MEMORIAS DEL CONCEJO DE PARRES 1835-1985 (CAPÍTULO LXIV)

POR FRANCISCO JOSÉ ROZADA MARTÍNEZ, CRONISTA OFICIAL DEL CONCEJO DE PARRES-ARRIONDAS (ASTURIAS)

El día 4 de mayo de 1933 el asturiano Indalecio Prieto Tuero -que hasta septiembre de ese mismo año había sido Ministro de Obras Públicas de la Segunda República- visitó el Fitu de manera oficial (cuyo mirador había sido inaugurado seis años antes).

La Corporación pagó 5 pts. a Francisco Vargas y a Ramón Llamedo por su trabajo de tirar voladores para esta celebración.

El comité de festejos de El Fito y Sta. Rita solicitó ayuda para los trabajos que realizaban en La Llera, y Juan Feliz -de El Portazgo- sirvió cuatro docenas de voladores por 50 pts.

Si en el capítulo anterior recogí la incautación municipal de los cementerios del concejo, hago en éste algunas precisiones más sobre estos lugares donde el sueño es eterno.

Por ejemplo, que el cementerio de San Martín de Cuadroveña tiene registrada su primera partida de defunción el 27 de mayo de 1839 y en 1886 se vendió el primer nicho.

En 1893 se vendieron terrenos para los panteones familiares de José María Miyares y de Tomás Cueto.

En 1909 Acisclo del Valle Blanco pagó 1.300 pts. por los 30 metros cuadrados del terreno que ocupa su panteón familiar en el centro sur del camposanto. El 20 de julio de 1913 Acisclo solicitó permiso al obispado ovetense para levantar el panteón y así se le autorizó doce días después, el día 1 de agosto siguiente.

En el libro de cuentas de San Roque de Arobes se mencionan los 200 reales que se le abonaron al cantero que “fabricó” el cementerio, más 140 reales a los que acarretaron la piedra para el mismo (se entiende en la parroquia matriz de Viabaño); y, se añade, “de las cuentas de San Antonio se tomaron 172 reales para la compostura del dicho cementerio”.

De las cuentas de San Cosme de Llerandi tomaron 1.274 ducados y 24 maravedises para el cementerio de Viabaño el 4 de marzo de 1837.

Este cementerio se agrandó casi en la mitad del espacio que tiene en 1928, construido en la finca parroquial conocida como “El Jondrigón”.

Recordemos que Llerandi como parroquia se independizó de Viabaño en 1892, pero el primer enterramiento registrado en Llerandi data del 20 de octubre de 1718 y estaba en el interior de su iglesia, destruida durante la Guerra Civil.

Su cementerio como tal se creó en 1852 con las rentas y censos de la Iglesia de Llerandi y con los fondos del Santuario de los santos Cosme y Damián.

Los terrenos del cementerio de Cayarga fueron donados en 1920 por Gumersindo Rosete y -a cambio- se le regaló una sepultura a perpetuidad.

En Fíos se enterraban en el interior de su vieja iglesia hasta 1834 (una costumbre habitual) y en ese mismo año se construyó el de Nevares en los terrenos donados por los Señores de la Casa de Omaña, tan ligada al lugar. La Iglesia abonó 307 reales y 8 maravedises (así lo escribía el secretario). En la ampliación posterior donó más terreno Luis de la Fuente, al que se le regaló espacio para un panteón perpetuo.

El que podríamos llamar primer Centro de Salud o Ambulatorio de Parres tuvo sus orígenes el día 18 de julio de 1933 (justo tres años antes de aquel otro 18 de julio en el que dio inicio la Guerra Civil Española).

En Inspector Provincial de Sanidad de la República acudió a Arriondas para dar una conferencia y le sugirió al Ayuntamiento que le cediese un local con dos o tres habitaciones que se dedicarían a clínica y archivos, junto con una sala de espera o recibidor, en él se diagnosticarían posibles enfermedades contagiosas y se harían vacunaciones principalmente a los niños. La Corporación decidió considerarlo.

El maestro de música Juan Guinea solicitó una subvención para crear en Arriondas una banda de música para chicos de 12 a 15 años, pero su intención fue desestimada por falta de recursos económicos municipales.

