JULIO ESCOBAR CUBO UN ESCRITOR COSTUMBRISTA Y BOHEMIO

POR RICARDO GUERRA SANCHO CRONISTA OFICIAL DE ARÉVALO (ÁVILA)

Julio Escobar Cubo.

Hace unos días, concretamente el 30 de julio, se ha recordado a aquel ilustre escritor arevalense Julio Escobar Cubo al conmemorar el 25 aniversario de su muerte. Tengo que reconocer que la fecha me había pasado inadvertida quizás distraído por otros asuntos, y ha sido la asociación cultural La Alhóndiga la que nos llamó la atención a todos los arevalenses sobre esta fecha organizando una tertulia literaria.

Julio Escobar nace en Arévalo el 19 enero de 1901, en la casa nº 8 de la calle Zapateros donde hay una placa conmemorativa y donde sus padres tenían una sastrería, y muere en Los Molinos (Madrid) el 30 de julio de 1994, tras una vida apartada en sus últimos años en la sierra de Madrid, pero vivida intensamente y siempre ligado a las letras, porque, aunque estudió perito mercantil, su gran afición fue la escritura y la poesía. Fue con otros amigos de inquietudes semejantes, fundador de la revista La Llanura de Arévalo, en octubre de 1922, de corte liberal que, en aquellos días de revueltas de la dictadura de Primo de Rivera, hubo de cerrar poco después. Un nuevo intento en 1926, en este caso figuraba como director de la revista y que fue clausurada un año después por el Gobernador Civil de Ávila. Desanimado se fue a Madrid a trabajar como bancario y relacionado con las artes gráficas, llegó a ocupar el cargo de Director General de la Mutualidad del Papel, Prensa y Artes Gráficas. Periodo fructífero en publicaciones.

Se casó en 1930 en con María del Sagrario Faura y Álvarez de Abreu. Fue un hombre ilustre e ilustrado, caballero del Corpus Cristi de Toledo, redactor del diario El Imparcial, siguió escribiendo en La Llanura, otras publicaciones y desde 1952 en el mensuario “Arévalo” que publicaba el Hogar de Arévalo en Madrid, hasta mediado los 60.

Destacó como escritor de novelas costumbristas por lo que fue llamado “El novelista de Castilla”, entre las que destacan algunas con Arévalo y Madrigal como escenarios de sus historias, con una prosa social, rural y castiza, en sus obras “El hidalgo de Madrigal” (1951), “Teresa y el cuervo” (1954), o “La viuda y el alfarero” (1957). En sus obras reflejó el mundo rural y su problemática, pero también las descripciones más versátiles del costumbrismo de los años 50-60 de esta Castilla y la emigración que se agudizó por aquellos años, como puso de manifiesto en un artículo “El Arévalo muerto”, arremetiendo también contra quienes no respetaban el patrimonio. A partir de su obra “Azulejos españoles, pasiones, costumbres, paisajes” (1947) adquiere notable fama como escritor, fue el inicio de lo que después serían los exitosos libros de viajes. En este género su mayor éxito fue “Itinerario por las cocinas y bodegas de Castilla” (1951) del que se realizaron diez ediciones, obra que fue declarada de Interés Turístico por el Ministerio de Información y Turismo. En este libro cantó las delicias del Tostón de Arévalo dirimiendo litigios locales sobre ello. Su obra final fue la trilogía Castilla: “El viento no envejece”, “Se vende el campo” y “La sombra de Caín”. Pero quizás su última obra con Arévalo de fondo fuera “El novillo del alba” (1971) cuando fue nombrado “Hijo Predilecto” de la ciudad.

Yo le conocí muy poco personalmente, aunque su lectura era para mí muy gratificante, habitual en los programas de Ferias y en el Arévalo. Y sobre todo en la última época de sus artículos para el programa de ferias, que eran imprescindibles, alguno de ellos tuve que transcribirlos a máquina de sus manuscritos, porque las imprentas ya no aceptaban originales manuscritos… fue mi pequeña contribución y mi acercamiento de admirador de este escritor que con “El novillo del alba” me prendió en su estilo cercano, con sus descripciones preciosistas y vividas de una época que yo conocí por la tradición oral, pero bastante cercana a mi infancia. Un escritor que yace junto a su esposa en el mausoleo elevado que es el único en nuestro cementerio. Un personaje muy peculiar y coleccionista de cosas que están en su casa-museo de Los Molinos. Quizás esta su tierra nunca le hizo justicia literaria suficiente. Sus libros son de coleccionismo.

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