NUESTRA DESAPARECIDA FERIA DE ABRIL DE NAVALMORAL

POR DOMINGO QUIJADA GONZÁLEZ, CRONISTA OFICIAL DE NAVALMORAL DE LA MATA (CÁCERES)

No crean que sólo Sevilla y otras ciudades disfrutan de ella, o que en nuestro entorno más inmediato fue famosa desde antaño la Feria de San Marcos en la dehesa de su nombre, o de San Benito (Talayuela): el 25, en la dehesa de San Benito o de San Marcos, desde hace década trasladada la capital del tabaco. Duraba varios días (sobre todo el 24, 25 y 26), allí concurrían los vecinos del Arañuelo y muchos ajenos a nuestra comarca, con un tipismo y policromía admirable. Se compraba y se vendía casi de todo, con bailes y rondas nocturnas. La afluencia de productos y tratantes foráneos era habitual, y así pasó a los anales de la época.

Pero, con la “Crisis de Subsistencia” derivada de la Primera Guerra Mundial (1914-1918), en cuya fase los especuladores acaparaban los principios productos de primera necesidad (trigo, legumbres, ganados, etc.) para vender a precios abusivos (debido a la gran demanda de los países en guerra, al ser España neutral), en esos años se pierde momentáneamente. Además, era una época muy conflictiva, con numerosos atracos en ganado o dinero (tengan presente que, entonces, las transacciones eran directas: “perras a un lado y borregos a otro”…).

Por lo que, en junio de 1919, el edil y comerciante moralo Andrés Marcos Lozano (miembro de una gran “saga”, de la que aún perduran numerosos descendientes) propone crear una nueva Feria de ganado y comercio, con ese nombre, en la finca «El Espadañal»; los días 24, 25 y 26 de Abril. La Corporación (compuesta por veteranos curtidos e inteligentes comerciantes, empresarios, industriales y funcionarios moralos) lo aprueba por unanimidad, «por la importancia que daría al comercio local«, nombrándose una Comisión que inicie las gestiones. Pero no se aprobaría definitivamente hasta el 6 de marzo de 1924, en Sesión Extraordinaria «para ganado de toda clase, industria y comercio, en la dehesa citada (El Alcornocal, frente al Hospital actual y junto a la carretera), de acuerdo con su propietario» (el propietario madrileño Joaquín Alcalde Casall, al que representaba su administrador, el comerciante y banquero moralo Antonio de la Cámara Dávila) y con los arrendatarios de la misma (en esas fechas, el Sindicato Católico Agrario de Navalmoral tenía alquilada dicha finca).. Pero después la cambian a los días 21, 22 y 23 del mismo mes de abril, para que no coincidiera con la talayuelana. Nombran una Comisión con los Gremios del Comercio e Industria, «para elaborar el programa de festejos«.

Precisamente, a los pocos días permutan el nombre de la antigua “Calle La Fuente” (que tomó ese nombre por los centenarios“Caños Viejos”, ubicada al final de la misma), por el de D. Joaquín Alcalde, que aún mantiene.

D. Joaquín fallecerá dos años después y, desde entonces, la posesión de la dehesa permanecerá en manos de su esposa (María García de la Infanta) e hijos: Adolfo, Ángeles, Asunción e Ildefonso Alcalde García de la Infanta; así como la administración de la finca a cargo del citado Antonio de la Cámara Dávila, continuada después por su hijo José María de la Cámara Cailhau.

. En 1930 se desplaza al «cordel» y zona de lo que hoy es el Hospital Campo Arañuelo, cerca de la anterior ubicación.

. Tras la Guerra pasaría al Canchigordo. Pero, en 1945 tuvo que sufrir un breve traslado a La Parrilla, «por ser más llano«.

. De nuevo regresa –en 1947– a la zona que, desde entonces, tomaría el nombre del Mercado (junto al citado Canchigordo, donde hoy están los colegios Campo Arañuelo y Sierra de Gredos). Para ello el municipio tuvo que adquirir esos terrenos a sus propietarios, mediante un sistema muy utilizado antaño por nuestros regidores, como era el de emitir “acciones” para sufragar los gatos, a cambio de un interesante interés (lo mismo hicieron con la barriada de “Navarrosa” y primer instituto de Navalmoral, o con la “Marcha Verde” y el segundo).

. Y allí siguió en los años 50, 60 e inicios de los 70; con pilar, abrevadero, báscula y embarcadero.

. Pero, en esta vida, casi todo tiene su fin y, así, el ocaso de las Ferias se produjo al alborear los años setenta, debido a la «crisis agraria», al «éxodo rural» y al cambio en el sistema de las transacciones ganaderas. Aunque continuaron los típicos tratos de compra-venta, que se realizaban en una conocida cafetería de Navalmoral o en otros bares próximos. Hasta que desapareció definitivamente…

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