MEMORIAS DEL CONCEJO DE PARRES 1835-1985 (CAPÍTULO XLIII)

POR FRANCISCO JOSÉ ROZADA, CRONISTA OFICIAL DE PARRES.ARRIONDAS (ASTURIAS)

Vista actual de los Picos de Europa y de Castañera desde Villar de la Peña.

-Un veterinario corrupto y sin escrúpulos.

-Sobre la banda de música y los voladores para la procesión de Sta. Rita de hace 102 años.

-La Corporación Municipal le da un toque de atención al párroco por haberse interpretado la Marcha Real en la iglesia de Arriondas un día de Sta. Rita y hacer menciones políticas en la Hoja Parroquial.

El año 1918 se inició con un pleno municipal el día de Año Nuevo en el que se reeligió como alcalde -por diez votos a favor y dos en blanco- a Ramón Cueto Póo.

El día 5 estudiaron la apertura de la carretera desde Romillo a los límites con Ponga, cediendo gratis los terrenos para ello casi todos los vecinos, aunque había alguna excepción, como el caso de un vecino de Tospe que paró la obra durante siete meses debido a la expropiación forzosa en la que se vio implicado, además de que por parte de esa finca había que acceder a la cantera de donde se sacaba la piedra para la carretera. Al final le abonaron 100 pts. por la expropiación (50 el Ayuntamiento y otras 50 el contratista Manuel Celorio).

El veterinario interino era Onesíforo Saludes Coque y solicitaba 93 pts. al mes como sueldo, pues sólo le abonaban 38 pts. -a todas luces insuficientes para poder vivir y con el mucho trabajo que decía tener-. Así se lo reconocen algunos concejales, pero el presupuesto de 1918 estaba aprobado y debería esperar al año siguiente, de modo que percibiría sólo 455 pts. para todo el año. Un mes después Onesíforo insistía que su sueldo debería de ser de 1.116 pts. anuales, pues no sólo era veterinario interino, sino también inspector de higiene pecuaria y que ningún otro en la provincia recibía un sueldo inferior a esa cantidad. Remitido el informe a la comisión de hacienda municipal, se lo volvieron a denegar.

La estancia en Parres de este veterinario de nombre y apellidos tan inusuales fue nefasta para todos, especialmente para él, porque -a finales del año siguiente- acabó protagonizando un suceso muy desagradable.

El 1 de noviembre de 1919 José Martínez compró una vaca y vio que estaba enferma, de modo que no podía ponerla a la venta en su carnicería, aunque tenía algunas dudas. El veterinario le dijo que la matase y que enterrase todos sus órganos internos, pero que si moría antes de sacrificarla que no aprovechase nada de la misma.

Un delegado del alcalde y el comandante de la guardia civil se personaron en la carnicería y vieron que la carne tenía una coloración extraña y le obligaron a enterrarla toda, sin excepción. La noticia se extendió por la villa, produciendo la correspondiente alarma (“asco”, señala el secretario en su acta). Pero un concejal señaló que él sabía que esa vaca y otra estuvieron detenidas -por orden del veterinario- desde la mañana hasta las seis de la tarde en el puente de Cangas de Onís, a la entrada de Parres, mientras se trataba con el dueño sobre el certificado de salud de las mismas. Un segundo concejal afirmó que el dueño de las reses le había dicho que tuvo que pagarle al veterinario 100 pesetas para que las diese por buenas.

Además, al Ayuntamiento le había llegado el chivatazo de que este veterinario cobraba una peseta por cada cabeza de ganado que llegaba al mercado, pues cada res debía tener su carnet sanitario, habiendo dudas también sobre si debía ser el comprador o el vendedor quien pagase esa peseta.

A Onesíforo Saludes se le abrió expediente y se le suspendió de empleo y sueldo para depurar los hechos denunciados, según un acuerdo tomado por unanimidad de alcalde y concejales.

Ocho días después, este veterinario e inspector de higiene pecuaria presentó su renuncia de ambos cargos con carácter irrevocable, dejándole en suspenso el expediente abierto por faltas tan graves.

Abandonó el concejo y nunca más de él quedó constancia alguna en las actas municipales.

Así terminó con su empleo este veterinario que tanto había solicitado aumento de sueldo y una plaza fija.

Pasemos a temas más agradables:

La Vita reparó su fuente tras el desprendimiento que hubo sobre ella, lo cual supuso 245 pts. (colocar el techo: 65 pts., mil tejas: 70 pts., otras 10 para puntas y 100 pts. para la alcantarilla de 28 metros).

La fuente de Montealea supuso 290 pts. y los vecinos de Caserías y Romillín solicitaban arreglo para su fuente conocida como “Amor de Dios”.

Protestaba un concejal por haber reparado la fuente de La Barca alegando que ésta se hallaba en términos de Piloña, pero se le respondió que era la única de la que se servían los vecinos de Soto de las Dueñas.

Bien curioso es que casi todos los pueblos contaban ya con su lavadero, menos la capital del concejo, de forma que el concejal Amador Corral solicitó uno, a cuya petición le respondieron que cuando hubiese traída de aguas a la villa ya se vería. Estaba claro que los ríos Sella, Piloña y Chicu hacían la función de lavaderos públicos… y así fue aún durante casi cuarenta años más.

Nemesio Pando solicitaba por esos días hacer la acometida de alcantarillado en las casas de su propiedad, en una de las cuales -junto a la carretera general- habitaba Jesús Lobeto, el cual acabó dando nombre al barrio.

El 12 de enero de 1918 Alejandro Fano solicitó permiso para poner un poste de madera con la finalidad de que la luz pudiese llegar hasta su domicilio en La Sala-Castañera, y se decidió no dar limosnas de las arcas públicas, de forma que para ayudar a Inocencia Miyar -de San Juan de Parres- cada concejal puso 1 pts. de su bolsillo, más otra el alcalde y el secretario, total: 15 pts.

Que un temporal levantase el tejado de la escuela de Nevares provocó que se pidiese que la campana que había en el mismo se colocase en un árbol.

Cuando se consignaron 500 pts. para las fiestas de Sta. Rita de 1918, el concejal Luis de la Fuente pidió que no ocurriese como el año anterior, cuando la banda de música no había acudido a la procesión. El alcalde respondió que el mal comportamiento de la comisión había sido con él, puesto que había solicitado que la banda participase en el acto religioso y la comisión se lo había negado, cosa que no debía repetirse, aunque -añade- seguro que así sería “porque estaban obrando muy a la ligera”, reuniéndose sin los concejales y “obrando como chiquillos”. Se pedía que se ofreciese al párroco la banda de música y los cohetes.

Y pasan las décadas y hasta los siglos y muchas de éstas (y de otras situaciones) se repiten.

Porque ¿quién paga la banda de música o la de gaitas y los voladores en estos años de la segunda década del siglo XXI desde que Sta. Rita vuelve a salir en procesión, tras más de treinta años sin hacerlo? Pues paga el Ayuntamiento.

Por cierto que en 1933 -pasados quince años desde éste 1918 que ahora nos ocupa- nos encontraremos con la llamada de atención de la Corporación Municipal al párroco D. Rafael Álvarez por haber permitido que se interpretase en la iglesia el día de Sta. Rita la Marcha Real cuando España ya vivía en plena Segunda República y -además- Parres se había dado a sí mismo un gobierno municipal con mayoría absoluta socialista y republicana. También le darán al párroco un toque de atención contundente por hacer menciones políticas en la hoja parroquial, como veremos con detalle cuando lleguemos a esos más que “movidos” años en nuestro concejo.

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