BREVE HISTORIA DE LOS MATADEROS MORALOS

POR DOMINGO QUIJADA GONZÁLEZ, CRONISTA OFICIAL DE NAVALMORAL DE LA MATA (CÁCERES)

A pesar de que hace años que no contamos con ninguno, hace dos siglos sí. Veamos:

El primer Matadero municipal del que tenemos constancia data de principios del siglo XIX, y estaba ubicado en las traseras del primitivo Ayuntamiento (sobre el que se edificó el actual en 1892). En 1855 consta que ya estaba ruinoso, así como la carnicería pública colindante. Y proponen repararlo para adecuarlo como la primera Escuela de Niñas (que no se hizo, permaneciendo “peor que una cuadra” –según denuncian los vecinos a la Corporación–, hasta que en 1902 lo venden a Andrés López Simón), y que se construya otro Matadero junto a la Quebrada.

Sus ruinas aún sobreviven, tras 164 años de vida y agonía (a pesar de ello, jamás se ha declarado como Edificio Singular, siendo el 5º edificio más antiguo de Navalmoral…); pero ya es privado (como veremos), frente al antiguo Cementerio (posterior Grupo Escolar), limitado por el arroyo de La Quebrada, la vía férrea (desde hace años se interpone la calle Cartagena) y el edificio de la Compañía Eléctrica de Antón Martínez Herráiz (actual Iberdrola). Tenía un pozo en el patio.

Cuyas obras comenzarán en la primavera de 1855, convirtiéndose en el segundo Matadero local. Medio siglo después (1902), junto a ese edificio ruinoso desde hace muchas décadas, habilitan dependencias para Corral Concejo de la Villa (donde recogían a los ganados perdidos o denunciados).

Esa segunda instalación siempre estuvo “gafada”: en 1911 comunican que “se encuentra en muy mal estado”… Pero tardarán cuatro años en hacerlo, “por carecer de fondos”. Esas obras se repetirán a lo largo de los años, una y otra vez, porque no estaba bien cimentado (junto al arroyo).

Como es comprensible, antiguamente sólo sacrificaban animales menores (cabras, chivos, cabritos, corderos…); respecto a los cerdos, lo hacían en invierno: durante el resto del año no podían sacrificarlos por el calor, al no existir cámaras frigoríficas (la gente se apañaba con las reses citadas, la matanza, pollos de corral, caza, etc.).

Sin embargo, su actividad era muy grande: por ejemplo, en un año tan crítico como el de 1930, el secretario D. Germán Duque informa que “ese años se sacrificaron en el Matadero Municipal 7.575 reses, que totalizaban 131.783 Kgs. El promedio de carne vendida en cada tablajería (carnicería), de las más importantes, alcanzaba una media de 35 a 40 kilos diarios”.

Los Mataderos privados

Antes de continuar con el anterior y su evolución posterior, hagamos un inciso necesario:

En febrero de 1932 Francisco Font, domiciliado en el Puente de Vallecas (Madrid), inicia sus actividades en un matadero, chacinería y fábrica de embutidos, «para consumo y exportación fuera del municipio». Trae carne congelada de Uruguay (vacuno). Estaba ubicado junto al paso a nivel del final de Pablo Luengo (junto al actual «Complejo Moya»). Igual que el siguiente, durará hasta los 60.

Después se hizo otro matadero en el «Prado de la Corcha», junto al «Rollo» (posterior “Petunia” y hoy “Mercadona”), a cargo de Delfín García (que fue alcalde durante la 2ª República, 1934-1936); que, tras la Guerra Civil traspasa al Conde de Ruiseñada (don Claudio Güell y Churruca), hasta que años después cesa esa actividad (dando lugar al centro fabril citado).

En esos mismos años construye otro matadero privado Manuel Carreño Martín, junto a una granja de cochinos que instaló en la avenida de las Angustias (posterior casa de su hijo Agustín y hermanas).

