SIERRA DEL SUEVE

POR FRANCISCO JOSÉ ROZADA, CRONISTA OFICIAL DE PARRES-ARRIONDAS (ASTURIAS)

En la zona oriental de nuestra comunidad asturiana compartimos la Sierra del Sueve los municipios de Caravia, Colunga, Piloña, Parres y Ribadesella. Con una cota media de 1.000 metros de altura y unos 80 kilómetros cuadrados y siguiendo una orientación este-sudoeste a lo largo de 12 kilómetros de extensión lineal, la Sierra del Sueve nos une y singulariza.

El inmenso bloque calizo que constituye su estructura montañosa y sus moderados niveles de temperatura, regulados por su proximidad al mar, le confieren esa peculiaridad que tantas veces da origen a las nieblas que cubren algunas zonas de la Sierra. Simas, dolinas y lapiaces no son ajenas al karst constituido por la caliza de su parte alta. Los 1.161 metros del Picu Pienzu vienen a ser como el punto hacia el que convergen las miradas de miles de habitantes de los concejos en los que se asienta, así como de muchos otros que le contemplan desde lejanos lugares hasta los que llega su influencia visual.

Aún son los dominios del asturcón, ya citado por Plinio en las crónicas del año 80 antes de Cristo. Con su notable grado de deforestación todavía conserva pequeños oasis de arbolado de especial mención y significado. Sus conjuntos de tejedas conforman unos de los más notables de Europa, pues se citan hasta más de 8.000 tejos, un espacio protegido cuya misión es la preservación de la envejecida masa forestal, al mismo tiempo que se van plantado nuevos árboles jóvenes para que vayan relevando a los centenarios –en algunos casos milenarios- ya existentes.

Monumento Natural dentro del Paisaje Protegido es la categoría o figura administrativa de la que lleva tantos años hablándose para estas tejedas que conforman un bosque único de enorme valor desde el punto de vista de la biodiversidad. En una Asturias donde los eucaliptales se han adueñado del paisaje, éste tipo de santuarios naturales y de paisajes cuyo valor estético ha pasado a formar parte de las excepciones, deben ser objeto de prioridad absoluta en su conservación y cuidados.

Siempre habrá quien apoye otras ideas, quien crea que deben abrirse pistas forestales para poder acercarse más cómodamente a su contemplación, como si fuese un parque temático para uso y disfrute de mentes sin conciencia ecológica o donde los jabalíes y gamos campen a sus anchas sin que sean protegidos los jóvenes tejos. Conservar y no explotar sería un lema apropiado para casos como éste.

Los ganaderos deben tener las justas compensaciones a las restricciones que puedan derivarse de la normativa protectora de estos lugares. Delimitar zonas, proteger espacios y adoptar medidas consensuadas entre todos lo que intervienen y tienen intereses en estos santuarios naturales concretos de nuestra comarca será la única forma de mantenerlos y legarlos a las generaciones que nos sucedan, como hicieron -desde muchos siglos atrás- las que nos precedieron en el uso y disfrute de las mismas.

La desidia, la indolencia, el abandono, la falta de interés, la apatía y la insensibilidad -tan propias de este país, pero en franca retirada- van poco a poco siendo sustituidas por la protección, el cuidado, la prevención y el respeto por el medio que nos rodea y nos ha sido regalado.

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