EL «CALDO» DE RABIZAS Y LAS «CARRERAS» EN LAS MEDIAS

POR JOSÉ ANTONIO FIDALGO SÁNCHEZ, CRONISTA OFICIAL DE COLUNGA (ASTURIAS)

Ustedes, amigos lectores (yo sigo las normas de la RAE y para los genéricos utilizo el masculino plural), son los que mandan y, pueden creerme, disfruto mucho al atender sus sugerencias.

Vamos, pues, con las indicaciones que ayer me solicitaron las amigas TERESA MÍJEZ Y GEORGINA FERNÁNDEZ.

Y, como siempre acostumbro, contaré alguna historia. «Un cuentu que non ye cuentu; un cuentu que ye verdá».

Aunque «la cosa» empezó hacia 1930 con las investigaciones de W.H. Carothers y J. Hill (Du Pont de Nemours; Wilminton – USA) en búsqueda de una fibra sintética que sustituyera a la seda, el «anuncio» de su descubrimiento no se realizó hasta 1938.

Se trataba de un polímero, consecuencia de la condensación del ácido adípico (hexanodioico) con la 1-6,hexadiamina (hexametilendiamina).

Como ambas sustancias tienen en sus moléculas 6 átomos de carbono, al polímero se le llamó inicialmente «66» y después tomo el nombre de NYLON, o NAILON como se dice ahora.

Esta fibra, análoga a la seda natural y mucho más barata que ella, empezó a destinarse a la confección de prendas de lencería femenina (sujetadores, bragas, combinaciones, medias…) a partir de 1945, siendo difícil su adquisición en España hasta que fue superada la época del «boicot» (sobre 1955).

A las medias de nylon, al menos en Asturias, se las llamaba «de cristal» (tal era su transparencia) y dado su precio caro era preciso «repararlas» si se rompían. Lo normal era una pequeña rotura («PUNTO») que luego se extendía a lo largo de la prenda («CARRERA»).

Así nació una «nueva profesión»: La de costurera que COGÍA PUNTOS A LAS MEDIAS.

Era una actividad sencilla, que no exigía complicas instalaciones, y que compensaba económicamente a quien la realizaba.

Actualmente no tiene sentido alguno su presencia. Resulta más caro «coger los puntos» que comprar medias, pantys o leotardos nuevos.

Lo que no se ha perdido -¡bendito sea Dios- es el pote popular de hojas de nabos (rabizas) o de grelos (cimois), tan presente en las cocinas del suroccidente asturiano.

Por estas comarcas a tal pote o puchero se la conoce como CALDO, pero debe entenderse que no es «caldoso» al modo del caldo gallego, sino que es similar al pote de berzas clásico de toda Asturias.

Teresa Míjez elogia el pote de Boal (cita al Restaurante Prado) y yo hago los honores al de Taramundi (Hotel Taramundi) donde Consuelo Rodríguez «lo borda» con arte celestial.

Háganlo así:

Pongan a cocer en agua unas alubias blancas junto con el compango que deseen (morcilla, chorizo, tocino, lacón, oreja, rabadal, huesos, costilla…) y un poco de unto. Cuando las alubias estén casi a punto, añadan patatas escachadas en trozos mediano-pequeños y continúen los hervores. Agreguen después las rabizas o los cimois cortados a mano, mejor que a cuchillo, y continúen con la cocción hasta el «punto final». Dejen reposar y sírvanlo muy caliente.

Un consejo. Si quieren conocer la esencia, presencia y potencia de la cocina de BOAL, les recomiendo el libro de MARIA TERESA LÓPEZ GARCÍA, hija del escritor y poeta Benjamín López, titulado «DENDE A LLAREIRA CON SEÑARDÁ» (Fundación Nueva Asturies. 2009).

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