EL ÓRGANO DE LA PARROQUIA DE SAN ANDRÉS DE NAVALMORAL

POR DOMINGO QUIJADA GONZÁLEZ, CRONISTA OFICIAL DE NAVALMORAL DE LA MATA (CÁCERES)

Introducción

En el mes de noviembre de 2017 se llevó a cabo una gran limpieza y tarea de “primeros auxilios” del órgano del templo parroquial de San Andrés de Navalmoral. La información aportada por Óscar Laguna, organero responsable de esa tarea, nos ha servido de gran ayuda para ratificar o ampliar los datos que obraban en nuestro poder.

El primitivo instrumento, que consta de 54 teclas y 16 registros, fue realizado en el bienio 1758-59 por Francisco Yusta conocido autor, entre otros, de órganos en Cáceres, Coria y Plasencia.

Tras sufrir diversas restauraciones y afinaciones (1779, 1789 Y 1797), quedó en un estado de lamentable abandono.

Hasta que, en 1806, la Corporación decidió recomponerlo. Pero la Guerra de Independencia y crisis posteriores impidieron que se llevara a cabo hasta unas décadas más tarde: la inscripción existente en el interior del secreto confirma su reconstrucción en 1844, a partir de la reutilización del antiguo mueble, lo que confirma la existencia de un órgano anterior. Se contrató por el Ayuntamiento del año 1843, siendo alcaldes los señores Vicente González Marcos (abuelo de Urbano González Serrano y sus hermanos) y Miguel Rodríguez, siendo José González de Francisco como procurador Síndico.

Se inició la reconstrucción de este órgano y se recompuso la caja por don Benito Baquero, maestro organero, natural de Valderas y vecino de Madrid, con un coste total de 24.000 reales de vellón.

Y se concluyó en el año 1844 siendo alcaldes el licenciado don Felipe Lozano Moreno (que sería elegido diputado a Cortes por el distrito de Navalmoral en 1858, y del que descienden muchos de los Lozanos actuales, caso de Eduardo) y Rufino Sánchez, y Procurador síndico Esteban Moreno, a expensas de los fondos públicos de la Villa.

Su autor, Benito Baquero, era original de León, aunque estaba vinculado a la corte de Madrid donde posiblemente adopta el estilo y la técnica desarrollada por la familia Verdalonga, así como la influencia de la escuela de Jorge Bosch, constructor en 1778 del órgano de la Real Capilla. Baquero fue nombrado afinador de dicho instrumento, aunque pocos meses más tarde renunció a la plaza para poder contratar otras obras fuera de Madrid.

El órgano fue restaurado en 1941 y, pese a la época, el alemán Francisco Arold respetó su configuración original.

En el último cuarto del Siglo XX se realizaron importantes trabajos en el templo, y también en el instrumento (caso de la alimentación del viento, que primero fue manual y después con motor). Fue cambiado de ubicación y el mueble presenta importantes desajustes y deterioros. Posiblemente, en ese momento también se realizó la sustitución del teclado.

LA RESTAURACIÓN DE 2017

Centrándonos en la labor realizada por el citado Óscar Laguna recientemente, se ha centrado en:

1.- Limpieza del instrumento, que acumulaba una gran cantidad en el interior del arca de vientos y en el circuito del mismo; especialmente en el “secreto”, lo que provoca “lloros” en las ventillas (que no “cantan” correctamente).

2.- También analizó el sistema de viento, que ha demostrado que no es el original: siendo incorporado en las intervenciones del siglo XX, posiblemente en la última, con un motor ruidoso e insuficiente (entre otras cosas).

3.- Así como la mecánica de notas, regulando el “calado” y la “dureza” de las mismas.

4.- O la mecánica de registros, en la que había desajustes y faltaban elementos.

5.- Sin olvidarnos de los “secretos”, “tablones” y “secretillos”, piezas fundamentales y que presentan destacables anomalías.

6.- O de las “tuberías”, tanto de las “labiales” o la “trompetería de batalla”, que se han limpiado pero que necesitan una reparación a fondo.

7.- También se ha revisado la armonización de la lengüetería, para conseguir una sonoridad adecuada (dentro de lo posible, de acuerdo con las limitaciones que aún tiene).

8.- Y se ha realizado revisión puntual de la armonización de algunos tubos labiales, y una afinación general de casi todos los registros (pues algunos precisan de una obra más completa).

Nota: quien esté interesado en la terminología organística utilizada, como me excedería al explicarlo, puede consultarlo en Google (por ejemplo).

CONCLUSIÓN:

Con todo ello, a pesar de que aún existen desperfectos en el mismo (grietas, escapes, motor ruidoso, tubos perforados, rozaduras, etc.), la actual intervención ya permite apreciar el enorme potencial que el instrumento posee, su musicalidad y su belleza plástica y acústica. Esperamos que futuras intervenciones permitan la plena recuperación de esta notable obra de arte, su participación en la liturgia y acabe convirtiéndose en uno de los principales atractivos patrimoniales del municipio. Y, de paso, no hay cosa que desee más que mi querido exalumno (no de Música, aunque mi añorado suegro –don Hipólito Fraile– sí le inició, al igual que sus hermanos y tantos otros…; sino de Física y Geografía e Historia), Raúl Prieto Ramírez (uno de los mejores organistas del mundo), nos deleitara con un concierto con él.

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