PASIÓN DE CRISTO, CONFÓRTANOS

POR MANUEL GARCÍA CIENFUEGOS, CRONISTA OFICIAL DE MONTIJO Y LOBÓN (BADAJOZ)

(Imagen de Jesús de la Pasión, Iglesia Colegial del Divino Salvador de Sevilla, labrada por Juan Martínez Montañés -año 1618-, a la que sólo le falta respirar).

Bajo el sepia color de la nostalgia, el ovillo del recuerdo recorre ahora aquellas tardes idas del Jueves Santo. Tardes que avanzaban serenas, en calma, íntimas… envueltas en un aire especial y festivo. Llega el tiempo propicio para que desde una y otra orilla los Judas metan la mano en el plato y den besos traidores, y los Pedros nieguen. Es el tiempo en el que los cobardes huirán dejando solo al amigo. Es el tiempo de los Barrabás, de los salteadores. La hora de los salivazos, las bofetadas y los azotes. De aquellos que se rasgan las vestiduras. La hora de los que querían un juicio justo bajo una absurda farsa porque el reo estaba ya de antemano condenado. La hora de los sumos sacerdotes, repletos de prepotencia y soberbia; gente siniestra que busca, a costa de lo que sea, eliminarlo para seguir ocupando y atesorando los altos puestos del Sanedrín.

Llega el momento de las súplicas y advertencias de Claudia Prócula, que no sirvieron de nada. Ha llegado el tiempo de la burla y el desprecio de los Herodes tiranos. De las dudas y miedos de los Pilatos, presionados por los intereses, vencidos por conservar el poder y el cargo. Pilatos que falsean sus conductas un día sí y al siguiente también, lavándose, atemorizados, las manos y lanzando sus errores sobre los demás.

Es el momento de los Cirineos, que alivian la carga a los que se derrumban. La hora de las mujeres angustiadas. De la Verónica, del centurión, de los sayones, de los soldados. La hora de una madre que llora sin encontrar consuelo. La hora de cargar con el madero. De las espinas que se clavan en las sienes, de los clavos que traspasan. La hora del suplicio, del dolor, del abandono y la desnudez. La hora de la sequedad. Llega el momento de los Dimas y los Gestas, los ladrones. La hora de hacer público un testamento. La hora de las tinieblas, la hora definitiva, la del Calvario, la de la muerte.

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