SUDOR DE SANGRE EN EL HUERTO DE GETSEMANÍ.

POR APULEYO SOTO, CRONISTA OFICIAL DE BRAOJOS DE LA SIERRA Y LA ACEBEDA (MADRID)

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I

Nadie lo ha escrito, mas es
verdad como aquí la cuento
que María estuvo orando
con Jesucristo en el Huerto.

En medio de la agonía,
el sudor y el sufrimiento
que su Hijo padecía
entre el olivo y el cielo,

la Virgen le acompañó.
¡Ay, qué hermoso sacramento
de amor maternal la noche
que Dios no fue Dios! Yo veo

a Cristo entre los apóstoles
y allí a María con ellos.
-Velad conmigo, les dice,
mientras Yo voy más adentro.

Lo intentan dos y tres veces
y caen vencidos del sueño.
María se tuvo en pie
hasta el último momento.

Judas se acerca con guardias.
Le traiciona con un beso.
-Él es, grita y se escabulle.
Desnuda su espada Pedro.

II

Hacia el palacio de Anás,
bajo un rebrillo de aceros,
va maniatado y cautivo
entre lobos el Cordero.

Una mujer se divisa
a la luz de los luceros.
Es la Madre de las madres,
la esposa del Carpintero,

aquel nardo de José,
sierra que sierra maderos.
Cruces, cruces, cruces, cruces.
Ya no hay en Israel cedros.

El Arca de la Alianza
no guardará más secretos.
Mañana se rasgarán
los muros sacros del Templo.

Amarrado

III

De mármol es la columna.
De espinas es la corona.
De esparto y hierro son los
látigos con que le azotan.

La Virgen le está mirando.
La Virgen, llora que llora.
Los sayones cumplen órdenes
hasta que llegue la Aurora.

No amanece, no amanece
y el gallo canta a deshora.
Judas se cuelga de un árbol.
Pedro se esconde en las sombras.

Caifás le despacha a Herodes.
Herodes suplica a Roma.
Pilatos, débil y turbio,
al populacho lo arroja.

-No quiero manchar mis manos.
Limpiad con Él vuestra honra.
Yo creo que es inocente…

Gólgota, Gólgota, Gólgota.

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