ESPERPENTO

POR ADELA TARIFA, CRONISTA OFICIAL DE CARBONEROS (JAÉN)

El esperpento es un género literario que inventó Valle Inclán. Se trata de reducir la realidad al absurdo. Pero ya antes que él lo utilizo Quevedo, y hasta Goya lo pintó. Cuando esa palabra la recogió el Diccionario Español habían pasado años. Genéricamente se refiere a actos grotescos, a acciones imprudentes. Por extensión, se llama esperpento a persona que sea horrorosa, o se disfrace de tal modo. Sin duda hay esperpentos por todos lados, caso de Trump, pero en España somos los inventores.

Andaba yo estos últimos tiempos vuelta de espaldas a lo mediático, por no deprimirme. Así que dedicaba los pocos ratos libres a leer, o releer. Volví a coger un libro que se dedica a la España del Estraperlo. Se nutre en parte de noticias de prensa y otras informaciones de la España de la posguerra, la del hambre. Aquello da para llorar. Pero la verdad es que me he hartado de reír con noticias esperpénticas sobre la censura, el puritanismo, la imagen de la mujer, y la obsesión por convertir a todos los ciudadanos en clones obedientes al poder. Solo el miedo y la miseria, que acobardan tanto, y por ello paralizan, logran eliminar algo que los humanos llevamos puesto de serie: el deseo de ser libres y felices. Por eso en dictadura la gente no ríe. A ver, es como si te obligan a ponerte una faja para un día de juerga, o si dueles los zapatos cuando quieres bailar. Así no hay fiesta posible. Otra cosa que acaba dando úlcera de estomago es no poder expresarte libremente, porque es como tragar gazapos. Se ponen agrios por mucho antiácido que tomes, y se acaba con cara de mala leche.

Con estas premisas uno puede pensar que a mayor nivel de tontura más felicidad, pero tampoco es así. Los que poco piensan, poco gozan. Es que se les escapan las sutilezas, que son el refinamiento del placer. Por ejemplo, cuanto más sabes de arte, de literatura, de música, o de lo que sea, más gozas con su contemplación. Yo conozco casos cercanos de nuevos ricos que jamás entran en un museo o van a un concierto, porque no se enteran de nada, ni quieren enterarse. Los hay tan primitivos que ni siquiera gozan con la belleza de la naturaleza. Ni miran una flor, ni huelen la tierra mojada tras la lluvia, ni disfrutan de una luna llena de verano mirando al mar. Por supuesto, la sonrisa de un niño les resbala, como les resbala el sufrimiento ajeno. Son ovejas, aunque tengan apariencia humana. He tenido gatos con más espíritu de rebeldía y afán de libertad que algunos seres humanos no pensantes. Es que los gatos no se venden ni a quien le alimenta. Los humanos, si. Por eso Valle Inclán, listo y observador, pero gato, construía literatura imaginando a los personajes desde distintas posturas; los hay que miran de rodilla, otros de pie, y otros, levitan. Esto cambia totalmente la realidad.

¿Pero cuál es la realidad? ¿Es el esperpento una imagen deformada de la realidad, o es la realidad la que está ya deformada pero algunos la representan sin deformidad? Valle murió pobre como las ratas. Pedía limosna a las autoridades de Madrid en sus últimos años. Fue un mal administrador, sin duda. Pero con sus temas no creo que le sobraran lectores dispuestos a comprar sus libros. El hizo un retrato muy ácido de su tiempo. Es que el fondo de la miseria humana no tiene límite, y la tontura tampoco. Lo peor llega cuando se empieza a ver el disparate, el esperpento, como tolerable, y se disculpa lo esperpéntico por no levantar ampollas, por ser políticamente correcto. Entonces ya no hay salvación. Eso es lo que nos está pasando ahora en bastantes asuntos de calado, que algunos políticos y sus palmeros nos los venden como pasables para adquirir la condición de tolerantes. Hoy si no eres tolerante ya eres facha, sin entrar en los límites de lo que sen debe o no tolerar. Y muchos individuos, que practica la peor censura- la autocensura- para que no les tachen de retrógrados, toleran, toleran, y toleran…., hasta que un día se despiertan tontos perdidos, porque ya no diferencian el bien del mal. Ya son esperpentos.

A mi todavía no me ha llegado ese estado de atontamiento, creo. Será que no sirvo para lo de tolerarlo todo. No tolero la mentira, la injusticia y el sectarismo. No aguanto la violencia contra los más vulnerables. No soporto que me intenten conducir por sitios a los que no quiero llegar, Ni siquiera soporto a los “amigos” que vigilan lo que hago en la distancia. Y desde luego no aguanto algunas imágenes degradantes de nuestra triste realidad política. La peor que he visto desde hace muchos años, y que me avergüenzo de legar a mis nietos, es la de unos presos juzgados por sedición, traición y golpismo, sentados un día en que se constituían las costes democráticas al lado de mis representantes. Me ha ofendido tanto esa imagen que, si no se repara, no volveré a votar. ¡Qué esperpento! Yo, que padecí estando embarazada de mi hija la imagen de Tejero secuestrando al Congreso de los diputados, y que me reconcilié con la política cuando lo juzgaron y pasó a la cárcel, ahora tengo que pasar por esta humillación. Sin embargo hay quienes los disculpan. Valle diría que son de los que miran de rodillas, desde el pesebre. Son esperpentos.

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