Evolución del destartalado matadero

Pasaron los años y las décadas, mientras la enfermiza instalación proseguía desmoronándose a la vez lo que parcheaban. Ante tanta deficiencia, a mediados de siglo abren otros mataderos privados: El Castellano, los Marmasca y algunos que oficialmente constaban como carnicerías, pero que sacrificaban en sus corrales. Cerrando el mencionado en los inicios de los sesenta.

Hasta que en 1964, la Corporación que presidía aquel gran alcalde que fue don Emilio García, aprueba construir un nuevo Matadero Municipal: encargan el Proyecto de Cáceres don José Casas Hernández, presentan y aprueban el Presupuesto (seis millones y medio de pesetas, de las que el municipio tenía que aportar el 50 %, solicitando un crédito al Banco de Crédito Local de España), por lo que buscan terrenos para ubicarlo.

En 1965 toman esta decisión: permutan el citado Matadero Viejo (menos de 1.500 m2) por una huerta de 7.871 m2, propiedad de Pedro Domínguez Fernández, situada al otro lado de la carretera (junto a la del Cementerio y al Pozo Rancón. En septiembre de ese mismo año concede la Diputación un millón de pesetas «a fondo perdido» para su construcción. Y, el 25 de agosto de 1966, adjudican la obra del mismo al moralo Ezequiel Barrado Rol, que terminó a finales de 1968.

Sin embargo, no se inaugura hasta el verano de 1970, porque acuerdan que disponga de cámaras frigoríficas y con carácter comarcal (siendo alcalde ya D. Julio Sánchez-Fuentes López).

En noviembre de 1971, adaptan un espacio del Matadero Municipal como Parada de Sementales, que sería su último local con esa finalidad reproductora equina.

Y, ¿qué pasó con el de Pozo Rancón?

Pues que continuó prestando servicio hasta finales de siglo XX.

Pero, ya antes (verano de 1996), el Ayuntamiento y la Junta de Extremadura firman el convenio para la construcción y financiación de un nuevo Matadero Municipal (el cuarto), que se ubicaría en el Polígono Industrial (carretera de Talayuela y la Vera).

Mientras se edificaba o no, en julio del 2002 se publica en el DOE el concurso para la enajenación del anterior Matadero, cuyos terrenos serían destinados a la construcción de 140 viviendas de régimen especial (“Los Álamos”, UA-36), cuyo coste oscilaba entre 60.000 y 72.000 €, con ayuda oficial (de ahí su nombre), como continuidad de la barriada de Navarrosa. Las máquinas de «Ciaval-2000» (una UTE de nuestra localidad) lo convierten en diciembre de ese año en solar, sobre el que las edifican.

Cuarto: punto y final

Respecto al citado del Polígono, las obras se demorarán (tres años) y fracasará (costó cerca de 600.000 euros): no se pone en funcionamiento hasta el 18 de septiembre del 2000, tras estar tres años cerrado (desde que finalizaron las obras), ya que la Junta de Extremadura inspecciona sus instalaciones y detectan diversas deficiencias. Pero ese nuevo Matadero también cerrará (como si también estuviera «maldecido», como sus antecesores): en diciembre del 2001, al renunciar a su explotación la empresa adjudicataria, «Cárnicas Arañuelo».

Volverá a salir a concurso en el 2008, pero queda “desierto”.

Nos quedamos sin mataderos. Cerró la Plaza de Abastos (finales del XX, a pesar de las inversiones) para convertirla en un miniteatro. Y, desde entonces, las carnicerías se surten de instalaciones comarcales o de Castilla la Mancha (veo los camiones con frecuencia repartiendo en la localidad), o las grandes superficies de sus distribuidoras.

Es decir, como llevo décadas conociendo, una localidad cada vez con menos emprendedores o empresarios (¡con los que hubo en el pasado!…). Y, en el tema que hemos expuesto, abundando la ganadería en Navalmoral y comarca.

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