LUIS ANTONIO, EL VAN GOGH DE LUCILLO

POR JOSÉ DIONISIO COLINAS LOBATO, CRONISTA OFICIAL DE LA BAÑEZA (LEÓN)

Dentro de las actividades que la Asociación Montañas del Teleno, desde su formación en el año 1994, es, la lucha en favor del entorno de aquellas comarcas que integran la Sierra del Monte Telendo y favorecerse con aquellos Programas en los que participa para el mejor desarrollo de las pedanías que la forman, se encuentra, la concesión de galardones a entes y personalidades que han luchado y dado a conocer con sus obras en favor de estas tierras, Cabrera, Maragatería, Valdería, o Valduerna.

El sábado pasado, dentro de estos homenajes, la Asociación Montañas del Teleno y en nombre de todos los alcaldes que la forma; su presidente, don Narciso Fernández Prieto, tuvieron a bien conceder el 4º galardón e Insignia de Oro al gran pintor nacido en 1956 en la población de maragata de Lucillo Luis Antonio Alonso Martínez. Joven y extravagante pintor para el que le vea, pero un genio y maestro de los pinceles, seguidor del gran maestro holandés Van Gogh, me dijo: “Nunca, ni nadie, me regalaron en mi infancia un lapicero”.

Este ajeno y artista, nacido en las estribaciones del monte sagrado del Teleno, sacra cima que como muy bien dijera el poeta Leopoldo Panero a quien tenía por amigo, “Teleno, buen amigo, ya no lloras…”, esta cima de canas níveas invernales y frías, han servido y sirven también de fuente de inspiración cromática a Luis Antonio; dejándonos plasmados en el fondo de los lienzos, cuadros y dibujos, retratos y paisajes con una policromía plástica de luz y color. Luz de su cima, de su obra, de sus paisajes, el Teleno.

Este genio del color, que desde la infancia lleva dentro, expresa siendo un niño pastoril, al balido monótono y musical de su rebaño, que se perdía en la lejanía del monte, entre verdosos piornos y olorosa retama. Aquel furtivo zagal del color, confeccionaría su primer pincel con una escoba de retama y, luego vendría ese experimento y mezcla de plantas y coloridas sílices con el agua que guardaban las ancestrales cazoletas petras de los petroglifos que en la zona abundan; plasmando sobre planas rocas, los panoramas que sus ojos tiernos y juguetones contemplaban del paisaje de un dios sacro.

Hoy, su ilusión infantil se ha cumplido; sus lienzos llenos de una expresión cromática de luces y sombres se han hecho realidad, ofreciéndonos con los trazos de sus pinceles la genialidad pictórica que llevaba dentro.

Qué duda cabe que, a nuestro amigo y pintor maragato, se le recuerde como el Van Gogh de Lucillo, si en realidad lo es. Su obra es tan semejante a la del gran maestro holandés, que ha sido premiada y reconocida en muchas partes del planeta, especialmente en tierras italianas de Florencia. No voy a entrar en aquellos premios obtenidos hasta el momento; su prolífera obra, llenas de cálidas escenas, dan una realidad a la pincelada, firme en sus desnudos cuerpos de mujer que cultivan la mirada brillante al espectador o, la niebla y blanca nieve que en fríos días del invierno nos envía el dios romano del Teleno, dejándolas Luis Antonio plasmadas, llenas de realidad y belleza en esas ruinas pétreas de prados y pallozas empajadas.

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