SEPTIEMBRE. LA FERIA

POR MANUEL GARCÍA CIENFUEGOS, CRONISTA OFICIAL DE MONTIJO Y LOBÓN (BADAJOZ)

Septiembre, mes de fiestas, de ferias, de Vírgenes y Cristos, para que, al final, San Miguel eche el cierre en sus tratos, compras y ventas, liquidando las cuentas. Septiembre, pegajoso y dulzón. Es vendimia, viña, racimo, uva, sudor, mosto y manos que trajinan. Septiembre, días menguantes que despiden la luz larga, ancha y honda del verano. Septiembre, flequillos recién peinados, cuadernos, estuches, los horarios, la clase, los deberes y los maestros. En septiembre se apuntalan los palos de la Feria y aparece un fogonazo para anunciarnos que el gozo ha llegado. Porque hay una sazón y un tiempo para cada propósito, y los de ahora son tareas y tiempos oportunos para alegrarse y para disfrutar.

Si no padeces ninguna enfermedad ni trastorno significativo que te impida ir a la Feria, aunque solo sea un rato, no dejes de ir; merece la pena. En esta vida, a los espectáculos, se suele acudir tras pagar la entrada correspondiente ya que de lo contrario el acceso resulta imposible. Cuando vengas a la Feria, en la portada del real, nadie te pedirá la entrada, y si lo prefieres, te das un paseo, miras y te vuelves por dónde has venido. Pero acude, ven a verla. Luces, sonidos, movimientos, todo tiene un son y un compás distinto, diferenciador, contrario con lo cotidiano y lo vulgar. Podrás andar y ver, escuchar, sentir lo que la existencia pone a nuestro lado. La vida, ese sentir interesante, es disfrutar con solo estar estando, ha de aprovecharse, pues en caso contrario te alimentarás de tiempos muertos.

Porque ahora, cuando el tiempo pinta sobre nuestra memoria, suele ponernos a veces un color sepia tenue a la nostalgia. Sobre el caballete está el lienzo montado del ayer. Sobre el claroscuro se reencuentran los turroneros, el del algodón dulce, los churreros, el de las refrescantes rodajas de coco, las patatas fritas, las atracciones, los cacharritos, el tiovivo, la noria, las voladoras, la barca, el tren de los escobazos, los coches de choque, las casetas, las luces, la música, la compañía, el saludo y el anuncio desde el recuerdo: “Salón de baile, empresa Miguel Cuellar. Durante los días de feria y fiestas grandes bailes tarde y noche, amenizados por la gran orquesta Monty, Diego, Pedro, Rodrigo, Pepe, Alfonso y Carlos, reforzada con acordeón-piano y un famoso trompeta de África. Todos los días gran matiné”. Todo absolutamente todo. Han venido todos. Están todos. Es la Feria. Un gran escaparate para encontrarnos, para hablar, para escribir, para contar.

En pocos días el verano se alejará, aunque todavía se resiente. Los días son más cortos, transcurren más despacio, como queriendo retrasar la delicadeza de la luz que cosecha los maizales y se lleva el rojo de los tomatales de nuestras vegas. Las hojas de la parra se visten de oro viejo y los racimos de uva llenan los esportones. Todo sabe a principio de otoño que nos toma el pulso, la vida y el tiempo. Del membrillero cuelgan los frutos moldeados por la luna llena de septiembre que acabarán dormidos y derramados sobre el almíbar de la sepultura dorada de una lata de Puente Genil. Así está el almanaque que se abre en estos días al paraíso de los sabores. Tal vez pronto lleguen las lluvias que tanto necesitamos y días de brasero, de aliento traspasando las bufandas y de echar un cobertor en la cama. Son tiempos para divertirnos, para sentirnos amigos de toda la vida. Tiempos para el encuentro y el abrazo. Tiempos para cantarle con euforia a la vida y al destino. Aunque San Miguel y el membrillo que madura en su carne producirán coletazos de verano vencido, porque a poco los labradores aguardan la sementera, quedando atrás, hasta el año que viene, el anuncio de altavoz en la playa del verano: “Atención. Buenos días. Se comunica a los señores bañistas que, desde ahora, once de la mañana, y hasta las ocho de la tarde permanecerán abiertos los puestos de socorro”.

Fuente: https://cronicasdeunpueblo.es/

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