MEMORIAS DEL CONCEJO DE PARRES (1835-1985) (CAPÍTULO LII)

POR FRANCISCO JOSÉ ROZADA MARTÍNEZ, CRONISTA OFICIAL DE PARRES-ARRIONDAS (ASTURIAS)

PAISAJE EN EL CONCEJO DE PARRES.

En 1928 era José Abego el presidente de la Junta Regional de Ganaderías, el cual solicitó un local y 200 litros de leche diarios para que se pudiesen dar unas enseñanzas prácticas sobre las aplicaciones de la leche y sus derivados durante siete días, del 11 al 18 de octubre. A las dos personas que impartieron el curso se les pagó el hospedaje en Arriondas.

Las clases se impartirían en el Círculo de Artesanos.

Mariano Blázquez -muy conocido maestro de Romillo- solicitó asistir a este curso de “industrias lácteas” y se le concedió, confirmando el interesado que dejaba la enseñanza atendida, como hizo la maestra Natividad Pechero cuando dejó a Marina Velasco sustituyéndola mientras ella acudía a hacer oposiciones.

El paso del tranvía por la villa no dejaba más que suciedad, de forma que había que limpiar y barrer el polvo que dejaba en la calle, pagando por ello a personas como Gabino Intriago y Vicente Sánchez -ambos vecinos de Castañera- que dedicaron seis y cinco días respectivamente en ese trabajo.

La creación de un grupo escolar en Arriondas se ´arrastró´ durante más de veinte años, convocando el alcalde una comisión a tal fin, llamando a la misma al cura párroco, presidente del Casino, presidente del Círculo de Artesanos, maestro nacional García Conde, lo mismo que a José García Labra, José Cayarga, Manuel García, José Alonso, José Fuentes, César Villar y Alfonso Reigada.

Al finalizar 1928 el Ayuntamiento aprobó un empréstito de 125.000 pts. en forma de 250 títulos al portador de 500 pts. cada uno con intereses del 5% a veinticinco años. De esa cantidad 50.000 pts. estaban destinadas para un grupo escolar en Arriondas que incluía habitación para los maestros y otras 50.000 para otro grupo escolar en Sto. Tomás de Collía, además de unitarias en Romillo, Granda y Cividiello con habitación también para los maestros en todas ellas, además de terminar las escuelas de Cofiño y San Juan de Parres.

La subvención para las cinco barcas que cruzaban el Sella y Piloña era de 200 pts. anuales para la del Lladuengo, y de 100 pts. para las de Arobes, Bode, Fuentes y Toraño, a veces con notables contratiempos en su cometido, como los días 27 y 28 de octubre del año que nos ocupa, cuando una gran riada causó notables destrozos en Arriondas.

Quedó constancia de la misma porque se les abonaron 15 pts. a cada uno de los tres vecinos que prestaron servicios de ayuda, y hasta constan las 3,20 pts. pagadas al concejal Manuel Mier por el carburo que había adquirido para la patrulla que prestó servicio de vigilancia durante la noche.

Los vecinos de Triongo y Fuentes solicitaban a la División Hidráulica del Miño que reforzasen las márgenes del Sella a su paso por dichas localidades.

Se pensaba ya en el futuro parque público de La Llera y se comenzaron a adquirir las huertas que había en el lugar, como fue el caso de las de Andrés del Valle Cueto y Teresa Cuétara -en la zona Este- a los que se les pagaron 4.200 pts. por algo más de 200 metros cuadrados que fueron destinados al ensanche y regulación de la zona.

El turismo comenzaba a despuntar ya en esa época, de forma que el Ayuntamiento pagó 900 pts. para que se filmase una película de 75 metros que tratase asuntos del concejo, dentro de un proyecto más ambicioso en que se filmaría cuanto de bello y artístico tiene Asturias, según el proyecto de Carlos Roca, quien hizo las gestiones en nombre de S.A. Cenje-Norte.

El pago de medicinas de beneficencia se seguía haciendo trimestralmente, incluso se abonaba el hospedaje a los pobres transeúntes, como se hizo con Anastasio Álvarez Santos que había hospedado a tres de ellos.

Sabido es que a los alcaldes y concejales los elegía “a dedo” el Gobernador Civil, afines -por lo tanto- a la corriente política e ideológica del momento, el cual enviaba el correspondiente escrito que siempre se iniciaba de la misma forma: “En uso de las atribuciones que me están conferidas he acordado nombrar alcalde (o concejal) titular a… lo que comunico a usted para su conocimiento, el de la Corporación Municipal y el de los interesados a los efectos consiguientes”. Los ceses se hacían por similar procedimiento.

Mientras, el vecino de Bada Marcelino Díaz de Otazú se mostraba interesado en cubrir la plaza de veterinario, dado que sólo había uno y al superar el concejo ya los 8.000 habitantes le correspondían dos (y tres cuando superase los 10.000).

Los bienes que tenía el Ayuntamiento de Parres quedaron de manifiesto cuando la Corporación firmó una póliza de seguro contra incendios con la “Compañía Adriática de Seguros” y “La Aveille”. Había edificios con riesgo alto, como la escuela de niños que estaba pegada a un tendejón, cuadra y pajar de Andrés del Valle Cueto.

Firmaron un seguro por diez años por importe de 30.000 pts. para las Consistoriales, 15.000 la escuela de niños, 10.000 pts. la de niñas y la casa de su maestra (ésta última estaba en Cofiño), 20.000 la escuela de San Juan de Parres, 10.000 ptas. la de Romillín y lo mismo la de Dego, 4.000 la escuela y casa de la maestra de San Julián de Nevares, 3.000 pts. escuela y casa del maestro de Fíos, 4.000 la de Lago-Vallobil y lo mismo para la de Cayarga, además de 5.000 pts. el seguro contra incendios del Matadero Municipal.

Y por aquello de que “un pueblo unido jamás será vencido” los vecinos de Fíos y Pandiello se opusieron a uno de los ricos del pueblo cuando éste quiso enajenar la parcela de terreno de nombre “Abaeda”, al considerarla en desuso, pero lo vecinos ofrecieron resistencia alegando que era el atajo que utilizaban para llevar sus ganados a pastar y, así, no tener que ir por la carretera esquivando el peligro que había con los automóviles (nadie decía aún coches en 1928). La Corporación fue sensible (in extremis) a las quejas vecinales y envió a la papelera la instancia de enajenación. Bien es cierto que los vecinos de Fíos y Pandiello se habían enterado de que -en el Boletín Oficial de la Provincia Nº 278 de aquel año- ya figuraba el edicto para que se instruyese la enajenación.

La vida seguía, y el Gobernador solicitaba a todos los ayuntamientos asturianos que aportasen el cinco por mil de su presupuesto de 1929 para la Gran Exposición Ibero-Americana de Sevilla, la cual sería inaugurada en el mes de mayo, con la participación de dieciocho países y un total de ciento diecisiete edificios, de la que quedan notables muestras en la actualidad, como lo es la Plaza de España de dicha ciudad andaluza, la cual alberga el edificio principal de esta magna exposición.

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