CAZA SIN MUERTE

POR PEPE MONTESERÍN, CRONISTA OFICIAL DE PRAVIA (ASTURIAS)

Cuando viajaba en el Renault 4-4 con mi padre (un O-25037) y veíamos a la Guardia Civil de Tráfico mi padre sonreía y yo sentía aprensión; ante la autoridad se me va la sangre a los zancajos y tiendo a irme por patas, no sea el diablo que me busque las pulgas. Surgía la pareja de motoristas en un cambio de rasante y a mi padre le agradaba verlos, decía que le daban seguridad. Y el caso es que a mí también me dan seguridad; cuando los encuentro tengo la seguridad de que van a darme el alto y, sea como fuere, por una cuestión de velocidad, de intermitente, de ITV o porque les parezco demasiado suelto, van a multarme; estoy seguro de que su marcial saludo va a salirme, cuanto menos, a cien machacantes, cincuenta si los apoquino sin rechistar. Pero lo que en realidad me aterroriza es la tela de araña confiscatoria que tejen los legisladores para sacarnos la sangre sin que pasemos por el hospital.

Fuente: https://www.lne.es/

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