Sí entregó el Ayuntamiento 100 pts. al comité que organizaba los festejos de verano, a los que llamaban “Fiestas de El Fito y El Carmen”, (todo un ´descubrimiento´ éste de que ya había unas fiestas regladas en El Fito en el año 1933).

Poco más de dos años después de haber tomado posesión como primer alcalde de Parres en la II República, el mismo 18 de julio antes señalado, el alcalde Joaquín Corral Collado se ausentó del pleno para que el secretario leyese el documento que aquel le había entregado previamente.

En él se indicaba que por motivos de su quebrantada salud y necesitando reposo y tranquilidad “para alargar -si es posible- la vida”, presentaba su dimisión con vivas muestras de agradecimiento y pidiendo perdón por los posibles errores cometidos tras haberse entregado sin miramientos de clase y haberse sacrificado por todos.

Tomaría la palabra el primer Teniente de Alcalde David Llamedo para ensalzar a Joaquín por su dedicación, trabajo, buena voluntad y gran entrega.

Los siete concejales presentes anunciaron que no admitían su dimisión y que si empeñaba en hacerla efectiva aseguraban que harían lo mismo, dimitiendo todos.

Señalaban que si se encontraba agotado que pidiese una licencia de dos o tres meses y, así, en la siguiente sesión del 27 de julio el alcalde acudió a su puesto y solicitó un permiso de tres meses, hasta el 27 de octubre.

Aún el secretario llamaba “individuos” a los concejales, como había sido normal hasta esos momentos y -posiblemente- por última vez.

Entretanto se abrió un expediente a F. R. G. -funcionario de arbitrios del fielato del Orrín- por abandono de su puesto, dado que fue el protagonista de un gran escándalo público, siendo detenido y encarcelado en Cangas de Onís. Unos días después este funcionario pidió la jubilación tras quince años de servicio, alegando que se encontraba enfermo y que ya tenía 68 años, pero al no tener veinte años de servicios se le dio una jubilación de 540 pts. anuales.

Histórico fue para la comarca aquel 31 de julio de 1933 al cesar en su actividad el tranvía de Arriondas a Covadonga que llevaba en funcionamiento desde el día 1 de enero de 1908.

El alcalde de Cangas de Onís convocó a una asamblea que iba a tener lugar tres días después (el 3 de agosto, a las cuatro de la tarde) en dicha ciudad, con la finalidad de estudiar propuestas para que el tranvía continuase prestando sus servicios, pero desde nuestro Ayuntamiento le respondieron que habían acordado no asistir a dicha reunión por ser un asunto que no interesaba al concejo de Parres.

Como tantas veces señalé en estas “memorias”, las protestas contra el paso del tranvía por la calle principal de Arriondas se sucedieron durante los treinta y cinco años y medio que éste funcionó debido a los muchos inconvenientes que provocaba.

Si el Ayuntamiento había colocado en todos los cementerios del concejo una placa indicando que eran municipales, sería Constantino L. López -párroco de Llerandi- el que arrancase la placa de dicho cementerio. Notificado el suceso a las autoridades sería el Gobernador Civil el que ordenase que a dicho cura se le impusiese la máxima multa posible y se le instruyese un expediente.

Este tema de los cementerios incautados a la Iglesia trajo mucha polvareda sobre legitimidad, propiedad, derechos y deberes. Así nos enteramos que Saturnino González González -cura de Sto. Tomás- había comprado el 29 de noviembre de 1910 a Francisco Pendás y Cortés (que representaba a sus sobrinos, menores de edad) un terreno de dieciséis áreas y diez centiáreas para construir un cementerio en el sitio de Andeyes (términos de La Vita) por 850 pts. y -cinco años después- la Junta Parroquial disponía de 4.135 pts (de las que el Ayuntamiento había puesto 1.188), siendo los gastos totales de 4.752 pts. quedándole un déficit de 617 pts.

Los cementerios de Pendás y Bode tienen su origen en 1870.

En el siguiente capítulo veremos como el día 7 de septiembre de 1933 se lee en el pleno municipal un amplísimo dictamen -solicitado previamente a un letrado- en el que se justificaba la incautación de los cementerios y en el que se habla -entre otras cosas- de la “tradicional avaricia de los clérigos”.

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