LAS DAMAS DEL AJEDREZ

POR RICARDO GUERRA SANCHO, CRONISTA OFICIAL DE ARÉVALO (ÁVILA)

Tengo que reconocer que este tema, como que me sobrepasa. Verán amigos lectores, he conocido a unas personas entusiastas y espertos del ajedrez, el escritor Eduardo Scala y la berlinesa Hildegard, una persona muy especial con la que tuve ocasión de conversar más en la visita de Berlín, compartiendo esas hermosas jarras de cerveza al estilo de allí, en la cafetería del hotel, muy español, y en aquella tarraza junto al río Spree, un atardecer reflejado en sus ondulantes aguas producidas por esas embarcaciones turísticas que le surcan de un lado a otro, y con la gran torre de la televisión, en Alexanderplatz, un punto de referencia desde tantos lugares de la ciudad… y allí hablamos naturalmente de Arévalo como “Ciudad del Ajedrez”, ese proyecto que podrá ser un gran atractivo, un nuevo atractivo de nuestra ciudad y que está ahí, desafiante. Entre bromas comentaba a Hildegard que yo apenas se mover las fichas desde que era niño, aunque supongo que es como montar en bicicleta, que una vez aprendido nunca se olvida, pero poco más… yo no tenía paciencia para esas largas y pensadas jugadas. Poco después preferí otros juegos.

Y sin embargo ese juego y ese nombre me ha acompañado toda la vida, porque es el original nombre de una de nuestras torres mudéjares. Fíjense, una de las dos hermosas iglesias, antiguas parroquias, de nuestra monumental Plaza de la Villa, San Martín, tiene dos torres mudéjares que las llamamos “las torres gemelas” aunque como digo algunas veces a nuestros visitantes, no son ni mellizas, porque son distintas y no fueron construidas al mismo tiempo. Pues la primera en antigüedad, la de los ajedreces, según las prospecciones arqueológicas realizadas previas a su última restauración, nos dicen que se construyó a mediados del s XII y quizás sea la más peculiar de nuestras torres además de la más antigua. Y precisamente son esos doce tableros de ladrillos taqueados, los que la dan nombre propio… y así, entre sorbo y sorbo de aquella enorme jarra de cerveza, fuimos recordando aquella visita y conversaciones que unos días antes nuestra amable berlinesa Hildegard realizó con Eduardo a nuestra ciudad. Que distinto todo, aquello y esto… pero, esa diferencia a ella la subyugaba.

El ajedrez es como el propio mudéjar, que después de recibirlo del mundo oriental, llega a esta tierra y se amolda, se funde con las particularidades propias, se aúna con lo que hay de tal forma que así surge algo nuevo, distinto, genuino y con personalidad propia. Salvando las distancias, eso pasó con el ajedrez, que lo traen los musulmanes, se acomoda en el mundo medieval castellano, sobre todo en las élites culturales y por tanto económicas, como el propio rey Alfonso X “El Sabio” que realizó un tratado magistral… con unas miniaturas de lo más representativo de este juego inteligente durante la Edad Media. Y tiene que pasar el tiempo para que alguien, que publicó una obra o tratado de ajedrez con innovaciones, como la introducción de la Reina, en Valencia o en Salamanca, qué más da, y lo dedicó a nuestra Isabel. Ha nacido el ajedrez moderno con la incorporación de la dama…

Hoy estoy pensando en dos damas del ajedrez, la histórica, Isabel I de Castilla, nuestra reina a la que se dedicó este juego inteligente con la incorporación que le distanció de su origen oriental, la figura de la reina. Cuantas cosas tuvieron como protagonista a nuestra mejor reina de la historia, y de nuestra tierra. Y la otra dama, Hildegard mi amiga berlinesa que me ha impregnado de ajedrez como una forma de vida, como una forma de ser y estar, como un juego cultural que despierta la inteligencia. Definitivamente, lo de “Arévalo, Ciudad del Ajedrez”, no me parece tan descabellado con el símbolo de los ajedreces de nuestra torre mudéjar… recordé aquella época en que Juan Vegas encabezó un intenso movimiento ajedrecístico en nuestra ciudad. ¿Será el momento adecuado para revivir, aquí y ahora este juego inteligente, como otro símbolo de la ciudad? De cualquier modo, cuánto nos enseña la historia…

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