CRUCES DE MAYO Y FLORES DE CARQUEXA

POR JOSÉ ANTONIO FIDALGO SÁNCHEZ, CRONISTA OFICIAL DE COLUNGA (ASTURIAS)

Flores de carquexa.

Cuenta la Historia, y el relato lo magnifica la Leyenda, que el Emperador Constantino I el Grande (emperador romano desde el año 306 hasta su muerte en 337), y que se llamaba realmente Flavio Valerio Aurelio Constantino, ya convertido al cristianismo, encargó a su madre Santa Helena que viajara a Jerusalén para, si ello fuera posible, encontrar la Cruz donde Cristo fue martirizado y muerto.

A Jerusalén fue Elena (o Helena) y tras duras investigaciones halló la Santa Cruz (la Vera Cruz) en el año 326.

Dícese que Helena (canonizada en el siglo IX) encontró tres Cruces y que supo cuál de ellas correspondía a la de Cristo cuando al poner cada una sobre un joven muerto, la Vera Cruz lo resucitó.

Desde los primeros siglos del cristianismo la Iglesia de Roma celebra en los inicios de mayo, concretamente el día 3, la Invención de la Santa Cruz («invención», del verbo latino invenire, significa descubrimiento).

Se pretendió con ello contrarrestar la costumbre pagana, ya muy antiguas, de la Festividad del Árbol, que tenía lugar en estos días primaverales.

La oración latina en la adoración de la Cruz pregona esta condición santa y noble del «árbol del sacrificio divino»:

«Crux fidelis inter omnes
arbor una nobilis;
nulla silva talem profert
fronde, flore, germine.
Dulce lignum, dulces clavos,
dulce pondum sustinent»

En la España visigótica consta que se celebraba la Invención de la Cruz Santa, siendo el testimonio más antiguo el documentado en el Leccionario de Silos (año 65O) denominando al día 3 de mayo como «Dies Sanctae Crucis».

Por su parte, el pueblo creyente, enaltecía con coplas y cantares la celebración santa de mayo para minusvalorar la fiesta pagana del «mayo florido y hermoso».

Valga este ejemplo:

«Este sí que es mayo famoso;
este sí que se lleva la gala,
que es la Cruz en que Dios murió.
Este sí que se lleva la gala,
que los otros árboles no».

La fiesta de la Invención de la Santa Cruz, Fiesta de las Cruces, está muy enraizada con la simbioosis devoción-tradición popular, tan típica en muchas regiones españolas como Andalucía y Galicia. Se hacen «estatuas» en forma de árbol que se adornan con flores, ramas, golosinas… En Galicia, además, se enraman las casas (puertas y ventanas), los coches, con retamas floridas (ginesta; Spartium junceum) o con ramas floridas de carqueixa (Genista tridentata o Pterospartum tridentatum), como signo de protección ante posibles males venideros.

Por cierto, en Colunga, antaño, usaban la carquexa para cocerla en agua, bañarse con ella y después complementar el baño en la mar. En Ibias y Degaña, suroccidente astur, a la carquexa la denominan «Lavaconcas» porque utilizan sus ramas delgadas, secas, como estropajo para lavar potes, cazuelas, jarras y tazas de madera («os concos e as concas»).

Más aún. En la cocina española, y esto desde al menos el siglo XVII, se utilizaban las flores de ginesta para dar color amarillo a muchos platos que denominaban «ginestadas». Y aún sigo con el «más». En Teverga preparan un arroz con leche amarillo, al modo de ginestada, que es un postre pero que muy exquisito.

Ya lo saben, pues lo advierte el refrán: «Marzo ventoso y abril lluvioso, sacan a mayo florido y hermoso». Y debe ser verdad porque es también el mismo refranero el que afirma que «En abril aguas mil; si no al entrar, sí al salir; y si no, al mediar, por no mentir».

Hoy, 29 de abril, en Asturias, agua, nieve y tormenta.

¡Feliz mayo y feliz fiesta de la Invención de la Santa Cruz!

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