonio Fernández Araujo. Para festejar tan extraordinario logro, se debieron de engalanar las principales calles con mantones y motivos vegetales, como era propio en ese tipo de eventos, complementándolos con el encendido de luminarias al llegar la noche y, probablemente, con «bailes, alborotos y fiestas».

Esta obra que comenzaba su andadura en 1750 condujo las aguas desde el nacimiento de La Carrasca, en el corazón de la Sierra de Espuña, a los pies del Morrón, hasta la entonces villa de Totana, recorriendo para ello una distancia que sobrepasaba los 17 kilómetros, salvando un desnivel de 876 metros y vadeando ramblas y vaguadas. Un cometido de especial dificultad en el que tuvo un primordial protagonismo el totanero Silvestre Martínez Teruel (1689-1755), cuya habilidad, capacidad y responsabilidad le llevó a asumir diferentes proyectos. Su saber le permitió fundir campanas, pintar obras de prestancia, tallar, dorar y esculpir, entre otras muchas tareas. El dominio de tan diversas habilidades hizo que el Ayuntamiento en 1730 dijese de él que era persona «hábil en todo género de menestería» y que el padre Ortega puntualizase, un tiempo después, que Silvestre era «de un genio tan universal y peregrino que de todas las artes entiende con primor». Un totanero que merece nuestro reconocimiento, respeto y admiración, como también que su nombre figure entre los grandes de esta tierra. En colaboración con él trabajaron Pedro de Mora Cánovas y Javier Molino. Ungiendo tan magnífica construcción, el escultor Juan de Uzeta ejecutó su coronación y remate, un fragmento de excelsa elegancia y calidad. Por otra parte, los canteros, Juan Moreno y Pedro Litrán, labraron las piezas de jaspe.

Se presenta la fuente en plenitud de testimonio y expresión de esencias barrocas. Lo voluptuoso de sus formas conduce hacia lo sutil, atenuando la materialidad y solidez de lo pétreo. En un diálogo de proximidad con el espectador atrae la atención por la airosa prestancia en que se configura su funcionalidad, convirtiéndose en un icono de la ciudad y en un referente clave de su realidad histórica. Lo sugerente de sus líneas evoca las aspiraciones de Totana, ofreciendo un canto de homenaje y reconocimiento al quehacer de sus gentes, a la creatividad y superación de tantos totaneros y totaneras que a lo largo del tiempo han forjado el carácter de sus habitantes.

Fuente: https://www.totana.com/

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