CULTURA A PELO

POR ALBERTO GONZÁLEZ, CRONISTA OFICIAL DE BADAJOZ

Hoy todo está subvencionado. Se vive el paroxismo de la subvención. No existe asociación que no cuente con ella. Para muchas es su medio de vida. En cuanto dos avispados crean una lo primero que hacen es pedirla. Lo que interesa es tenerla, no lo que se hace con ella. Algunas se crean únicamente para recibirla. La lista de los sinsentidos subvencionados es conocida. Desde el cine hasta lo que se quiera. Todo previsto por el mando.

Aunque no siempre fue así. Hasta el invento de la subvención el que quería hacer algo lo tenía que hacer con su dinero. Por eso había menos asociaciones, pero más resultados. Porque como cada cual se jugaba lo suyo solo se hacían las cosas después de pensarlo mucho, pues el fracaso significaba la ruina. Y la Administración no tenía que mimar a nadie.

Caso particularmente expresivo es el del teatro, una de cuyas etapas más florecientes en España fue la de los años cuarenta y cincuenta del pasado siglo XX. En plena posguerra. Tiempo en que las cosas no estaban muy boyantes y no había subvenciones. Pese a lo cual proliferaban las compañías de teatro, zarzuela y revista que funcionaban a sus expensas con elencos muy numerosos y de gran calidad, llegando a los lugares más remotos. Y los grandes autores. Aquello sí que era cultura y no lo que ahora se vende como tal al amparo de la subvención.

En Badajoz en concreto, la actividad teatral era constante a lo largo del año, a cargo de las mejores compañías, que de camino a Portugal paraban aquí ofreciendo hasta treinta funciones en una semana a teatro lleno con gente que se pagaba su butaca, pues tampoco se regalaban entradas. En la feria de San Juan, junto con los toros, el teatro era el plato principal.

Veamos un ejemplo de lo que resultaba habitual. Entre el 18 y el 25 de Febrero de 1943 actuó en el Teatro Menacho la Compañía Lírica de Luis Sagi-Vela, integrada por dieciocho actrices, quince actores, Orquesta Bética de Sevilla, y seis técnicos, todos bajo la dirección del primer actor, Valeriano Ruíz-París, que abriendo el programa con ‘Luisa Fernanda’ representó quince obras, la última, ‘La Gran Vía’.

Más de sesenta personas. A pelo. Sin subvención. Disparando con pólvora propia. Acontecimiento que se repetía varias veces al año. ¡Y aún dicen que el pescado es caro!

Fuente: https://www.hoy.es/

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