EL PULVINO ROMANO DE LA ERMITA DE SAN BARTOLOMÉ DE MONTEHERMOSO

POR DOMINGO QUIJADA GONZÁLEZ, CRONISTA OFICIAL DE NAVALMORAL DE LA MATA (CÁCERES)

Corría el año 2005 –más o menos– cuando, en una de mis visitas periódicas a mi pueblo natal, así como a sus monumentos naturales u ornamentales, viniendo de nuestra valiosa dehesa y, al pasar por la ermita de nuestro Patrón, hice un alto en el camino para observar los elementos de su construcción, porque me pareció ver algunos sillares romanos (algo muy usual en el pasado, la reutilización de materiales precedentes ya labrados).

Pero he aquí que, en la pared de la derecha (la orientada al sur, en medio de los dos contrafuertes, según se aprecia en la foto), mis pupilas se clavaron en un dibujo grabado sobre una piedra de granito (de unos 30 o 40 cms.). No llevaba cámara ese día, pero hice a mano alzada el dibujo que les muestro.

Uno o dos años después regresé, provisto de mi cámara fotográfica. Pero me encontré con que habían enfoscado la pared, quedando al descubierto sólo una parte del mismo.

En la primera fecha, cogí el papel y lo guardé en mi archivo de Montehermoso. Y, en la segunda, hice lo mismo. Pero, comparando y analizando ambos detenidamente, en un principio me pareció el extremo de una lápida funeraria romana, sobre todo por su dibujo exapétalo (solían usar mucho las de 4, 6 o más hojas). Pero había algo que no me cuadraba, ya que en las lapidas suelen ser circulares, y ésta posee una especie de pedúnculos laterales. Así que, como hago siempre, cuando ignoro algo recurro a los libros o a quien sabe más que yo de un tema.

Y eso hice con mi gran amigo y excompañero de instituto, el doctor en Arqueología D. Antonio González Cordero, una de las personas más expertas de Extremadura –al menos– en esa materia. Y raudo me dio la solución: tiene que ver con los enterramientos latinos –y bizantinos–, pero más valioso que las simples lápidas –que las hay por doquier– (hace unos 45 años vi una junto al caserío del Castillo de la Atalaya, que se la llevaron…).

Se trata de un PULVINO ROMANO, que servía de coronamiento en los mausoleos sepulcrales de época romana, haciendo pareja con otro que, evidentemente, por allí andaría cuando fue recogido para utilizarlo como mampuesto en la construcción de la ermita. No olvidemos que, en la antigüedad –incluso los propios romanos–, se reutilizaban los restos precedentes (como hicieron con el “verraco” vettón que se llevaron a Palencia, la pila de “Jerrao”, que es una tumba funeraria romana con apoyo para la cabeza, la fuente del “Ronco” o “La Puente”. Ignoramos si su compañero, al colocar la otra, quedaran el grabado hacia dentro (para adaptar su forma al muro); o si sólo aprovecharon uno.

Lo que sí sé es que, al enfoscar la pared, cometieron un error mayúsculo, puesto que cubrieron los dos pedúnculos laterales citados. De tal modo que se confunde hoy con el remate de una lápida funeraria, como la que muestro de Coria.

Por eso, aunque ya lo hice una vez, vuelvo a insistir en que se muestren esos apéndices ocultos (cuya ubicación muestro en mi dibujo) del citado PULVINO, para que montehermoseños y visitantes puedan contemplarlo como era realmente, como yo pude hacer y dibujar un día, y no tengas confusiones. En caso contrario, tendré que comunicarlo a Patrimonio, como es mi deber.

Sin Comentarios.

Responder

Mensaje