FRAY ANTONIO Y VILLACASTÍN (SEGOVIA): CRÓNICA DE UN DÍA MEMORABLE

DIO MEMORIA PREVIA EL CRONISTA OFICIAL DEL MUNICIPIO, RAFAEL ÁLVAREZ RODRÍGUEZ

En Villacastín se hermanan con fortuna una naturaleza limpia, hoy con una brisa suave y grata, un paisaje amable y un desarrollo económico que está dotando al municipio de un atractivo muy difícil de encontrar en otros lugares. Su posición, y las consecuencias derivadas de ser punto de encuentro de caminos, pone en evidencia que para la gran repoblación, que Segovia tanto necesita, se precisan infraestructuras capaces de motivar el movimiento de personas para llevar adelante las iniciativas de los individuos y los programas de las entidades.

Villacastin ha vivido, un año más, el pasado sábado día siete, una brillante jornada cultural y de testimonio, en recuerdo del que fuera el “gran hacedor” del Monasterio del Escorial, entre otras obras de entidad que realizó, éste obrero, que no lego, jerónimo a lo largo de su vida. Hay que leer a Amancio Portabales en su libro “Maestros Mayores, Arquitectos y Aparejadores de El Escorial” para acercarnos a la importancia de fray Antonio de Villacastin. O asistir en este lugar segoviano a la conmemoración anual de la que damos noticia.

Se da la circunstancia de que ahora se cumple el 50 aniversario de la construcción del monolito que perpetúa su memoria y que es bien visible, sobre una breve colina, desde la carretera nacional VI. Instalado como recuerdo perenne por los aparejadores españoles que le designaron, entonces, como figura representativa de ellos en lo que no fueron ajenas las sugerencias del Marqués de Lozoya, en esa época Director General de Bellas Artes.

Villacastín, con su ayuntamiento al frente, mantiene ese recuerdo otorgando el Premio Europa Fray Antonio de Villcastin, que fue creado por el Centro Segoviano de Madrid, y luego cedido al municipio para distinguir a las personas e instituciones que realizan la Conservación del Patrimonio. Su carácter de europeo lo evidencia en la distinción que obtuvo en las primeras convocatorias el arquitecto Cristinelli, conservador amoroso de la ciudad de Venecia. Este año la distinción ha recaído en el Consejo General de Arquitectura Técnica de España, cuyo presidente, don Alfredo Sanz recibió el preciado trofeo que ahora decide el Ayuntamiento de Villacastin.

Dió memoria previa el cronista oficial del municipio, D. Rafael Álvarez Rodríguez quien, después de en una amena intervención, cedió el turno a D. José Antonio Otero, también segoviano prestigioso, que durante más de treinta años ha sido el responsable de la institución que engloba a los aparejadores de España. A él le correspondía la Laudatio y con galanura expresiva dejó dicho lo difícil que era el trance, pues que el ha presidio durante mas de treinta años la institución que hoy se distinguía y que sus palabras no debían sonar a autoalabanza sino el reconocimiento de todo el colectivo español de los aparejadores. Sintió, como el resto de los asistentes, que este año no se celebrara esta entrega, en un acto al que acuden personalidades y el pueblo en masa, dentro de la iglesia “la catedral de la Sierra” como la definió el Marqués de Lozoya, cuando se concedió al templo la categoría de Bien de Interés Cultural, incorporado al Patrimonio Histórico de España, razón, entre otras, por la que se eligió el lugar para conmemorar los méritos de los conservadores del Patrimonio europeo. Efectivamente todos los asistentes comentaron negativamente la intransigencia para que no se celebrara dentro del templo, cuando a la par se celebraban en otros templos de la diócesis actos de idéntico matíz. Tampoco entiende muy bien quien escribe esta crónica, pues no se acaba de asimilar el veto a un acto en recuerdo y homenaje a un hombre de la Iglesia, a la que dotó de un monasterio, el de San Lorenzo del Escorial, que es admiración y envidia del mundo.

Todo empezó por la mañana, y con una buena pero soportable solanera, en una visita guiada al pueblo que guarda mil noticias, heráldicas mansiones, tradición de la Mesta y de la lana Merina y un convento de monjas, felizmente secular y del que Villacastín se siente muy orgulloso. Este grato paseo fue explicado por el Cronista D. Rafael Álvarez ya ciado. Después, antes de la entrega del Premio, tuvo lugar la ofrenda de una corona de laurel en el monolito que se alza en honor de Fray Antonio, colocada, entre música de dulzaina, por el alcalde Julio César Sánchez y el Presidente del Consejo de Aparejadores, Alfredo Sanz.

Fue precisamente éste quien puso fin a las intervenciones orales refiriéndose a Fray Antonio como: “de una enorme personalidad a la par que una profunda humildad, como nos lo traslada su panegirista el también monje jerónimo y coetáneo Padre Siguenza”. Fray Antonio de Villacastín se distinguió por su rectitud, lealtad, amor al obrero y eficacia en la gestión. Las cuentas de El Escorial encajaron gracias al orden del trabajo diseñado por Villacastín. Nada se hacía en la obra de El Escorial si, previamente, no había sido sometido a la estimación y valoración de Fray Antonio. Y, en ese “nadie”, se incluía al propio arquitecto Juan de Herrera, quien fuera el desarrollador de la traza del arquitecto Juan Bautista de Toledo. En resumen, una breve pero interesante disertación de una época y unos personajes de los que hoy sentimos el orgullo de haberlos tenido.

Se cerraron los actos en la explanada exterior de la iglesia de San Sebastián, con la actuación del Grupo Local Yerbabuena y la magistral intervención de las dulzainas segovianas que tan maravillosamente aglutina nuestro entrañable Joaquín González Herrero. Magistral su recuperación de las melodías para dulzaina de los siglos XIV, XV y XVI. Finalmente el Ayuntamiento ofreció en agasajo a los asistentes en el recinto de La Panera. La hospitalidad segoviana sigue siendo tan cordial y generosa como siempre ha sido.

Fuente: https://www.eladelantado.com/

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