EL CURIOSO ROMANCE DE UN INGLÉS Y LA DESPECHADA TERESA • LA HISTORIA DE UN SUPUESTO AMOR DIO LUGAR EN EL SIGLO XVIII A DOS OBRAS QUE RECORRIERON EUROPA

POR ANTONIO BOTÍAS, CRONISTA OFICIAL DE MURCIA

El grabado de Teresa que se incluyó en el supuesto poema escrito por ella a su amado viajero.

Muchos han sido los extranjeros que han visitado Murcia a través de su historia, con no pocas y dispares opiniones de la ciudad. Algunas, incluso resulta conveniente no citarlas. Pero quizá ninguno dio lugar a tan curiosa historia como la protagonizaba por Richard Twiss y una hermosa joven murciana, Teresa Piña y Ruiz, cuyo supuesto romance daría para publicar un par de obras muchos años más tarde de haberse consumado.

Richard Twiss nació en Rotterdam en 1747 y era hijo de un comerciante inglés que residía en Holanda. Su desahogada situación económica le permitió al muchacho no hacer nada. O mejor escrito, dedicarse a viajar, que viene a ser lo mismo, y a escribir libros donde narraba sus viajes.

Después de un largo periplo por diferentes países europeos, en 1772 recaló en España y Portugal, hasta donde retornó al año siguiente. Fruto de aquel recorrido, en el que incluyó el Reino de Murcia, fue la obra ‘Travels through Portugal and Spain in 1772 and 1773’ (1775).

Gran parte de su contenido apenas entraña otro interés que la visión de Murcia ofrecida en sus páginas. Como destacó la investigadora Cristina Torres-Fontes, Twiss era un auténtico viajero de la Ilustración. Cuando llegó a España ya tenía experiencia viajera, «a lo que se añadía buena bolsa y cuidadoso acopio de cartas recomendatorias que le abrirían puertas y facilitarían amistades, a veces singulares», escribe la profesora en su libro ‘Viajes de extranjeros por el Reino de Murcia’.

El viajero llegó a la ciudad cuando mejor podía hacerlo, en pleno mayo, cuajada la huerta y los jardines de flores, bajo cielos de un azul espléndido. Entre las primeras personas que saludó se encontraban el marqués de Clermont, quien había sido designado embajador en España y Portugal y recorría ambos países para conocerlos.

Twiss visitó la Catedral, sobre la que tampoco se emocionó demasiado en su obra, y le sorprendió el grato paseo junto al río, el actual Malecón. Como también le llamaron la atención algunas de las estatuas de reyes que adornaban la Alameda y que calificó de horrendas. Mejor impresión le causó el Almudí y la Inclusa. Y poco más. Salvo porque conoció a dos murcianas de dinamita, quienes le sirvieron como inigualables anfitrionas. Una de ellas era Teresa Piña y Ruiz.

Veladas musicales

La joven Teresa era hija de Gaspar Pascual de Piña y Patiño, regidor perpetuo de la ciudad de Murcia y administrador de las Reales Fábricas de la Pólvora y Rentas Salineras. Su madre, Teresa Ruiz de Cárdenas, también era hija de un regidor de Orihuela.

Twiss publicó en 1775 las impresiones de su viaje por España, aunque en ellas no relató amorío alguno con Teresa. Es de suponer que tampoco con su madre, pues por aquel año tenía Twiss 26 años. A ambas, en cambio, les dedicó unas palabras cariñosas por el buen recibimiento del que fue objeto y el virtuosismo musical que descubrió en las damas.

El viajero destacó que durante su estancia en Murcia «pasé cada tarde en casa de doña Teresa Pina y Ruiz, y esta señora y su hija eran tan galantes que reunían a todos sus amigos amantes de la música». Además, ellas mismas cantaban «tonadillas y seguidillas de una forma muy superior a cualquiera de las que había oído cantar antes». Twiss añadió en su libro que la joven «se acompañaba ella misma con un arpicordio y una guitarra tan perfectamente como una maestra profesional de este arte».

Hasta aquí las referencias a estas murcianas. Sin embargo, unos años más tarde apareció un largo poema cuyo título era ‘Epístola heroica de doña Teresa Pina y Ruiz, de Murcia, a Richard Twiss’. Ella, una desconsolada Teresa, recriminaba al viajero que se hubiera marchado dejándola tan sola. De hecho, el poema fue impreso con un grabado de la mujer, en cuyo pie puede leerse: «Y muchas veces te comportaste mal con la dama murciana».

«Vuelve Ricardo, vuelve»

La supuesta autora de la Epístola, que está por ver si la escribió ella, incluía versos tales como «¿Por dónde vagará mi inglés valiente y bello?» o «Medio desnuda, tiritando al frío de media noche, destrozado mi pecho y sueltos mis cabellos, descalzada de un pie, me siento, escribo y lloro con lágrimas que corren hasta apagar mi vela». Una gran desazón, al parecer.

Tanta era la amargura que la joven imprecaba al esquivo amante suplicándole: «Vuelve, Ricardo, vuelve, y no marees tu cabeza escribiendo libracos que nunca serán leídos». Un poema, vamos.

La cosa no quedó ahí. Tras esta carta hubo una contestación que respondía «a un supuesto poema escrito por la propia Teresa Pina, a modo de prolongación literaria de la conversación de Salón», como recordó Mónica Bolufer en su obra ‘Sociabilidad mixta y civilización: miradas desde España’.

Hoy también se mantiene la duda sobre la autoría de aquel libro. Unos mantienen que lo escribió el propio Twiss. Otros, que unos colegas de sus círculos literarios de Dublín. Se llamó ‘An Answer to a Poetical Epistle by Madamm Teresa Pina y Ruiz’.

La obra fue compuesta en un tono satírico, «ridiculizándose sus pretensiones literarias y su supuesto amor frustrado por la dama española», concluye Bolufer. El viajero prometía volver algún día, aunque en aquel tiempo andaba preparando un viaje a Groenlandia, que no quedaba muy cerca de Murcia, por cierto. Su intención era cazar osos y ballenas. Nunca más se supo de Twiss. Al menos, por estos lares. Porque está comprobado que andaba por Francia cuando la Revolución.

Lo que sí parece probado es que Teresa acabó casada en 1773 con Ciro Nicolás, otro regidor perpetuo, en este caso de Cartagena y que también sería administrador de las Salinas del Reino de Murcia. Es decir: pasó por el altar el mismo año en que Twiss abandonó Murcia, por lo que resulta muy raro que enviara carta alguna a su amor perdido. Vaya usted a saber. Así que todo pudo ser una broma de los colegas del inglés. Broma de mal gusto, sobre todo para la familia de la joven Teresa. Y no digamos para el esposo.

Fuente: https://www.laverdad.es/

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