UN VÍA CRUCIS AL AMANECER

POR RICARDO GUERRA SANCHO, CRONISTA OFICIAL DE ARÉVALO (ÁVILA)

Aunque El día amaneció amenazante y con gran humedad, a las ocho de la mañana puntualmente salió de la iglesia de San Juan Bautista la procesión más profunda y sentida, un acto penitencial, una mañana de verdadero sacrificio que congregó a un centenar y medio de participantes y cofrades de la Santa Vera Cruz, de hábito blanco y capuchón verde, que portaron a hombros al Cristo de la Fe por un largo recorrido rodeando la ciudad histórica. En el templo, antes de la salida fue leído “El Mandato”, un impresionante texto de la sentencia de Pilato contra Cristo, que hace unos años se incorporó en este acto.

Las catorce estaciones tradicionales estaban situadas a lo largo del recorrido, desde San Juan, por la calle Ramón y Cajal, Avenida del Castillo, plaza de San Pedro, Santa María al Picote, Plaza de la Villa, San Ignacio de Loyola, Mirador del Adaja, Santo Domingo, el Arrabal y calle de Caldereros, para finalizar en El Salvador, donde quedó depositada la imagen. Silencio roto por los pasos de la gente, los pájaros alborotados o las cigüeñas crotorando como espectadoras asombradas o con sus vuelos lentos y majestuosos, las cigüeñas negras de Arévalo, que acompañaron a las meditaciones, oraciones y cantos que se sucedieron a lo largo del itinerario.

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