SAN ANTONIO DE PADUA Y EN CANDAMO, FRESAS

POR JOSÉ ANTONIO FIDALGO SÁNCHEZ, CRONISTA OFICIAL DE COLUNGA (ASTURIAS)

En estos próximos días Asturias será una fiesta. Una fiesta religiosa, popular y gastronómica porque son muchos y muy variados los sucesos que coinciden al respecto.

Empecemos por lo religioso.

El próximo día 13 la Iglesia Católica celebra la festividad de San Antonio de Padua, aquel santo lisboeta, primero fraile agustino y después franciscano, que en el mundo se llamó Fernando Martim de Bulhoes e Taveira Azevedo. Nacido en Lisboa (de ahí que en el Santoral se le llamara inicialmente Antonius Lusitanus) hacia 1191.

Ya joven y clérigo franciscano, desarrolló toda su labor pastoral en Padua (Italia) donde murió el 13 de junio de 1231. Fue canonizado un año después (1232) por el Papa Gregorio IX.

A San Antonio se le reza para pedirle toda suerte de favores que, según cuentan sus devotos, casi siempre concede. El hallazgo de cosas perdidas o extraviadas -novios y novias incluidos- es su especialidad más señalada.

Así se reza en su oración:

«Si buscas milagros mira / muerte y error desterrados;
miseria y demonio huidos, / leprosos y enfermos, sanos.
El mar sosiega su ira /redímense encarcelados;
miembros y bienes perdidos / recobran mozos y ancianos.
El peligro se retira / los pobres van remediados;
díganlo los socorridos / y cuéntenlo los paduanos.
Ruega a Cristo por nosotros / Antonio divino y Santo
para que dignos así, de sus promesas seamos.
¡Gloria al Padre, gloria al Hijo, / gloria al Espíritu Santo!»

Pues con San Antonio de Padua (yo diría que de Asturias), ahí tenemos a Candamo con sus fresas primaverales, «esas fresas que quitan el sentido y que dan dentera a las muy afamadas del Real Sitio de Aranjuez «, según escribió Atanasio del Rivero en el cubano Diario de La Marina a comienzos del siglo pasado. La cita es de Dionisio Pérez Post Thebussem en su «Guía del buen comer español».

¿Qué quieren que les diga de las fresas de Candamo y, en general, de las de toda Asturias?

Me remito a lo escrito a mediados del siglo XVIII por el leonés de Matalavilla, repostero en Madrid, Juan de La Mata, en su ·Arte de Repostería»:

«Las fresas rojas tienen notables propiedades benéficas: confortan la vista con su hermoso color; alegran el olfato y el gusto, que es vinoso; fortifican el corazón, el estómago y el cerebro… Sirven en crudo después de bien lavadas en vino, para excitar su agradable olor, pulverizadas en azúcar, sin otra contemplación».

La escritora Myrette Tyano aún «va más allá» de lo culinario para adentrarse en lo poético:

Lean esta su opinión:

«La fresa: delicioso elemento para la gastronomía y feliz hallazgo para la poesía. Los poetas modernistas, preocupados por la belleza, la sonoridad y el calor de las formas poéticas, sustituyeron, al evocar el rojo de los labios femeninos, el frío coral renacentista, por la cálida y carnosa belleza roja de la fresa».

¡Ahí queda eso! O, como decíamos los rapazos, ¡Toma ya!

Yo sigo el consejo del de Matalavilla: Bien lavadas las fresas, las troceo en dos o tres partes y, dispuestas en un cuenco, las cubro con azúcar. «Bautizo» con un poquitín de vinagre de vino blanco (como una cucharada sopera) y dejo en reposo (en frigorífico) unas 8-10 horas. Están exquisitas.

Y si les apetece, al natural en compañía de nata montada. Y si quieren más naturaleza, al natural natural (bien lavadas, eso sí).

Ya lo saben: Este fin de semana, San Antonio en muchos pueblos y villas, fresas en Candamo y San Juan de Sahagún en Sahagún (León).

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