«LA VIDA MENGUANTE «, UN SENDERO HACIA EL FUTURO

POR JOSÉ ANTONIO FIDALGO SÁNCHEZ, CRONISTA OFICIAL DE COLUNGA (ASTURIAS)

Se ha escrito -creo que fue Octavio Paz el autor- que «no es poeta aquel que no ha sentido la tentación de destruir o de crear otro lenguaje».

Y ello porque, en frase de Gerardo Diego, poeta magistral a quien admiraba mi gran amigo y mi gran profesor el jesuita P. Victoria Rivas Andrés, «la poesía es un lenguaje incorruptible».

Es decir más con el mínimo posible de palabras.

Bastan tres o cuatro versos que con su métrica y con su rima, o sin ambas, abran un paisaje infinito a la pequeña mirada de un espíritu inquieto que quiere «ver más allá» de lo que le permite su vida.

¡Cuántas veces hemos disfrutado en Gijón, en atardeceres de cielo rojizo y mar en calma, de esa conjunción de luz y agua que sorprende y entusiasma!.

Victoriano Rivas S.J., poeta y, repito, mi amigo y maestro, vio así esta estampa de sangre y de azul:

«Acosada de cirros borrascosos
va a suicidarse al mar la luz muriente.
Y el agua la disuade dulcemente
acunándola en goces luminosos.»

Son versos escritos y publicados en «Canciones del silencio», Imprenta Flores, Gijón 1948.

«La poesía es el punto de encuentro -y vuelvo a citar a Octavio Paz- entre el poder divino y la libertad humana».

Por eso su lenguaje es incorruptible y hace que los poetas tengan muy poco de «nacionales» y mucho de «universales».

Para ellos jamás habrá «vidas menguantes» sino destellos que a modo de laser «apunten senderos de infinito».

PEDRO LUIS MENÉNDEZ, profesor de Lengua y Literatura en el Colegio de la Inmaculada (PP. Jesuitas. Gijón), presenta hoy en el salón de actos de la antigua Escuela de Comercio, a las 7 de la tarde, su último (de momento) poemario «LA VIDA MENGUANTE».

Conocí a Pedro como alumno en el Colegio; le conocí como compañero-profesor y como mi Jefe de Estudios. Su dedicación a la docencia y a las nuevas técnicas pedagógicas -tan inútiles en muchos casos- le impidieron ser «el Pedro poeta», «el Pedro que mostrara su alma y sus sentires en el lenguaje intraductible de la poesía».

PEDRO LUIS MENÉNDEZ, ya en su madurez de años, que no de vida, retoma el camino del verso y vuelve a soñar con el «archivo de sus recuerdos» y la esperanza de nuevos destinos para sus versos.

Y yo, al ser testigo una vez más del renacer de PEDRO LUIS a la poesía, de nuevo retomo los versos del P. Victoriano Rivas, escritos ya en su madurez de poeta:

«El temblor del ser rebosa archivos.
No cabe en grises cálculos. Escapa
como el perfume. O el amor. O el humo.
¿Sabéis de aquel pasar tornasolado
que un cuchillo de piedras enternece?
¿Sabéis de mi pensar , subido a música,
derramado en el ara, corderillo
con la sangre sumisa de la entrega?
Pero este río de mi vida es otro:
agua buena de acequia soñadora,
que canta, se arrebola, salta y fluye;
nieve, perfume, trascendida niebla
que no cabe en archivos…»

Hoy miércoles 15 de mayo, día de San Isidro Labrador, PEDRO LUIS MENÉNDEZ cierra su archivo de «recuerdos menguantes» y abre una nueva carpeta para vivencias infinitas.

¡Qué alegría ver cómo alumnos que fueron y alumnos que son, compañeros que fuimos y compañeros que son, arropamos con nuestra asistencia y aplauso el trabajo, que es el alma hecha letra, de un poeta excepcional.

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