FRUTAS Y TENTACIÓN EN LA COCINA

POR JOSÉ ANTONIO FIDALGO SÁNCHEZ, CRONISTA OFICIAL DE COLUNGA (ASTURIAS)

La Naturaleza -y hoy celebramos el Día del Medio Ambiente- sigue unas leyes que cumple con relativa normalidad… hasta que en un momento dado se rebela en un manifiesto «rechazo a lo establecido».

Es algo así como una adhesión al famoso movimiento «revolucionario francés del Mayo del 68» para, en oposición al conformismo burgués, «hacer posible lo imposible».

Y así, un peral regala una pera con forma de tafanario (nalgas y «regaña anal») ; una oveja pare un lechacín bicéfalo; o un limonero «engendra» un «fruto escrotal con pene adherido».

Los humanos, que habitualmente actuamos según ciertas pautas sociales de «normalidad», también buscamos de vez en cuando alguna escapada «de evasión» que con su dosis de humor nos aleje de la aburridísima «repetitividad» de la vida diaria. Es lo que muchas gentes denominan «DESCONECTAR».

En tiempos del Régimen del General Franco, el del aburrido «Cara al Sol» y de las «Montañas Nevadas», siempre aparecían escritores satíricos y humoristas -generalmente «fichados por LA CODORNIZ, «la revista más audaz para el lector más inteligente»- que rompían la monótona adhesión al Movimiento con algún que otro destello de inteligente «guiño del ojo diestro».

Uno de estos humoristas fue el escritor alicantino de Alcoy JORGE LLOPIS ESTABLIER (1919-1976) cuyos trabajos firmaba con los seudónimos de «Remedios Orad», «Madame Remedios» y Madame de la Tontaine». Fue Premio Internacional del Humor 1955 por su obra «Lo malo de la guerra es que hace ¡pum!».

En 1957 publicó, para mi gusto, su mejor trabajo humorístico: «LAS MIL PEORES POESÍAS DE LA LENGUA CASTELLANA» en la que, imitando a poetas serios y afamados, «destroza sus composiciones» con versos simpatiquísimos.

He aquí la fábula de LA COTORRA parodiando a Hatzenbusch:

«Una cotorra verde y africana
un plátano encontró cierta mañana.

Lo mira, lo remira sabihonda
y dice al fin : ¡qué cosa tan cachonda!.

Nunca vi nada igual. Largo, lustroso,
fusiforme, pulido y misterioso.

Mas su aspecto me llena de pavura
pues no creo que pase la Censura.

Así que sin dudar, si es que dudaba,
lo tiró… y se acabó lo que se daba.

Moraleja: Juzgad cual la cotorra
el libro por la tapa que lo forra.

Que en muchísimas obras literarias
hay dentro un platanito de Canarias»

Pues, ¿saben ustedes?

En la cocina cubana existe un plato de título muy curioso que enlaza muy bien con el pensamiento-deseo de la fabulada cotorra de Llopis y hasta con la foto que ilustra este comentario. Se titula PLÁTANOS EN TENTACIÓN y de él nos dan sobrada información los libros de Natalia Bolivar y Carmen González («Mitos y Leyendas de la cocina afrocubana» La Habana 1993) y de Madeleine Vázquez («Cocina Ecológica en Cuba». La Habana 2004).

Se preparan así:

Quiten la piel a cuatro plátanos maduros, pero enteros y firmes, y échenlos en una cazuela de poca altura.

Aparte, tengan preparada una mezcla formada por una taza de agua y un vaso de vino dulce en la que se disuelven cuatro cucharadas de mantequilla o de aceite de España (de oliva), una cucharadita de canela, una taza de azúcar o de miel y un espolvoreo de ralladura de piel de limón y de naranja dulce.

Cubran los plátanos con esta mezcla y lleven la cazuela a horno a temperatura de 180º C hasta que los plátanos doren y «la salsa» esté almibarada a punto de hebra.

No teman.

Caer en esta tentación no es pecado, aunque, eso sí, engorda que es un placer.

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