MEMORIAS DEL CONCEJO DE PARRES 1835-1985 (CAPÍTULO XXXIX)

POR FRANCISCO ROZADA MARTÍNEZ, CRONISTA OFICIAL DE PARRES-ARRIONDAS (ASTURIAS)

Los vecinos estaban obligados a hacer los arrastres de materiales para la construcción de puentes. Para ello un comisionado los avisaba previamente, se realizaba un sorteo entre ellos y si no cumplían con su misión eran sancionados.

Así, el día de 10 de julio de 1915 el comisionado fue multado con 2,50 pts. por no avisar en tiempo y forma de lo ocurrido en Llerandi. El caso es que este comisionado declaró que algunos vecinos se habían negado al arrastre de piedra para el puente de Carúa y molino de Fernando, por lo que la multa se extendió también a esos vecinos insumisos en la misma cuantía de 2,50 pts. por cada uno de los que les había tocado en sorteo y se negaron.

Ese mismo mes era declarado de utilidad pública el camino que uniría Collía con la carretera de Arriondas a Colunga y -el que sería alcalde por primera vez diez años después- José Aquilino Pando, colocaba un toldo en la delantera de su casa a una altura de 1,80 metros y así se lo comunicó al Ayuntamiento, pero cuando la comisión correspondiente acudió a verlo le ordenó elevarlo hasta 2,10 metros para que no fuese molesto para las personas de cierta altura, de acuerdo con las ordenanzas municipales.

Mientras, se autorizaba hacer un pequeño tendejón anejo a las Consistoriales para que el barrendero pudiese guardar su carretillo para la limpieza.

Fallecía por esos días en una tenada de Nevares J. F. y -dado el avanzado estado de descomposición del cadáver- nadie quería hacerse cargo del mismo para darle sepultura. Alguien lo hizo por 25 pts. y quedó por abonar la caja para más adelante.

Y como los retretes (así mencionados) de la estación del tranvía no tenían desagüe, se autorizó a que éste fuese al alcantarillado público, mientras un perito ovetense fue el elegido para medir, clasificar y valorar los terrenos y fincas a expropiar para la futura traída de aguas a Arriondas desde los manantiales de Piedratoba (en las proximidades de Ozanes).

No eran muy diligentes con las cuentas municipales, pues el Gobernador Civil remitió una providencia a la corporación con todo tipo de alegaciones a las cuentas de hasta quince años antes (1900-1905).

En quince páginas les hace todo tipo de puntualizaciones y aclaraciones.

Fue en noviembre de 1915 cuando alcalde y concejales vieron una máquina de escribir por primera vez en su vida.

Un viajante pidió permiso para mostrarles la misma como un avance de la modernidad y -apenas una semana después- decidieron verla tras el pleno municipal; la máquina utilizaba el sistema “Mignon”, pero aplazaron su compra porque faltaban muchos concejales. Una semana después decidieron…no comprarla.

Ocho meses después de comenzar las obras, finalizaba en diciembre el nuevo cementerio de San Juan de Parres, después de haber pagado una cuota de 25 pts. cada vecino, más la venta de sepulturas en propiedad y una suscripción de los vecinos que estaban en Cuba. Todos los vecinos acarrearon los materiales necesarios para la obra, pero cuando estaban a punto de concluir se acabó el dinero y el Ayuntamiento les proporcionó 400 pts. ya a cargo del nuevo presupuesto de 1916.

El camino desde la fuente de la iglesia de San Juan de Parres hasta el cementerio estaba trazado por una propiedad privada y su dueño (un vecino de Bada) se opuso al mismo; además, dos concejales se negaban a conceder las 400 pts. con el argumento de que quienes disfrutasen de los ingresos que proporcionaban la venta de parcelas para sepulturas que pagasen los gastos.

Las dos sesiones siguientes fueron el 25 de diciembre y el 1.º de enero (no eran festivos los días de Navidad, Año Nuevo ni el día de Reyes).

Con nueve votos a favor y dos en blanco, ese 1.º de enero de 1916 fue nombrado alcalde Ramón Cueto Póo (que lo sería durante nueve años) concluyendo su mandato Luis Gutiérrez, que lo había sido los cuatro años anteriores.

Había sido escribiente municipal César Cofiño, al que le concedieron 50 pts. como gratificación por tener que incorporarse a filas y su puesto fue solicitado como interino (decían temporero) por Tomás Cueto Álvarez, pero la respuesta fue que no era el Ayuntamiento quien cubría esos puestos.

Al ingeniero Alfonso Reigada le pagaron 1.000 pts. por el proyecto que había hecho para la traída de aguas a la villa desde Piedratoba.

El Gobernador Civil le concedió a la Compañía de Ferrocarriles Económicos el aprovechamiento de 43.200 litros de agua diarios del arroyo Quinta o Reciello, en Arobes, para que las “locomotoras” del tren se abastecieran en Arriondas y los vecinos de Arobes solicitaban 550 pts. para cubrir sus lavaderos de Caspio y Fontanina, que les había hecho la Compañía de Ferrocarriles.

El Ayuntamiento les respondió que ni siquiera los lavaderos de Arriondas tenían techo, pero -unos meses después- les concedieron 100 pts. para techar el lavadero de Caspio y 125 para Fontanina.

Dos gratificaciones quedaron registradas, una de 50 pts. para Ceferino Ovalle, de Margolles, por el mucho trabajo que tenía como sereno nocturno único del comercio y otra -también de 50 pts.- para Florentino Domínguez, vecino de Martín Xuan, que se había quedado en la ruina tras haber pedido su casa y enseres en un incendio.

Y -cada ocho días- se incrementaba el listado de pobres de beneficencia. Precisamente en esos días fueron avisados de que se les facilitaba gratis “suero” para vacunarse contra la epidemia que unos decían que era sarampión y otros creían que era difteria.

Para referirse a los concejales, el secretario utilizaba aún el término “individuos”, como había hecho desde siempre, pero comenzó en 1915 a utilizar el de concejal con más frecuencia.

¿Quién hizo el primer plano de población de Arriondas?

Pues el arquitecto José Quesada, y se le abonaron por ello 4.000 pts. en febrero de 1916.

Y el primer “pontigo” registrado sobre el río Sella en Santianes de Tornín se concluyó también en febrero.

Francisco Cardín fue el encargado de instalar 48 lámparas para el alumbrado público, y se le abonaron 96 pts. por ello, además de otras 50 de los jornaleros que colocaron los cables, brazos, corta-circuitos, etc. para las mismas.

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