EL «DON QUIXOTE DE CANTABRIA» Y «LES NATES DE VILLAVICIOSA»

POR JOSÉ MARÍA FIDALGO SÁNCHEZ, CRONISTA OFICIAL DE COLUNGA (ASTURIAS)

Esta noche pasada fue de insomnio y, aburrido de tanto comentario acerca de la exhumación y posterior inhumación del hoy llamado «dictador» y anteriormente S.E. el Jefe del Estado, me entretuve en releer el simpático libro «Historia fabulosa del Distinguido Caballero Don Pelayo Infanzón de la Vega, Quixote de La Cantabria, escrito en los finales del siglo XVIII (1792) por un singular clérigo llamado don ALONSO BERNARDO RIBERO Y LARREA, párroco que fue entre 1781 y 1797 en la localidad soriana de Ontalvilla.

¿Era asturiano este clérigo?

Aunque algunos estudios sobre este personaje hacen sospechar que fuera santanderino, lo más probable es que fuera asturiano, natural de VILLAVICIOSA. Don Julio Somoza cuenta que una hermana de don Alonso llamada RITA, casada en Ontalvilla, tuvo allí un hijo y en la partida bautismal de este niño se hace constar que ella era natural de San Salvador de Fuentes (en las cercanías de Villaviciosa) e «hija de don Alonso del Ribero, natural de Amandi, y de doña María Larrea, natural de Villaviciosa».

Se sabe también que otro hermano suyo, don Francisco Antonio, fue asimismo sacerdote.

¿Y de qué trata este «DON QUIXOTE DE CANTABRIA»?

Pues es una obra imitación del Quijote cervantino en la que un personaje «caballeresco», don Pelayo Infanzón de la Vega, y su escudero Mateo, efectúan un recorrido pleno de aventuras fantaseadas para llegar a la Corte.

Merece la pena detenerse en el capítulo IV donde «Hállase gustoso Don Pelayo en Villaviciosa, y exagera el país de Asturias».

Solamente transcribo el comienzo:

«Legó con mucho día Don Pelayo a Villaviciosa, lo que fue motivo para que después de refrescar pasease por la Villa y se hiciese cargo de ella : causóle mucho gusto la abundancia de aguas, lleváronle la atención muchas buenas casas, y notó que era una población muy provista de todo comestible, hermoseándola también un poco de comercio. Retirose al anochecer a la posada; dispúsose la cena con el mayor aseo, sirviendo los manjares una hija de la mesonera, que por plato de postre presentó en la mesa una FUENTE GRANDE DE NATAS CON AZÚCAR… » que hizo hablar a don Pelayo los mejores elogios acerca del Principado.

¡Ay, Dios mío!, dije para mis adentros recordando que de niño yo también merendaba «ñates con azúcar y pan», pero no eran las «natas de verdad» (la materia grasa que flota sobre la leche cuando esta reposa en sitio fresco durante varias horas), sino «la telilla» que se forma en la superficie de la leche cuando reposa después de hervida.

«Eses ñates-telilles» se almacenaban en un tazón y después, mezcladas con azúcar, «hacían relleno» de bocadillo para la merienda.

Las otras, las de verdad, separadas de la leche con mucho cuidado, se batían suavemente para no hacer mantequilla, agitando siempre en el mismo sentido («al mismu sen») y mezclando con azúcar para que aumentara su volumen.- Reposaban en sitio fresco o en nevera y se ofrecían, así «montadas», en una copa ancha de vidrio acompañadas , si era el caso, con algunas frutas rojas de la época (fresas, frambuesas, grosellas, arándanos…) o con mermelada de ellas.

Las gentes vaqueiras del occidente asturiano presumen de sus natas … y tienen razón. Pero, digo yo y no digo misa, ¿por qué VILLAVICIOSA no puede hacer lo mismo y alardear también de un postre tan lleno de asturianía?

Más aún: y teniendo en cuenta que Colunga está ahí al lado, ¿no sería interesante que «aceptara» este patrimonio dulcero?

Ya se la respuesta: NO ME HARÁN CASO ALGUNO.

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